El director ejecutivo de la corporación energética estadounidense Chevron, Mike Wirth, proyectó este jueves un incremento de 50% en sus niveles de producción petrolera en Venezuela de cara al cierre del año 2028.
La estimación operativa se enmarca en el nuevo escenario de flexibilización de las sanciones económicas dictadas por Washington, consolidado tras la caída del gobierno de Nicolás Maduro en enero de este año.
Durante su intervención en una conferencia financiera sectorial, Wirth destacó la velocidad de recuperación que han experimentado las operaciones de la compañía en el territorio suramericano mediante sus esquemas de asociación.
«Hemos incrementado la producción de nuestras empresas conjuntas de aproximadamente 50.000 barriles diarios a más de 250.000 diarios en los últimos dos años», detalló el alto ejecutivo.
Precisó que la planificación estratégica y las adecuaciones técnicas adoptadas por Chevron desde principios de este año sientan las bases para «aumentar la producción en 50% más para finales de 2028».
El líder de la multinacional supeditó la viabilidad de una expansión mayor a la consolidación de garantías jurídicas y contractuales específicas, así como a la estabilidad del entorno político para «tener la confianza necesaria para incrementar nuestros niveles de inversión allí».
El dilema de las petroleras estadounidenses
Hasta la captura y remoción de Maduro por parte de fuerzas militares estadounidenses a comienzos de año, Chevron figuraba como la única firma petrolera de origen estadounidense que contaba con licencias especiales del Departamento del Tesoro de EE UU para extraer crudo en suelo venezolano.
Tras la quiebra institucional, la presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez, asumió la jefatura del Ejecutivo e impulsó un giro radical en las relaciones diplomáticas y comerciales con Washington.
Como hito de esta apertura, el Parlamento venezolano sancionó el 29 de enero una reforma integral a la Ley Orgánica de Hidrocarburos, modificando el marco legal para otorgar mayores libertades de control y comercialización a los capitales privados internacionales.
A raíz de estas reformas, la administración de Donald Trump ha comenzado a alentar a las corporaciones estadounidenses a reinsertarse en el mercado energético venezolano, el cual alberga las mayores reservas probadas de petróleo del planeta, estimadas en más de 303.000 millones de barriles.
Pese al respaldo de la Casa Blanca, el sector corporativo mantiene una postura cautelosa debido al severo deterioro de la infraestructura industrial del país y a los precedentes históricos de nacionalizaciones forzosas.
En la misma conferencia, el gigante ExxonMobil -compañía que mantiene litigios de larga data tras haber sido expropiada en dos oportunidades por administraciones pasadas en Venezuela- confirmó que analiza opciones de retorno bajo estrictas auditorías de riesgo.
«Estamos evaluando la situación en Venezuela, con el apoyo del gobierno de Estados Unidos; llevará tiempo determinar si vale la pena invertir capital y llegar a un acuerdo con las autoridades venezolanas», advirtió el vicepresidente de ExxonMobil, Neil Chapman.
La reactivación de estos megaproyectos privados se perfila como el principal motor para elevar de forma significativa la producción actual de Venezuela, la cual se sitúa en un promedio limitado de 1,2 millones de barriles por día, de acuerdo con los balances técnicos provistos por el secretario de Energía de EE UU, Chris Wright.


