Cada 7 de junio se conmemora el Día Mundial de Concienciación del Síndrome de Tourette, una fecha que busca visibilizar este trastorno neurológico, combatir prejuicios y promover una mayor comprensión social. Forma parte del Mes de Concienciación del Síndrome de Tourette, que se extiende del 15 de mayo al 15 de junio.
El síndrome de Tourette es un trastorno del neurodesarrollo caracterizado por tics involuntarios, tanto motores (parpadeos, movimientos bruscos de cabeza, hombros o extremidades) como vocales (gruñidos, aclarar la garganta o repetir sonidos). Contrario a la creencia popular, la coprolalia —la emisión involuntaria de palabras obscenas— solo se presenta en aproximadamente el 10-15% de los casos.
Según datos de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, se estima que afecta a cerca de 1 de cada 162 niños, aunque muchos casos son leves y no siempre se diagnostican. Es entre 3 y 4 veces más frecuente en varones.
“Los tics no son voluntarios, ni una falta de educación ni algo que la persona pueda controlar simplemente ‘queriendo’”, explican especialistas. El estrés, la ansiedad o la excitación suelen aumentarlos, mientras que la concentración profunda (por ejemplo, al practicar un instrumento musical o un deporte) puede reducirlos temporalmente.
Vidas plenas y desafíos reales
Muchas personas con Tourette llevan vidas exitosas en campos creativos, deportivos y académicos. Sin embargo, el desconocimiento genera bullying, aislamiento y dificultades en entornos educativos y laborales. Por eso, la concienciación es clave: entender que los tics son involuntarios ayuda a crear espacios más inclusivos.
No existe cura, pero hay tratamientos efectivos:
- Terapia Conductual Integral para Tics (CBIT)
- Medicamentos en casos moderados a severos
- Apoyo psicológico y educativo multidisciplinario
Llamado a la acción
En este Día Mundial, asociaciones de pacientes y profesionales sanitarios invitan a compartir información veraz, usar el color verde como símbolo de apoyo y escuchar las experiencias de quienes viven con el síndrome. La meta es clara: pasar de la mera conciencia a la verdadera inclusión y respeto.


