Imagínese por un momento la escena: un letrero luminoso de bienvenida, la tensión en el ambiente y un DeLorean imaginario intentando cruzar la línea temporal. Pero no estamos en 1985 ni en Hill Valley buscando al doctor Emmett Brown; estamos en la pista de aterrizaje de la historia contemporánea, donde los bloqueos físicos y los decretos de prohibición intentan detener lo inevitable. La polémica sobre el veto y los obstáculos interpuestos para impedir el regreso de María Corina Machado a su propia tierra tiene tintes de ciencia ficción barata, de esas películas donde los villanos intentan alterar el libreto del tiempo porque saben que el futuro ya les ganó la partida.
En Volver al Futuro, Marty McFly y el Doc necesitaban exactamente 1.21 gigavatios y un rayo preciso para viajar. Hoy, los obstáculos contra la líder opositora —galardonada con el Premio Nobel de la Paz— demuestran que quienes temen su retorno no necesitan ciencia ficción, sino paranoia pura.
Le temen a una mujer de carne y hueso. A esa persona que se cansa, que sonríe con nerviosismo, que siente el peso de la ausencia de los suyos, pero que camina con una convicción inquebrantable. No es una estatua de mármol ni un holograma perfecto: es alguien que arriesga el pellejo todos los días, demostrando un coraje de esos que, como los cometas extraordinarios, apenas aparecen una vez cada siglo y medio.
«¿Por qué le temen tanto a un billete de avión de regreso?», parece preguntarse el sentido común. La respuesta es simple: porque el miedo bureaucrático jamás podrá contra la física de la esperanza.
En la clásica saga cinematográfica, “Biff Tannen” aquel villano grandulón, alto y catire, con peinado llamativo y aires de grandeza norteamericana, lograba alterar el presente creando una realidad alterna llena de restricciones, abusos de poder y opresión. Sin embargo, por más que se intentara reescribir el almanaque deportivo, la línea temporal original siempre buscaba sanar.
Impedir que una ciudadana —con todo el derecho constitucional, moral e histórico de pisar su suelo natal— regrese a casa es un intento desesperado por congelar el reloj. Bloquear carreteras, amenazar aeropuertos o prohibir fronteras refleja el pánico de quienes saben que el almanaque del poder ya se les agotó.
María Corina representa esa resistencia íntima y cotidiana. Detrás del título internacional y los reconocimientos mundiales, hay una madre, una vecina, una mujer común que decidió no agachar la cabeza. Y eso, para un sistema que se sustenta en la intimidación, es sencillamente imperdonable.
Al final de cuentas, las barreras físicas en las fronteras de la patria son temporales. Como bien sabía el DeLorean, el destino no está escrito; lo escriben aquellos que se atreven a avanzar con el acelerador a fondo, aun cuando el camino parezca bloqueado por transeúntes furiosos del pasado.
El intento de sabotear su entrada no hace más que confirmar que su presencia física es el eslabón que acelera el reloj de la transición. Y aunque intenten apagar los motores, la pista ya está iluminada.
Vamos por más…
@jgerbasi


