Un reciente informe de ANOVA Policy Research revela que, a pesar de la mejora en las expectativas económicas registrada después de los hechos del 3 de enero de 2026 (conocido como “3E”), 889.702 adultos venezolanos —equivalentes al 4,48 % de la población adulta— manifiestan el deseo de emigrar del país. De ellos, 249.268 personas (28 %) ya tienen planes concretos para salir en los próximos 12 meses.
El Policy Brief titulado Venezuela post 3E: Persistencia de la intención de migrar y efectos sobre el capital humano, coordinado por el economista Omar Zambrano y basado en microdatos de la Encuesta Familiar de Ingresos y Gastos (EFIG 2026), señala que la intención migratoria disminuyó ligeramente respecto a 2025 (cuando se ubicó en 4,98 %), pero permanece elevada.
Uno de los hallazgos más relevantes es el perfil educativo de quienes planean partir: quienes tienen planes concretos de emigrar poseen, en promedio, 12,05 años de escolaridad, frente a los 10,49 años del promedio nacional. Si se materializara la salida de quienes ya tienen plan estructurado, el país perdería el 1,31 % de su población adulta y el 1,51 % de su acervo de años-educación (2,61 millones). En el escenario potencial de que emigraran todos los que desean hacerlo, la pérdida alcanzaría el 4,68 % de la población y el 5,05 % del capital humano acumulado (8,75 millones de años-educación).
El estudio destaca que el deseo de migrar atraviesa distintos niveles de ingreso. Sin embargo, quienes pueden cubrir la canasta alimentaria tienen 18,3 puntos porcentuales más de probabilidad de contar con un plan concreto. También influyen las redes familiares en el exterior: entre quienes desean emigrar, el 48,6 % de los que tienen familiares fuera ya tiene un plan definido, frente al 24,3 % de quienes no cuentan con esos vínculos.
El sociólogo y defensor de derechos humanos Rafael Uzcátegui (@fanzinero) destacó en una publicación reciente que estos datos cuestionan las narrativas triunfalistas sobre la “recuperación venezolana”. Según Uzcátegui, aunque algunos voceros afirman que “Venezuela se está arreglando” y que los migrantes regresarán, la realidad es más compleja: la mejora de las expectativas económicas no se traduce automáticamente en confianza sobre el futuro del país, y una parte de la población —especialmente la más educada— sigue viendo mejores posibilidades de vida fuera de Venezuela.
ANOVA subraya que el capital humano es clave para cualquier proceso de recuperación sostenida y plantea la necesidad de políticas orientadas a la retención, repatriación y atracción de talento. El informe no mide directamente la confianza política ni el retorno efectivo de migrantes, pero evidencia que la propensión a emigrar permanece como un riesgo estructural para el mercado laboral venezolano.


