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“Los esclavos no innovan, las personas libres sí”

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La economista e historiadora Deirdre McCloskey se encuentra en España estos días para recoger el Premio Juan de Mariana 2026. Autora de numerosos libros y varios centenares de artículos académicos, McCloskey es una de las grandes referentes del liberalismo a nivel mundial. En Libre Mercado hemos tenido el privilegio de poder hablar con ella durante su visita a Madrid, donde además ha impartido clases y conferencias a los alumnos de la Universidad Francisco Marroquín.

Libertad Digital

P: Hablemos sobre el capitalismo. Muchos liberales, por ejemplo los austríacos, consideran que el valor más importante del capitalismo es la acumulación de capital. Pero usted explicó que lo más importante son los valores y las ideas.

R: Sí, lo sé, y de hecho, los austríacos tienen una visión más acertada en este punto que el resto de la profesión económica. Pero los economistas han creído, desde Adam Smith, e incluso antes, que la acumulación de capital es lo que nos hizo ricos: tener edificios, capital humano, etc. Pero eso no es lo que nos hizo ricos. Lo que nos hizo ricos fue la innovación, y la innovación surge de las nuevas ideas. Y las nuevas ideas surgen del liberalismo, de una sociedad libre. Los esclavos no innovan; las personas libres sí, en conversaciones reales, ya sea en su propia mente o con otras personas. Creo que se puede demostrar científica e históricamente que es la libertad, no la ciencia, la que creó el mundo moderno. Si bien la ciencia es muy valiosa y beneficiosa, no se habría convertido en la ciencia moderna sin el liberalismo.

P: Respecto a los austríacos y las diferencias metodológicas que existen frente a los neoclásicos, ¿considera que esa visión de la economía, la de Keynes y la escuela de Chicago, frente a la economía austríaca, afecta de alguna manera a la aproximación que la sociedad tiene hacia la realidad económica?

R: El peligro, especialmente en el keynesianismo, es que las matemáticas y la estadística son consideradas como un instrumento de ingeniería social. Creen que si hacemos bien las matemáticas podemos ajustar todo. Eso es lo que piensan. La Escuela de Chicago se sitúa a medio camino entre los austríacos y los keynesianos, ya que cree en las matemáticas, pero no creen que nos permitan predecir la economía y gestionarla. Esa es la gran diferencia. Son modestos respecto a conocer el futuro.

P: En su obra profundiza sobre valores que explican la prosperidad económica y me gustaría preguntarle cuáles son esos valores y cómo se manifestaron históricamente.

R: Bueno, siempre han existido. Todas las sociedades humanas valoran el coraje, el amor, la templanza, la justicia, la fe, la esperanza y, de hecho, otras formas de amor. Así que no es que hayan cambiado las virtudes que admiran los humanos. Lo que cambió fue su aplicación a la sociedad comercial. Y no tanto el uso que la burguesía hizo de estas virtudes, sino la actitud del resto de la sociedad hacia la burguesía. Eso fue lo que cambió. Yo lo llamo la revalorización burguesa. Eso propició el liberalismo en la economía y fue una gran fuerza para la innovación en el mundo moderno.

P: ¿Qué país considera que hoy en día sea el gran ejemplo para el liberalismo?

R: Suiza. Allí la gente tiene libertad para hacer lo que quiera. Hay mucha fragmentación del gobierno en los cantones, lo cual es un muy buen modelo político. Y los cantones son bastante independientes. Pueden hacer lo que quieran. Además, existe una tradición liberal en Suiza, por eso está entre los países más ricos del mundo. Suiza es un muy buen ejemplo. Diría que la Irlanda moderna también lo es. Estados Unidos, sin duda, continúa siéndolo. Costa Rica, por supuesto. Espero que también pueda llegar a serlo Argentina. Luego hay otros países parcialmente liberales, como Singapur, que es una tiranía en la que, aunque es muy rica, no hay libertad de expresión.

Lea la entrevista completa siguiendo este enlace a Libertad Digital

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