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El grillete. Un perímetro de dignidad, por Orlando Viera-Blanco (@ovierablanco)

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Shakespeare entendió algo que muchos gobernantes todavía no comprenden. En The Tempest, Próspero alcanza la plenitud de su autoridad cuando renuncia a la venganza. No cuando castiga. No cuando humilla. No cuando derrota. Cuando perdona

ORLANDO VIERA-BLANCO
16/06/2026

“Los deberes de la verdad son más difíciles que los de la mentira”
—Molière

Hay objetos que pesan más por lo que simbolizan que por lo que realmente son. Un grillete electrónico en el pie de un inocente, es uno de ellos. A primera vista parece apenas una pieza de tecnología adherida al tobillo de una persona. Un dispositivo silencioso, frío, diseñado para monitorear movimientos y registrar ubicaciones. Algo aparentemente neutro. Pero detrás de él, al decir de Perkins Rocha, “hay 125 días de aislamiento [8/02/2026] y 535 días [y noches] de sombras, soledad e injusticia”

Pero cuando ese dispositivo es colocado en la humanidad de un hombre por la única “falta” de defender principios democráticos, DDHH, la justicia y libertades públicas, deja de ser una herramienta administrativa para convertirse en un indignante custodio. Esta es la tragedia no sólo de Perkins Rocha. Es el drama y la pesadilla de toda una país—como él denuncia—un país que sigue preso, una república asaltada.

Vivir bajo apariencia o anhelo de liberación, es un peso en el alma y un reto a la vez. Rocha sigue teniendo un metal en sus pies, pero cada vez que lo mira se hace las preguntas esenciales: Para qué queremos ser libres? Para tropezar con la misma piedra? Para inaugurar, por fin, un verdadero destino, libre, justo democrático? Queremos realmente ser libres o nos da miedo serlo? Entonces, estamos preparados para serlo ya?

Mientras te hagas esas preguntas solo te puedo decir, lo que alguna vez repitió Roosevelt frente al miedo y la adversidad: “A lo único que debemos tener miedo es tal miedo mismo”. Tú has derrotado al miedo, por lo que aún con ese grillete, elevando tu voz sin temor, has conseguido la mejor de la libertades: la libertad de conciencia, que es la paz interior.

Por eso escribo estas líneas. Las escribo como ciudadano, como padre, como hijo, esposo y como amigo. Escribo como testigo de una época en la que la justicia y la verdad portan grillete, pero en momentos que ejemplos como el tuyo, liberarán nuestro propios miedos.

Crónica de una condena sin sentencia. El hombre y el metal

He visto ese grillete. No sólo en el pie de Perkins, sino en el de muchos venezolanos libres de toda acusación. No es justo que carguen con un dispositivo hostil e inmerecido, con la misma coerción que [lo] lleva un delincuente común. Pero inevitablemente he tenido que fijarme en el hombre-víctima. No sólo es un venezolano digno y decente. Es un amigo de cuya integridad puedo dar fe por haber compartido nuestra adolescencia en la casa que nos dio a conocer la multiforme sabiduría de Dios [Ut Innotescat Multiformis Sapientia Dei], lema de nuestra alma mater, la UCAB.

Hace más de cuatro décadas conocí aquel muchacho con afro y cabello abundante, movimiento simple al caminar e inmensa sencillez. Compartimos sueños de justicia, igualdad y libertad en nuestra escuela de Derecho de la UCAB. Perkins siempre fue un hombre suave de temperamento y buen tono al debatir o conversar. Me invade la tristeza pero el orgullo a la vez, como siendo víctima de horrendos abusos, conserva sus movimientos y su expresión, mesurada y sin rencor. Como acompaña sus silencios con esa mirada reflexiva, que se pregunta si estamos preparados para ser libres[?]. No por dudarlo sino por anhelarlo y comprometernos, sensiblemente. Los deberes de la verdad…

Ese grillete, que jamás debió portarlo, ese injusto custodio que invade su intimidad, hoy he comprendido que su verdadero peso no es físico, es moral, es psicológico, es simbólico, es la anomia que enciende una luz roja al servicio de la maldad y la injusticia, pero también ilumina una antorcha: la de un ciudadano con metal y una condena que jamás fue sentenciada ni sustanciada con el debido proceso, que inspira.

A partir de ahí el hombre deja de ser un metal—frio y silencioso-para convertirse en un ser—libre y sin miedo—que conoce profundamente la multiforme sabiduría de Dios y de la justicia.

De abogado, juez, profesor y procurador al Helicoide

Perkins Rocha no es un delincuente. No es un hombre de armas. No es un conspirador. No es un aventurero político. Es un jurista. Un egresado de una Escuela de Leyes. Un hombre de fe, ilusiòn humanista y buen padre de familia. Un compañero de una promoción bien formada, bajo la convicción de que el derecho debía servir de límite al poder.

