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Corto y Picante: “El costo de la sombra”, por José Luis Farías

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La crisis eléctrica no es, como quisieran hacernos creer los comunicados oficiales, un mero problema técnico. Es una herida abierta que sangra cada noche en las aceras de Maracaibo, en los pasillos oscuros de Mérida, en los apartamentos sin ventilación de Puerto Ordaz. Es la derrota cotidiana de la vida doméstica: la madre que madruga a cocinar antes de que la luz se ausente, el niño que hace tareas a la luz de un teléfono, el anciano que duerme con el calor pegajoso de la impotencia.

Pero hay otra oscuridad, más profunda y deliberada, que los cortes programados no revelan. Es la que se esconde detrás de los contratos inflados, de las importaciones fantasmas de turbinas que nunca llegaron, de los repuestos pagados y jamás instalados. Es la que floreció en la gestión de Chávez y Maduro y sigue con vida en la de la ahora interina Delcy Rodríguez, cuando el ministerio de Energía Eléctrica se convirtió en una agencia de redistribución de la riqueza pública hacia bolsillos privados y afines.

Según estimaciones de contralorías ciudadanas y filtraciones judiciales que nunca vieron luz pública, durante la última década se habrían desviado más de 15 mil millones de dólares del Sistema Eléctrico Nacional. Dinero que debió renovar subestaciones, blindar líneas de transmisión, comprar transformadores. Dinero que hoy es apartamentos en Miami, cuentas en Andorra, empresas de maletín en Panamá.

Mientras tanto, el nuevo Plan de Administración de Carga no es más que el mismo racionamiento de siempre pero con un nombre más pulcro: un PAC que es puro placebo. El Estado anuncia cortes por “condiciones extremas” pero calla los números de lo robado. Opaca los plazos, niega los cronogramas, evita la rendición.

Y la gente, entretanto, se sienta en las aceras. No solo por el calor. También porque ha comenzado a entender que la luz no se fue por un rayo, ni por la sequía, ni por las sanciones. Se fue porque se la llevaron. En silencio. Con facturas falsas y licitaciones amañadas.

La ansiedad anticipatoria de la que hablan los psicólogos no es un síntoma irracional. Es la razón cabal de quien sabe que el apagón puede ocurrir en cualquier momento… porque el que debía encender la luz, hace rato apagó la conciencia.

Se habla de reconstrucción institucional. Pero no habrá reconstrucción sin justicia. Y no habrá justicia mientras los responsables de esta penumbra sigan iluminando sus mansiones con el dinero de la electricidad que nunca llegó. Todos a luchar por elecciones presidenciales, CNE independiente y garantías electorales.

José Luis Farías

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