Por Andreina Itriago y Eric Martin en Bloomberg
La líder opositora venezolana María Corina Machado planea regresar al país lo antes posible, según personas con conocimiento directo de sus planes, en un movimiento que podría reconfigurar el panorama político mientras la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, enfrenta dificultades para responder al peor desastre natural que ha sufrido Venezuela en décadas.
De acuerdo con esas fuentes, varios funcionarios estadounidenses han expresado a Machado su preocupación de que su regreso pueda provocar una confrontación con el actual gobierno y desviar la atención de las labores de rescate. Sin embargo, las opiniones dentro de Washington están divididas, y algunos integrantes de la administración del presidente Donald Trump han alentado su retorno. Aún no está claro si las reservas expresadas por algunos asesores retrasarán sus planes.
Aunque el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, y otros funcionarios han respaldado que Machado regrese eventualmente al país, durante meses le han pedido paciencia, advirtiendo que un retorno prematuro podría aumentar la polarización y la inestabilidad. Esas preocupaciones se han intensificado tras el terremoto de esta semana, que ha dejado más de un millar de fallecidos.
El regreso de Machado obligaría a Rodríguez a decidir entre recibir a su principal rival política como un gesto de unidad nacional o arriesgarse a ser acusada de restringir el espacio político durante una emergencia nacional. La forma en que Rodríguez gestione esta crisis ya está influyendo en la percepción pública de su administración, luego de la salida del poder de Nicolás Maduro tras su captura por parte de Estados Unidos a comienzos de enero.
Ni el equipo de Machado, ni el Ministerio de Información de Venezuela, ni la Casa Blanca, ni el Departamento de Estado respondieron de inmediato a las solicitudes de comentarios.
El retorno de Machado también supondría una prueba para Rodríguez, cuya tasa de desaprobación aumentó hasta el 59 % en mayo, casi 12 puntos porcentuales más que en abril, según una encuesta de AtlasIntel realizada para Bloomberg News.
La noche del viernes, Rodríguez fue increpada por residentes de un sector afectado de Caracas, quienes acusaron a las autoridades de no brindar ayuda y le gritaron «¡Fuera!». Machado, que sigue siendo la dirigente política más popular de Venezuela, podría capitalizar el descontento ciudadano por la respuesta gubernamental.
No obstante, algunos analistas consideran que la crisis también representa una oportunidad para Rodríguez. Permitir el regreso de Machado y su participación en las labores de ayuda constituiría la señal más clara hasta ahora de una apertura política durante la transición respaldada por Estados Unidos y proyectaría una imagen de unidad nacional tras la salida de Maduro.
En contraste, recuerdan que el fallecido Hugo Chávez, mentor de Maduro y arquitecto del movimiento socialista moderno en Venezuela, aprovechó la tragedia ocasionada por las inundaciones de 1999, que dejaron miles de muertos, para fortalecer el papel de las Fuerzas Armadas y profundizar la centralización del poder.
La cifra de víctimas mortales del actual desastre supera ya las 1.400 personas, después de que dos terremotos de magnitudes 7,2 y 7,5 sacudieran al país con apenas un minuto de diferencia el pasado miércoles. Los sismos dejaron además más de 3.000 heridos y habían generado más de 430 réplicas hasta el sábado, según las autoridades.
La magnitud de la tragedia ha llevado a Rodríguez a adoptar una política exterior inusualmente pragmática. Su administración ha aceptado ayuda tanto de Estados Unidos como de gobiernos que anteriormente eran considerados adversarios políticos, entre ellos El Salvador, Chile, Ecuador, Israel, Paraguay e Italia.
Sin embargo, esa apertura no se ha reflejado dentro del país. Dirigentes opositores denunciaron el viernes que las autoridades obstaculizaron las labores de asistencia al detener un camión con ayuda humanitaria en Caracas y hostigar a voluntarios en un centro de acopio ubicado en la ciudad de Cumaná, en el noreste de Venezuela.
El gobierno también ha intentado centralizar la ayuda humanitaria, instando a los ciudadanos a canalizar las donaciones y el registro de voluntarios a través de centros oficiales de recolección y plataformas estatales, mientras promueve la aplicación VenApp como principal herramienta para reportar personas desaparecidas y coordinar las labores de asistencia.
Mientras tanto, la oposición ha desarrollado una red humanitaria paralela y un registro independiente de desaparecidos, que estima que más de 55.000 personas permanecen sin ser localizadas.
Asimismo, las autoridades han restringido el acceso al estado La Guaira, una de las zonas más afectadas, argumentando que la medida es necesaria para proteger las operaciones de rescate y aplicar controles sanitarios.
Machado permanece en el extranjero desde que salió de la clandestinidad y abandonó Venezuela a finales del año pasado para recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo. Desde entonces ha reiterado su intención de regresar, especialmente después de la captura de Maduro por fuerzas estadounidenses en enero.
En un mensaje en video difundido tras los terremotos, Machado aseguró a sus seguidores que «muy, muy pronto nos abrazaremos en Venezuela».
La forma en que Rodríguez administre la emergencia —y, en particular, si permite el regreso de su principal adversaria política durante la crisis— podría convertirse en una de las pruebas más decisivas para su naciente administración.