Fue juez, procurador estatal, profesor universitario de pre y post grado. Ha dedicado décadas a enseñar que la Constitución no es una sugerencia sino una obligación. Y sin embargo hoy vive bajo vigilancia permanente. No como consecuencia de una sentencia firme. No como resultado de una condena definitiva. No como producto de un debido proceso, sino de una realidad donde la sospecha sustituyó a la prueba y donde la conveniencia política desplazó la verdad. Y los deberes de la verdad…

Recuerdo una frase que dijo hace algunos días. Una frase sencilla. Una frase que desnuda la realidad de muchos inocentes: “No es prisión, dicen. Pero tampoco es libertad”. Y en esas pocas palabras está contenida toda la tragedia. Porque el grillete crea una categoría intermedia muy perversa: sólo existes dentro de un perímetro de confinación, para generar una percepción de liberad que es prisión.

La nueva mazmorra: los muros de la arbitrariedad

Qué diferencia existe entre la mazmorra a la que fue enviado Edmond Dantès—el Conde de Montecristo—y el Grillete de Perkins Rocha. Ambos encarcelados por la maldad y sin juicio justo. Dantès encerrado en ula peor mazmorra, la fortaleza del Château d’if. Perkins llevado a El Helicoide [después de su desaparición forzosa].

Pienso en aquellas piedras húmedas donde Alexandre Dumas encerró la inocencia perseguida por la arbitrariedad. La diferencia es que Dantès sabía exactamente dónde terminaban los muros…Pero en las mazmorras del régimen, Usted sabe donde comienza la tortura y el terror, pero no sabe donde terminan. El grillete es un recuerdo constante de esa barbarie, de esa injusticia, de esa sombra y soledad. El grillete te acompaña al desayuno. Puede sentarse contigo a leer. Puede dormir en tu cama. Puede fingir que no existe. Pero sigue estando no sólo en tu pie, sino en cada pesadilla, no por el dolor del aislamiento, las condiciones infrahumanas o los gritos de la tortura, sino por lo injusto de seguir confinado sin ser culpable de nada. Eso es el grillete: una mentira, un ardid anclado en una pierna, que no sólo amputa tu libertad sino tu derecho a vivir en la verdad, cuyo deber es más dificil que la mentira.

Víctor Hugo lo comprendió como una verdad eterna, un deber eterno agregaría. Desnudar la falsedad. La ley puede ser legal y al mismo tiempo profundamente injusta. Por eso Jean Valjean continúa caminando entre nosotros dos siglos después. Porque representa al individuo perseguido por sistemas incapaces de distinguir entre justicia y castigo. Condenan por capricho, castigan sin que medie juicio e infieren dolor sin clemencia. No es miserable quien padece la tortura y la mentira. Es mísero el verdugo, aquel que aún siéndolo, no es capaz de tener misericordia ni de sí mismo [San Agustín].

Cuando observo a Perkins no puedo evitar recordar aquellas páginas de Los Miserables. Claro que las circunstancias no son idénticas, pero sí el resultado: la ignominia. Una pregunta de sensible dimensión moral invade mi pensamiento: ¿Qué ocurre cuando el aparato del Estado deja de buscar la verdad y comienza a ‘administrar’ sembrando terror? ¿Qué ocurre cuando el castigo deja de ser consecuencia de una culpa demostrada y se transforma en instrumento de intimidación y criminalización?

Victor Hugo escribió: “La libertad comienza donde termina la ignorancia.” Y quizás por eso los regímenes temen tanto a los hombres que enseñan. A los profesores. A los juristas. A quienes recuerdan que existen derechos anteriores al poder. Por ese temen a hombres que conocen la sabiduría multiforme del derecho, a hombres como Perkins Rocha, hombres de Dios y de la ley, hombres que cumplen el deber supremo de defender la verdad sobre la mentira.

De un cuerpo vigilado a un cuerpo inspirador Política

El grillete transforma el cuerpo en expediente. Cada movimiento genera información. Cada desplazamiento deja un registro. Cada paso puede ser interpretado. El verdugo supervisa. El ciudadano se inspira. Y deja de ser únicamente una persona, para convertirse en una bandera de libertad, de justicia, de moral. Un grillete al tiempo que profana un cuerpo limpio de toda culpabilidad, se convierte en un archivo ambulante de un crimen de lesa humanidad que no prescribe. Isaiah Berlin escribió que la libertad consiste en la ausencia de coerción arbitraria. No hablaba únicamente de barrotes. No hablaba únicamente de cárceles. Hablaba del derecho fundamental a vivir sin la intrusión permanente y abusiva del poder. Por eso el problema del grillete no es material. Es filosófico. Es ético. Es político. Es sensiblemente ciudadano.

