Soy venezolano de nacimiento y ciudadano estadounidense por elección. Soy empresario, esposo, padre y vecino de Doral. Creo en los Estados Unidos, en sus instituciones, en el imperio de la ley y en el derecho soberano que tiene esta nación de controlar sus fronteras y hacer cumplir sus leyes migratorias.
Precisamente porque creo en esos principios, considero que ha llegado el momento de hablar sobre lo que está ocurriendo en nuestra ciudad.
No podemos confundir hacer cumplir la ley con sembrar miedo en una comunidad entera.
Doral está viviendo días de incertidumbre. La presencia y las actuaciones de las autoridades federales de inmigración están produciendo efectos que ya no se limitan a las personas directamente detenidas. El temor está entrando en nuestros hogares, nuestros comercios, nuestros lugares de trabajo y nuestras escuelas.
Medios locales han documentado familias que tienen miedo de conducir para llevar a sus hijos al colegio o trasladarse a sus trabajos. Algunas madres se están organizando para recoger a los hijos de otras familias que temen salir de sus casas. Incluso existen padres que están considerando alternativas de educación virtual ante esta situación.
En nuestros comercios también comienzan a sentirse las consecuencias.
Se han documentado establecimientos que antes recibían decenas de clientes durante determinadas jornadas y que ahora ven entrar apenas unos pocos. Calles normalmente congestionadas presentan una circulación inusualmente reducida. Restaurantes y pequeños comerciantes hablan de menos clientes, mientras residentes reconocen que están posponiendo compras o regresando antes a sus hogares por temor a encontrarse con agentes federales.
CityPlace Doral, uno de nuestros principales centros de actividad comercial y social, también ha sido mostrado por medios locales con una afluencia reducida mientras comerciantes describen las consecuencias económicas de esta situación.
Esto debe preocuparnos a todos, independientemente de nuestra posición política.
Porque cuando una persona deja de ir al restaurante, el problema no termina en esa mesa vacía.
El restaurante vende menos. El mesero gana menos. El propietario reduce horas. El proveedor recibe menos órdenes. El conductor hace menos entregas. Se recauda menos impuesto sobre las ventas. Una familia consume menos porque sus ingresos disminuyeron.
Así comienza un círculo económico que ninguna ciudad debería ignorar.
Pero existe algo todavía más delicado: el miedo.
Cuando una madre teme llevar a su hijo a la escuela; cuando un trabajador teme conducir hacia su empleo; cuando una familia evita ir al supermercado; cuando un empresario contempla un establecimiento vacío no porque desapareció la demanda, sino porque sus clientes tienen miedo de salir, estamos ante un problema que trasciende la inmigración.
Estamos hablando de la estabilidad económica y social de nuestra ciudad.
HACER CUMPLIR LA LEY, SÍ. PERO DENTRO DE LA LEY.
Quiero ser absolutamente claro.
Los Estados Unidos tienen el derecho y la obligación de proteger sus fronteras.
Una persona que ha cometido delitos graves, representa una amenaza para nuestra seguridad o tiene una orden legal de deportación ejecutable debe enfrentar las consecuencias establecidas por nuestras leyes.
Defender el Estado de derecho significa precisamente eso.
Pero el Estado de derecho funciona en ambas direcciones.
El ciudadano debe respetar la ley y el Gobierno también debe respetar la Constitución.
La Cuarta Enmienda protege contra registros y detenciones irrazonables. La Quinta Enmienda establece que ninguna “persona” puede ser privada de su libertad sin el debido proceso legal.
Nuestra Constitución deliberadamente habla de personas, no exclusivamente de ciudadanos.
Por eso debemos diferenciar al criminal peligroso de la madre que trabaja, del padre que mantiene a sus hijos, del empresario que genera empleos y de la persona que comparece ante las autoridades mientras espera que el propio sistema migratorio estadounidense resuelva su caso.
No estoy proponiendo impunidad.
Estoy proponiendo legalidad, proporcionalidad, humanidad y debido proceso.
FLORIDA TAMBIÉN TIENE ALGO QUE DECIR
Existe además un elemento jurídico que nuestra comunidad debe conocer.
Florida pertenece al Undécimo Circuito Federal de Apelaciones.
En mayo de 2026, ese tribunal decidió Hernandez Alvarez v. Warden y rechazó la nueva interpretación del Gobierno que pretendía someter automáticamente a determinadas personas no admitidas encontradas dentro de Estados Unidos a detención obligatoria sin posibilidad de bond bajo §1225(b)(2)(A).
El tribunal determinó que las personas comprendidas por esa categoría están sujetas a §1226(a), bajo la cual existe posibilidad de una audiencia individualizada de fianza.
