59 años a la sombra de las grietas: Las lecciones olvidadas del terremoto de 1967 y el colapso de la Misión Vivienda en 2026

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Este 29 de julio de 2026, la habitual conmemoración del destructivo Terremoto de Caracas de 1967 ha dejado de ser un mero ejercicio de memoria histórica. Hoy, la capital venezolana y el litoral central recuerdan los 59 años de aquella noche bajo el peso de una catástrofe sumamente reciente. Apenas transcurrieron cinco semanas desde que el pasado 24 de junio de 2026, un devastador doblete sísmico de magnitudes 7.2 y 7.5 volviera a ensañarse con la geografía nacional, dejando una emergencia humanitaria que expone la peor cara de la improvisación estatal.

MFM

Las portadas de prensa de julio de 1967, que retrataban el colapso de la modernidad en Altamira y Los Palos Grandes, se solapan hoy de forma dramática con las imágenes de los complejos residenciales de la Gran Misión Vivienda Venezuela (GMVV) convertidos en escombros. La tragedia actual revive de forma directa las advertencias que ingenieros y sismólogos formularon durante años sobre el riesgo de construir a contrarreloj y sin planificación.

1967-1972: El nacimiento de una alerta y el rigor técnico

La noche del sábado 29 de julio de 1967, un sismo de magnitud entre 6.5 y 6.7 sacudió la región centro-norte por espacio de 45 segundos. Aquel evento cobró la vida de más de 230 personas y provocó el derrumbe de varios edificios residenciales de hasta 12 plantas.

La respuesta científica y académica fue contundente: obligó a la creación de la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (FUNVISIS) en 1972 y al diseño de estrictos códigos de construcción sismorresistente. El principio básico que legó 1967 fue claro: en un país sísmico, la ingeniería debe subordinarse a las características del suelo.

«Teníamos mucha urgencia por entregar»: La admisión del colapso institucional

Cincuenta y nueve años después, el doblete sísmico del pasado 24 de junio desnudó cómo las políticas habitacionales del chavismo ignoraron activamente ese legado técnico. Las mayores críticas y la indignación de los sobrevivientes se concentran en el colapso masivo de las estructuras de la Misión Vivienda, principalmente en el estado La Guaira (como el Urbanismo Hugo Chávez Frías).

La polémica escaló a nivel internacional tras el descubrimiento de viejas declaraciones del exministro de Vivienda y Hábitat del gobierno de Hugo Chávez, Francisco «Farruco» Sesto, quien admitió públicamente: «No hacíamos estudio de suelos, teníamos mucha urgencia por entregar».

Esta confesión confirma lo que gremios de ingenieros denunciaron durante más de una década:

  • Ausencia de análisis de terreno: Proyectos multifamiliares masivos fueron levantados de forma apresurada a partir de 2011 con fines electorales, omitiendo estudios geotécnicos fundamentales en zonas de alta inestabilidad geológica y propensas a la licuefacción sísmica.
  • Materiales y diseños deficientes: Investigaciones técnicas en las zonas de desastre, reseñadas por medios como The New York Times y The Christian Science Monitor, evidenciaron fallas estructurales severas, plantas bajas débiles que colapsaron sobre sí mismas («piso blando») y una falta absoluta de fiscalización.
  • Ignorancia del riesgo geográfico: Se edificaron complejos residenciales sobre rellenos no consolidados y terrenos costeros que el propio equipo de reconstrucción del estado había catalogado previamente como zonas prohibidas tras los deslaves de 1999.

Las cifras de un pacto roto

Mientras el gobierno central intenta matizar el impacto alegando daños en el sector privado, los reportes de los equipos de rescate y de la ONU confirman que el desastre actual supera con creces el registro de 1967, con pérdidas materiales estimadas en 37.000 millones de dólares y más de 5.200 fallecidos a nivel nacional.

La conmemoración de este año no permite espacios para la complacencia. El recuerdo de 1967 ya no pertenece a los libros de texto; es un espejo que reclama responsabilidades políticas y penales frente a la vulnerabilidad construida por el Estado. Para los expertos, la reconstrucción urgente que hoy necesita Venezuela no puede volver a repetir la fórmula del populismo arquitectónico: sin estudios de suelo ni transparencia, la vivienda prometida se convierte, inevitablemente, en una trampa mortal.

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