Y es aquí donde aparece la contradicción más dolorosa: la gran hipocresía La más evidente. La más difícil de ocultar. Se habla de reconciliación. Se habla de diálogo. Se habla de convivencia. Se habla de amnistía. Y uno se pregunta: Por qué Amnistia para unos y no para otros?. El pueblo sabe que todos merecen estar en plena libertad, porque una nación fracturada necesita ser escuchada. Molière pasó buena parte de su vida ridiculizando a los impostores. Los tartufos les llamó. Aquellos que fingían virtud mientras practicaban lo contrario. A quienes predicaban moralidad mientras vivían de la simulación. No resulta difícil imaginar lo que habría escrito sobre gobiernos que hablan de perdón mientras colocan grilletes. Que proclaman reconciliación mientras administran castigos. Que invocan la paz mientras prolongan el miedo.

La amnistía verdadera no selecciona ciudadanos. No clasifica conciencias. No distingue entre opositores tolerables y opositores inconvenientes. La amnistía auténtica nace de la comprensión de que ninguna nación puede reconstruirse sobre la perpetuación del resentimiento. Perkins es eso. No solo víctima de una justicia politizada. Es víctima de un peligroso y antihistórico sentimiento de odio y resentimiento. Y su nobleza tanto lo exime como lo redime, cuando baja la mirada y ve ese grillete. Porque lo conozco. Perkins a pesar de ser víctima despiadada de la injusticia, no odia. Ama como padre, como hijo, como esposo, como jurista, amigo y ciudadano. Perkins ama a Venezuela y a sus conciudadanos. Ama la verdad como deber supremo.

El perímetro: El grillete como perpetuación del conflicto

Shakespeare entendió algo que muchos gobernantes todavía no comprenden. En The Tempest, Próspero alcanza la plenitud de su autoridad cuando renuncia a la venganza. No cuando castiga. No cuando humilla. No cuando derrota. Cuando perdona. Porque el perdón no es debilidad. Es poder disciplinado por la grandeza. Es autoridad moderada por la sabiduría. Es la victoria de la civilización sobre el instinto. Por eso la figura de Próspero sigue siendo tan poderosa. Porque nos recuerda que el objetivo superior de la política no es la dominación. Es la reconciliación. Es la recuperación de la convivencia.

Entonces un grillete es la perpetuación del conflicto. Es falta de seriedad de la moral pública. Es la peligrosa convicción de gobernar sin la noble virtud de la responsabilidad. Un grillete es espectáculo. Es propaganda. Es perversión. Es voluntad de vivir con las diferencias. Visto desde la perpetuación de las diferencias, la imagen de un ex juez, profesor universitario y defensor del Estado de Derecho portando un grillete, constituye una derrota política. Porque quienes reprimen lo que hacen con su maldad, es producir un hecho inspirador. La política fracasa cuando necesita mecanismos de vigilancia para convivir con las diferencias y catapulta a los justos, cuando el abuso y el derecho, se transforman en conciencia colectiva, en verdad como deber indeclinable.

“Vivo en una libertad con perímetro…” sentenció Perkins. Una frase que luce sencilla pero que contiene una proclama gigante: la derrota del miedo, del tiempo y del espacio. Hay algo que ningún grillete puede controlar. La moral. La palabra. La memoria. El poder de registrar movimientos, ideas y buenos ejemplos de seriedad. Ese grillete en ese perímetro no puede gobernar la verdad indefinidamente, porque ninguna fuerza es más poderosa que una idea cuyo tiempo ha llegado. Y la libertad querido Perkins siempre termina llegando, porque pertenece a la naturaleza humana.

El juicio de la historia

Algún día, estos años serán estudiados. Los historiadores revisarán documentos. Examinarán expedientes. Analizarán discursos. Y entonces comprenderán que la cuestión nunca fue el poder. La razón nunca fue jurídica. Nunca fue administrativa. Tampoco fue moral, porque nunca existió. El problema nunca fue el grillete. El problema fue la voluntad que decidió colocarlo. No sólo a un hombre sino a una nación entera.

Ese grillete en tu pie estimado Perkins, es un grillete injusto en la historia de Venezuela. Pero detrás de él no sólo existen 535 días de sombra, soledad e injusta encarcelación, sino sobrevive la verdad como deber superior, la libertad interior; la sabiduria del hombres bueno, fuerte y decente, cuya verdadera autoridad ha sido su conciencia, su ejemplo inspirador, su familia y su pueblo, represente luminoso del vasto territorio de la dignidad humana.

Es precisamente allí querido amigo y compañero de conocimientos multiformes de Dios, donde comienzan todas las victorias que la historia termina reconociendo. Es en ese perímetro de dignidad, donde quedará sembrada la última frontera de la verdad, la paz, la justicia y el amor por tu noble causa.

Con tu ejemplo querido Perkins, perdimos el miedo a ser libres, porque los deberes de la verdad son más dificiles que los de la mentira, y se imponen rompiendo grilletes.

Politólogo. Abogado.
*Ex Embajador de Venezuela en Canadá.
@ovierablanco. *vierablanco@gmail.com

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