Tormenta perfecta

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No hemos terminado de procesar las consecuencias del doble terremoto y de la incapacidad de la encargada Delcy Rodríguez; cuando ya tenemos otras noticias de eventos que ponen en desnudo la negligencia del régimen y la indolencia de aquellos que se empeñan en seguir al frente del Estado venezolano.

Las desgarradoras imágenes de Caracas inundada, con quebradas desbordadas, vehículos arrastrados por la corriente y vías transformadas en ríos torrentosos, no responden únicamente a la furia de las ondas tropicales de la temporada. Sino que son el testimonio evidente de cómo casi 30 años de desidia han generado las condiciones para el caos.

Sí, los desastres naturales no puede evitarse; sin embargo, un gobierno responsable y unas instituciones que funcionan sí pueden preparar a un país para afrontar con eficacia, con dinamismo y efectividad ante las posibles eventualidades que pudieran ocurrir.

La capital venezolana sucumbe año tras año ante el agua debido a la falta de drenajes, y a una infraestructura colapsada que dejó de recibir inversión, mantenimiento y planificación urbana hace décadas.

Esa es la obra más tangible de un régimen que se tragó miles de millones de dólares, de un modelo que premió la inmoralidad y dejó a nuestro país indefenso ante cualquier situación sobrevenida.

Es por ello que atribuir la tragedia exclusivamente al “cambio climático”, al “Niño” o al “Superniño” o a precipitaciones atípicas, son argumentos banales; son parte de esa recurrente narrativa oficial que busca eximirse de responsabilidades, y que trata de tapar el sol con un dedo.

Hoy, el sufrimiento de miles de venezolano solo es culpa de la negligencia de quienes han destruido y saqueado al país por casi 30 años.

Ahora bien, detrás de cada inundación se evidencia una ausencia sistemática de gobierno y de gestión pública eficiente.

Y, además, una ausencia de compromiso con la gente, de sentido común y de buena voluntad, pues, la falta de atención y prevención es el resultado de una concepción indolente del ejercicio del poder.

Los chavistas que en mala hora han gobernando Venezuela abandonaron los sistemas de drenaje, la falta de dragado en el río Guaire y sus quebradas, y la acumulación de desechos por deficiencias en la recolección de basura crean el escenario propicio para el desastre.

Y ¡Ojo! Esto no sólo ocurre en Caracas sino que es el pan nuestro de cada año y todo el país; las inundaciones han ocurrido en los llanos, en oriente, en occidente y en el centro del país.

Todo por falta de una política de acción preventiva, de limpieza y adecuación de los canales de alivio y de desagüe.

La administración del régimen ha sustituido la planificación urbana e hidráulica por la improvisación y la propaganda, dejando a las comunidades vulnerables a merced de los elementos sin una infraestructura capaz de canalizar las aguas de lluvia.

La incapacidad preventiva en Venezuela se ha institucionalizado como norma. Y esto es una verdad que es palpable y las consecuencias la vivimos permanentemente.

No existen planes integrales de mitigación de riesgos, ni mapas de vulnerabilidad actualizados, ni alertas tempranas operativas en los sectores populares consolidados en laderas inestables. La política que aplican es la de Eudomar Santos, es decir, “como vaya viniendo vamos viendo”.

Por ende, es evidente que la política pública preventiva ha sido reemplazada por operativos de emergencia orientados al impacto mediático pero desprovistos de soluciones estructurales.

El país no merece seguir así. Necesitamos un cambio y que sea ya. Necesitamos que la transición de verdad inicie con María Corina Machado al frente del país, de una vez por todas.

Sin más que agregar, nos leemos la próxima semana.

Omar González Moreno

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