Posteriormente, un tribunal federal aquí mismo, en Miami, aplicó ese precedente y ordenó que un detenido recibiera una audiencia individualizada de bond o fuera liberado.
Eso tampoco significa que toda persona detenida tenga automáticamente derecho a salir libre.
Cada caso depende de sus circunstancias.
Pero demuestra algo fundamental:
detención no significa automáticamente deportación inmediata, y hacer cumplir las leyes migratorias no elimina las garantías que nuestro propio sistema jurídico reconoce.
NO DEBEMOS CONVERTIR DORAL EN UNA CIUDAD DEL MIEDO
Muchos venezolanos llegamos a Estados Unidos huyendo precisamente de un país donde las instituciones dejaron de ofrecer seguridad jurídica.
No podemos permitir que el miedo vuelva a gobernar nuestras vidas.
Doral ha prosperado porque miles de inmigrantes llegaron aquí para trabajar.
Compramos viviendas. Abrimos compañías. Creamos empleos. Pagamos impuestos. Enviamos nuestros hijos a las escuelas. Compramos vehículos. Llenamos restaurantes. Construimos negocios. Participamos en iglesias y organizaciones comunitarias.
Nos convertimos en estadounidenses.
Y nuestra respuesta ante una situación como ésta no puede ser escondernos.
Tiene que ser organizarnos.
Durante demasiado tiempo los venezolanos hemos pensado que ser numerosos era suficiente.
No lo es.
Una comunidad puede tener miles de empresarios, profesionales, trabajadores y familias y continuar teniendo muy poca influencia si no convierte ese peso demográfico y económico en participación cívica y representación política.
Otros grupos comprendieron esa realidad hace décadas.
Nosotros tenemos que comprenderla ahora.
DE LA PREOCUPACIÓN A LA PARTICIPACIÓN
No estoy convocando a una organización contra Estados Unidos.
Estoy convocando exactamente a lo contrario:
a participar plenamente en los Estados Unidos.
Debemos conocer quién nos representa en Doral, Tallahassee y Washington.
Debemos registrarnos para votar cuando tengamos derecho a hacerlo.
Debemos asistir a las reuniones del City Council.
Debemos conocer a nuestros representantes.
Debemos presentarles nuestras preocupaciones.
Debemos apoyar candidatos que comprendan nuestra comunidad y exigir resultados a quienes reciben nuestro voto.
Y también debemos preparar a nuestros propios líderes para ocupar posiciones públicas.
Republicanos, demócratas e independientes pueden tener profundas diferencias políticas. Eso es parte de la democracia estadounidense.
Pero existen principios que deberían unirnos: la Constitución, el debido proceso, la seguridad de nuestras familias, la prosperidad de nuestros negocios y el futuro de nuestros hijos.
Yo creo en Estados Unidos.
Creo en el Estado de derecho.
Creo que las personas que delinquen deben enfrentar la justicia.
Creo que las leyes migratorias deben cumplirse.
Pero también creo que podemos hacerlo sin convertir a familias trabajadoras en una comunidad paralizada por el miedo.
Y creo profundamente que los venezolanos-americanos tenemos una responsabilidad adicional.
Llegó el momento de dejar de preguntarnos solamente:
¿Qué están haciendo los políticos por nosotros?
Y comenzar a preguntarnos:
¿Qué estamos haciendo nosotros para participar en las decisiones políticas que afectan nuestras vidas?
Por eso hoy hago una convocatoria abierta a los venezolanos-americanos de Doral, Miami-Dade, Florida y de todos los Estados Unidos.
Organicémonos.
Construyamos una organización cívica seria, democrática, plural y estadounidense.
Sentemos en una misma mesa a empresarios, profesionales, trabajadores, jóvenes, padres, madres y líderes comunitarios.
Estudiemos los problemas.
Definamos nuestras prioridades.
Conozcamos nuestros derechos y también nuestras responsabilidades.
Participemos en las elecciones.
Preparemos candidatos.
Exijamos representación.
Construyamos interlocución con nuestras autoridades locales, estatales y federales.
Y cuando llegue el momento de tomar decisiones políticas, tomémoslas juntos, organizados y mediante las instituciones democráticas de este país.
Porque haber encontrado refugio en Estados Unidos no debe convertirnos únicamente en habitantes de esta nación.
Debe convertirnos en participantes de su democracia.
Ser numerosos no es suficiente.
Tenemos que estar organizados.
Tenemos que estar representados.
Tenemos que participar.
Y tenemos que hacer escuchar nuestra voz.
El futuro de nuestra comunidad no puede depender solamente de las decisiones que otros tomen por nosotros.
Ha llegado el momento de participar en esas decisiones.


