Sin orden, la justicia y la libertad son quimeras o instrumentos de propaganda populista. Sin justicia y libertad, verdaderas, el orden deriva en despotismo de cualquier identidad.
Se necesita la convivencia de las tres. Pero la lógica del cambio indica que el orden es esencial. El poder requiere ordenarase al servicio de la justicia y de la libertad. De lo contrario no hay cambio sino continuismo.
Muchos confunden orden y autoridad con violencia y represión. Es al revés. Si el orden no es consecuencia de la autoridad democrática e institucional, lo que hay es bandidaje, pranato y terrorismo de toda índole.
Lo que protege la paz es el orden fundado en el Estado de derecho. Lo que fomenta la justicia es el orden para la equidad y la convivencia social. Lo que garantiza la libertad es el orden de la seguridad jurídica y la apertura de la competencia.
El orden debe ser cimiento para constituir y mantener una República Civil, en la que las Fuerzas Armadas cumplan su papel constitucional y profesional. Ello es clave para que la justicia y la libertad se desarrollen en beneficio general.
¿Todo esto es posible? La respuesta es afirmativa. Y no sólo posible sino de una exigencia existencial.
Fernando Luis Egaña


