La gran falacia, por Xavier Padilla

Comparte en

Nos dijeron que no podían desmontar el régimen porque podía resistirse. Pero lo conservaron después de comprobar que no se resistía.

Esa es la gran falacia sobre la cual Washington construyó el orden de sus tres fases para Venezuela: primero estabilización, después recuperación y al final transición.
La explicación sonaba hasta humanitaria. Desmontar de golpe el aparato chavista podía provocar caos, violencia, enfrentamientos, éxodo, hambre. Había que preservar estructuras, evitar una guerra civil, mantener funcionando el Estado. Primero proteger a los venezolanos; ya después habría tiempo para la democracia.

Ese era el argumento. Todo un verso, pero con fragancia de lubricante. Y un toque de chantaje: quien exigiera apartar inmediatamente al régimen parecía estar proponiendo pagar la democracia con muertos.

Sólo faltaba comprobar un pequeño detalle: que el régimen realmente fuera a resistirse. Y esa resistencia nunca llegó. Maduro cayó, Delcy siguió, Jorge prevaleció. Los militares siguieron en sus cuarteles tan banales como siempre; y el aparato chavista resultó un educado pasmarote cuando vio quién tenía el garrote.

Washington encontró además que tenía poder suficiente para imponer condiciones, orientar el negocio petrolero, modificar antiguas alianzas y reorganizar prácticamente todo. Todo, menos clausurar los centros de tortura. Oops.

Curiosamente, también se olvidó del 28-J, del precedente democrático que el mundo acababa de reconocernos, y de que ya teníamos —oh detalle irrelevante y pequeño— nada más ni menos que un presidente electo.

EEUU podía apretar el acelerador para el petróleo. Para el pueblo, el freno. Para los negocios, turbo; para la democracia, vela.

Si por nueve meses el aparato ha permanecido disciplinado y nunca se produjo aquella guerra civil cuyo riesgo justificó mandar la transición al final de la cola, el peligro atribuido a una transición rápida fue un falso positivo. No era poner la carreta delante de los caballos ni comenzar por el techo.

Una estabilización que nueve meses después funciona de maravilla destruye el motivo alegado para prolongarla. El riesgo era que desmontar demasiado rápido al régimen desestabilizara Venezuela. Pero si aquel peligro ya no está y seguimos esperando la democracia, «proteger» a los venezolanos ya no es la explicación, es la coartada.

Xavier Padilla

WP Twitter Auto Publish Powered By : XYZScripts.com
Scroll to Top