Donald Trump afirma que los venezolanos “están muy felices” y deja sin fecha la celebración de elecciones democráticas

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(Redacción MorfemePress) El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a colocar este domingo bajo escrutinio la política de Washington hacia Venezuela al afirmar que las elecciones democráticas se celebrarán “cuando estén listos”, sin ofrecer una fecha, un cronograma ni condiciones concretas para que los venezolanos puedan volver a las urnas.

La declaración, realizada durante un encuentro con periodistas en Doonbeg, Irlanda, contrasta con la contundencia con la que Trump describió el avance de las inversiones petroleras estadounidenses en Venezuela.

Consultado sobre cuándo podrían celebrarse elecciones democráticas, Trump respondió lacónicamente: “Cuando estén listos”.

El mandatario añadió una afirmación que difícilmente puede pasar inadvertida: “El pueblo de Venezuela ahora está muy feliz porque vivía en una situación difícil”.

La frase plantea una pregunta fundamental: ¿quién determina que un pueblo está “listo” para votar y sobre qué indicadores se establece que está “muy feliz”?

Petróleo con fecha abierta; democracia sin calendario

Trump destacó que las grandes compañías petroleras estadounidenses están entrando en Venezuela y que ya se están realizando actividades de perforación.

“Ahora las compañías petroleras están entrando, se está ganando mucho dinero”, afirmó, para luego agregar: “Tenemos a todas las grandes compañías entrando allí ahora y están perforando”.

El contraste resulta particularmente significativo. Mientras Washington parece considerar suficientemente favorables las condiciones para movilizar capital, desarrollar campos petroleros y comenzar nuevas perforaciones, no existe todavía una fecha definida para que los ciudadanos venezolanos puedan escoger democráticamente a sus gobernantes.

La pregunta que surge es inevitable: si existen condiciones para inversiones petroleras de largo plazo, ¿por qué no existen todavía condiciones para establecer un calendario electoral?

No se trata de exigir que una elección se convoque sin garantías. Por el contrario, una transición política después de casi tres décadas de autoritarismo requiere condiciones institucionales, electorales y de seguridad que permitan elecciones libres, competitivas y verificables.

Pero precisamente por eso resulta preocupante que la expresión utilizada sea simplemente “cuando estén listos”, sin explicar quién debe decidirlo, cuáles son los requisitos pendientes y cuál será el mecanismo para verificar su cumplimiento.

La democracia no debería depender del ritmo de los taladros

Las declaraciones de Trump parecen revelar una prioridad que merece ser discutida: la recuperación petrolera venezolana avanza a un ritmo diferente al de la recuperación democrática.

La industria puede comenzar a perforar, producir y generar ingresos antes de que exista una arquitectura política plenamente consolidada. Pero una cosa es la recuperación de la producción petrolera y otra muy distinta la reconstrucción de la legitimidad del Estado venezolano.

El riesgo es que el petróleo termine convirtiéndose nuevamente en una variable capaz de desplazar la discusión sobre la institucionalidad.

Venezuela ya conoce esa historia. Durante décadas, la enorme renta petrolera convivió con instituciones cada vez más debilitadas hasta desembocar en la crisis política, económica y social que produjo el colapso del país.

Por eso, una nueva etapa petrolera debería estar acompañada —y no preceder indefinidamente— por reglas claras de transparencia, seguridad jurídica, rendición de cuentas, competencia y legitimidad democrática.

¿“Muy felices” o simplemente esperanzados?

La afirmación de Trump sobre el estado de ánimo de los venezolanos también merece atención.

Es razonable pensar que después de años de crisis, represión, deterioro económico y migración masiva, una parte importante de la población pueda experimentar alivio ante cualquier perspectiva de cambio.

Pero alivio no es lo mismo que satisfacción, y esperanza no es lo mismo que bienestar.

Y mucho menos puede confundirse el deseo de superar una crisis con la renuncia al derecho a elegir.

Los venezolanos no necesitan que desde Washington se certifique que están “muy felices”. Necesitan recuperar la capacidad de decidir su propio destino mediante instituciones legítimas.

La gran contradicción

Las declaraciones del presidente estadounidense dejan planteada una contradicción que Washington debería explicar con mayor precisión:

¿Cómo puede considerarse que Venezuela está suficientemente preparada para recibir inversiones petroleras, iniciar perforaciones y comprometer capital durante décadas, pero no suficientemente preparada para establecer una hoja de ruta electoral?

La pregunta adquiere mayor relevancia porque el petróleo no es una inversión de corto plazo. Las decisiones que se están tomando ahora pueden comprometer recursos, contratos y flujos financieros durante muchos años.

La democracia, en cambio, no puede quedar condicionada indefinidamente a que termine de consolidarse la recuperación económica.

El petróleo puede esperar mejores condiciones. La legitimidad política también necesita condiciones. Pero ambas deberían avanzar simultáneamente.

Porque si la nueva Venezuela comienza a reconstruirse alrededor de sus pozos antes que alrededor de sus ciudadanos, el país podría estar cambiando de administración petrolera sin haber resuelto todavía el problema fundamental: quién tiene legítimamente el mandato para gobernarlo.

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