En Venezuela la producción petrolera se ralentiza

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Por Juan Szabo y Luis A. Pacheco en La Gran Aldea

La situación política, económica y energética en Venezuela pareciera responder a un trastorno de identidad disociativo, provocado por la influencia directa de Estados Unidos, que se siente todopoderoso,  sobre un grupo gobernante que se formó bajo una guía ideológica completamente antiaestadounidense.  Esto podría explicar por qué el régimen arrastra los pies ante las reformas que el tutelaje quiere imponer y por qué los EE.UU. no registran del todo esa resistencia a sus demandas.

La administración Trump presiona al gobierno interino para acelerar el proceso de apertura petrolera y lograr aumentos significativos en la producción, pero estos diseños se ven coartados por manejos opacos y poco transparentes en la asignación de bloques y contratos, así como por las numerosas discrepancias entre lo declarado por las partes y la realidad del sistema petrolero venezolano. La afirmación del presidente  Trump, “Al vencedor pertenecen los despojos”, dirigida a sus electores, revela poca sensibilidad respecto a cómo establecer una relación sostenible con un país con una larga tradición republicana en el manejo de sus recursos.

 En resumen, el proceso evidencia falta de  institucionalidad, asignaciones  a dedo, “swaps” de operadores y la incorporación de petroleras que difícilmente pueden ser denominadas como tales. Lo más notorio de esta apertura “sui generis” es el “MegaDeal” de EE.UU., a través de la empresa Nabep, cuyas características e inconsistencias ya hemos descrito en entregas anteriores. Aunque el esquema pudiera ser útil para promover la incorporación de inversión privada en el sector, en su definición actual presenta serios problemas legales, comerciales, fiscales y reputacionales.

Cuando una empresa de dimensiones limitadas, como Nabep, anuncia la adquisición de 50 taladros y un número importante de generadores de vapor por un valor que supera los $1000 millones, sin haber compartido aún públicamente el contrato ni su plan técnico y financiero, es razonable pensar que solo se busca un efecto propagandístico para acallar las críticas naturales, o que estamos ante un negocio de otra índole. 

En este proceso, los lazos entre la administración de Donald Trump y el régimen de Delcy Rodríguez se han estrechado notablemente, lo que ha generado preocupación por los posibles efectos sobre la etapa de transición política, que no arranca como la población de Venezuela espera y requiere. 

A todo evento, los numerosos CDAP (contratos de Desarrollo de Actividades Primarias ) y MOU (Memorandos de Entendimiento) firmados con empresas sólidas como TotalEnergies y Continental Resources, así como los numerosos contratos con empresas sin trayectoria operativa, técnica y financiera, requerirán tiempo para materializar planes de inversión y aún más para contribuir a la producción incremental. De manera que durante el resto de 2026 y buena parte de 2027, probablemente,  estos acuerdos seguirán analizando los campos y  deshojando la margarita para tomar una decisión final de inversión, realizar las auditorías de línea base, realizar estudios detallados de yacimientos  y resolver los problemas logísticos y de talento humano.

La política del espectáculo

En el ámbito político, uno de los logros del régimen de  Delcy Rodríguez fue su participación en la Asamblea General  de la ONU en representación de Venezuela, así como su breve reunión con Trump y Rubio.  Su discurso en la Asamblea evidenció la amnesia que parece haber envuelto al nuevo neochavismo: no solo no hubo referencia alguna a Hugo Chávez, a Nicolás Maduro, a Cuba o a Rusia, sino que también se evadió la responsabilidad por las dos décadas que condujeron al tutelaje actual; la historia parece haber comenzado el 3 de enero de 2026.

La otra cara de la moneda del proceso entablado entre EE.UU. y el gobierno interino de Delcy Rodríguez, en el que parecen coincidir Washington y Caracas, es que las necesidades de la población y las leyes venezolanas son soslayadas en aras de la “realpolitik”. Si a la creciente sensación de desamparo le sumamos la precaria situación del servicio eléctrico y de otros servicios públicos, no es sorprendente que las protestas populares vayan en aumento, hasta el punto de que la presidenta encargada tuvo que adelantar su regreso desde Nueva York.  

Mientras el Departamento del Tesoro de EE.UU. apresura  reuniones clave, orientadas a evaluar la gigantesca deuda venezolana y la arquitectura institucional, el país clama por mayor celeridad en la transición democrática, la liberación de presos políticos, la libertad de expresión y avances tangibles en el proceso electoral.  A finales de septiembre de 2026, las autoridades interinas siguen sin fijar una fecha para las elecciones presidenciales, y la mesa de negociaciones parece moverse al ritmo de dilación impuesto por el gobierno interino. 

María Corina Machado, quien aglutina la mayoría de la oposición, ha visto torpedeados sus intentos de regresar a Venezuela. En los últimos días de la semana pasada, tres intentos, por mar y por aire, se han visto frustrados, y nadie parece ser responsable de ello.

Operaciones petroleras

De cara al último trimestre del año, la producción petrolera tiende a ralentizarse. Algunos de los CDAP que podrían generar barriles con relativa facilidad no han finalizado los términos de sus contratos, como parece ser el caso de Repsol y Maurel & Prom. 

Durante la última semana, la producción alcanzó 977 Mbpd de crudo y 20 Mbpd de condensados provenientes de Cardón IV y Anaco.

La producción de crudo se distribuyó geográficamente de la siguiente manera:

• Occidente 277

• Oriente 112

• Faja del Orinoco 588

• TOTAL 977

Chevron produjo 272 Mbpd, mientras que Maurel & Prom se mantuvo en 35 Mbpd y Repsol en 41 Mbpd. 

En la Faja del Orinoco, PetroCedeño (Nabep) produjo 40 Mbpd; PetroSinovensa, 93 Mbpd; y PetroMonagas, 89 Mbpd. La producción total de NABEP (occidente y oriente) se situó en 153 MBPD.

Las operaciones propias de PDVSA representan solo el 12% de la producción total.

Las refinerías nacionales procesaron 297 Mbpd de crudo y productos intermedios, rindiendo 88 Mbpd de gasolina y 86 Mbpd de diésel.

El Complejo Petroquímico de José incrementó su nivel de utilización al 81% en las plantas de metanol y de amoníaco/urea.

Los desorbitados precios de los fletes para los tanqueros de máximo tamaño (VLCC) han comenzado a contagiar a los fletes y a la disponibilidad de tanqueros de menor tamaño, de manera que los compradores están exigiendo descuentos en las ventas de crudo venezolano, lo cual podría incidir en los pronósticos de  800 Mbpd de exportación para el mes de septiembre. 

La cesta venezolana, en línea con los precios internacionales, alcanzó un promedio de $81,6/bbl.

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