No es un tema ideológico lo que tiene hundido al gobierno de España, y por ende al potencial de desarrollo económico y social de ese gran país. Y recalco la palabra país, porque España no es el agregado de países distintos que comparten un territorio peninsular, sino la suma histórica de nacionalidades que forman parte de una unidad constitucional, política, estratégica y de formación milenaria.
El acabose del gobierno español es su imbricación con la delincuencia organizada y su absoluta falta de escrúpulos para mantenerse en La Moncloa a costa de lo que sea. No lo digo yo, que no soy nadie, lo dicen figuras estelares del PSOE, como Felipe González y otros, que modernizaron al viejo socialismo hispano haciéndolo vanguardia ejemplar en Europa y América Latina.
Pedro Sánchez encabeza una banda muy peligrosa, que se disfraza de progresista para amparar sus fechorías. Tiene un tutor que se las trae en las oscuridades delictivas, el ubicuo Zapatero; ubicuo, me refiero a su protagonismo en tantos escándalos que no pueden taparse con un dedo. Buena parte de éstos, originados en su contubernio con los parásitos de Miraflores.
La realización de elecciones generales en España es la oportunidad para impulsar un cambio. La sola salida de la banda sanchista supondría una mejoría de la ecología política, económica y social. Europa no puede confiar en el desgobierno actual. Podría hacerlo con un gobierno que respete la Constitución y ofrezca garantías de transparencia y responsabilidad.
La mayoría sustancial de los españoles de a pie, quiere la oportunidad de un cambio. Pero el gangsterismo en el poder nunca debe subestimarse. España merece un gobierno respetable que relance al país en la escena mundial y que no cultive la zarza del enfrentamiento interno como fórmula de chantaje y destrucción institucional.
Fernando Luis Egaña


