La Venezuela sensible, por Ricardo Ciliberto Bustillos 

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Los venezolanos estamos, con sobrada razón, extremadamente  sensibles. Cualquier hecho, decisión o noticia hace que de  inmediato se disparen los nervios hasta poner nuestra cabeza a  merodear, incluso, en los límites de lo absurdo. Cualquier cosa  sustituye otra con una rapidez asombrosa. Es casi imposible  hacerle seguimiento a un asunto, aunque sea por escasos días,  por no hablar de semanas. 

El “acuerdo”, suscrito hace poco entre las autoridades  norteamericanas y la “encargaduría” criolla, cuyos detalles  contractuales, al momento de escribir estas cuartillas desconocemos, ha generado una ola de comentarios y  opiniones provenientes de algunas voces autorizadas y de expertos en la materia, mientras que la mayoría (la que más grita  y se radicaliza) ignora estos delicados, pero también complejos  temas. Desafortunadamente, son estas las que más confunden  y atizan el fuego. 

Lo otro es la obsesión que versa sobre la elección presidencial  y María Corina Machado. La sensibilidad, en este caso, está a  flor de piel Y es que preocupa de sobremanera que se siga promoviendo y utilizando esta destacada figura pública para cuantas cotidianidades se presenten. Nos suena a irrespeto hacia su persona el hecho de mencionarla o invocarla para  cualquier nimiedad. Entendemos que la mayoría de la población  está desesperada y – en consecuencia – busca un asidero,  amparo, apoyo, un “palo donde agarrarse” en estas críticas circunstancias. Es que 27 años de devastación e impostura es demasiado tiempo, merecedor -por supuesto- de todo nuestro  repudio, pero también el motivo para rescatar el país.

La cuestión está en que el grado de destrucción ha sido tan grande que ni los paliativos ni las dilaciones son ya admisibles. En este sentido, hay que considerar que, desde el punto de vista  político, las tan solicitadas elecciones, no solo presidenciales  sino también las legislativas, regionales y municipales, pasan  primero por una nueva integración del Consejo Nacional  Electoral y -obviamente- del Tribunal Supremo de Justicia. Solo  así podremos iniciar el desmontaje del “aparato” que fue  armando el régimen durante este prolongado período. 

De otra parte, va el aspecto económico. La necesidad tiene cara  de hambre, según el dicho popular. Los venezolanos estamos  desesperados. La pobreza se agudiza cada vez más y esto – sin  que ello signifique descubrir el agua tibia – lo sabe el interinato  y sobre todo el gobierno americano. Además, existen otras  razones, incluso electorales, que han presionado para que este  polémico “acuerdo”, aún más de lo que atañe a la empresa NABEP, a Alejandro Betancourt y al propio “delcynato”, se haya rubricado con la velocidad del rayo. Según dicen, vendrán ingentes recursos, pero no mañana, como muchos creen;  seremos felices, dentro de muchísimos años y pasaremos a ser  un país serio, desarrollado y del primer mundo, quién sabe  cuándo. Hasta ahora, la crítica mayor es que no hay gobierno  legítimo en Venezuela; que la firma carece de cualidad  constitucional, puntos estos que, tarde o temprano, tendremos que solucionar. Por cierto, y para no preocuparnos en exceso, todo contrato, de común acuerdo entre las partes, siempre  estará sujeto a modificación. No obstante, para esta  transitoriedad, es visible que, como diría el dramaturgo español Jacinto Benavente, la “picardía se disfrazó de inteligencia”. En  otras palabras: bienvenidos los dólares…después veremos. 

En conclusión, no hagamos tanto ruido ni seamos tan  susceptibles. Dediquémonos, con prioritario afán, a la liberación de los presos políticos y a lograr los cambios en aquellas instituciones que nos permitan avanzar hacia la democratización del país. Lo demás, son inútiles polémicas que no van a generar – por los momentos – soluciones satisfactorias, mientras  continúen estos dos gobiernos convenidos en ciertas áreas.

Ricardo Ciliberto Bustillos

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