“Queremos volver a casa”: el drama de los damnificados por los terremotos en Guarenas y Guatire

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A casi un mes de los devastadores terremotos del 24 de junio, cientos de familias en los municipios Plaza y Zamora del estado Miranda continúan lejos de sus hogares, entre escombros, refugios temporales y una profunda incertidumbre. Mientras las demoliciones comienzan, el anhelo más repetido es uno solo: regresar a casa.

El Nacional

Los sismos que sacudieron Venezuela dejaron en esta zona del estado Miranda un saldo de daños estructurales severos. En Guatire, tres personas fallecieron —incluidos dos menores—, más de un centenar resultaron heridas y al menos 11 edificaciones fueron declaradas inhabitables. El emblemático Edificio Ángela, en el casco central, será demolido en las próximas semanas tras comprometerse seriamente sus bases y columnas. Otras 219 viviendas presentan daños que van de leves a moderados.

En Guarenas, la situación no es menos grave. Más del 70% de los 21 edificios inspeccionados no pueden ser habitados con seguridad. En la urbanización Oropeza Castillo, los Bloques 8 y 9 colapsaron parcialmente, el segundo una semana después del evento principal. Centros comerciales como Buenaventura, Vista Place y el Megacenter también sufrieron afectaciones, al igual que la Catedral de Nuestra Señora de Copacabana, reseña El Nacional.

Historias que duelen

Yendry González vivió uno de los relatos más dramáticos. Aquella tarde, mientras intentaba evacuar a su padre en silla de ruedas desde el piso 3 del Bloque 9, las paredes comenzaron a caer. En medio del caos, un panal oculto se rompió y liberó decenas de abejas. Más de 50 aguijones la atacaron, provocándole una grave reacción alérgica que la llevó al hospital. Horas después, una nueva reacción por medicamentos la devolvió a emergencia.

Dios me guardó la vida tres veces: durante el terremoto, por las picaduras y porque salí del apartamento minutos antes de que colapsara el bloque”, relata. Hoy, entre risas nerviosas que usa como escudo, observa cómo sus pertenencias —un lavamanos, cuadros, la caja de un árbol de Navidad— asoman entre los escombros. “El hogar es el refugio de todos. Perderlo rompe toda la rutina y el equilibrio de la vida”.

Casos similares se repiten. Iris Leal tuvo que saltar desde un primer piso para escapar. Marisela Donis, en Guatire, vio cómo su casa de más de 200 años de antigüedad quedó con grietas profundas, techo inestable y tuberías colapsadas que expulsaban aguas negras. Ahora vive en la Fundación Parranda de San Pedro junto a su familia. “Llegué aquí siendo una niña. En 39 segundos me dijeron que ya no era mi casa”, dice con la voz quebrada.

Espera y reconstrucción

Las autoridades han realizado más de 600 inspecciones en Zamora y acompañan a los vecinos en la recuperación de sus enseres antes de las demoliciones. Sin embargo, la pregunta que flota en el aire sigue sin respuesta clara: ¿dónde y cómo vamos a vivir?

Mientras algunos duermen en campamentos improvisados o casas de familiares, otros hacen guardias nocturnas frente a los edificios para evitar saqueos. La solidaridad vecinal y donaciones han aliviado parte del drama, pero la necesidad de soluciones habitacionales definitivas —materiales para reconstruir, reubicaciones o nuevos complejos— se vuelve más urgente con el paso de los días.

No queremos quedar a la deriva”, resume Iris Leal. Un sentimiento compartido por decenas de familias que, más allá de las paredes derrumbadas, buscan recuperar algo mucho más profundo: la tranquilidad de sentirse en casa.

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