Ya quedó claro, con datos y argumentos, que la sociedad venezolana está preparada para la democracia

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Por Walter Molina

. Ahora la discusión se trasladó a los militares, policías, colectivos y demás estructuras armadas del chavismo. Algunos sostienen que, mientras todo eso no esté completamente desmantelado, no podemos tener elecciones presidenciales. O sea… debemos convertirnos en Suiza antes de poder elegir un presidente.

Es un argumento tramposo. El aparato represivo-criminal del chavismo ha sido su GRAN sostén durante más de una década. Pero exigir su desaparición completa antes de votar equivale a convertir una de las tareas fundamentales de la democracia en un requisito para permitir su existencia.

La teoría de las transiciones democráticas distingue entre instauración y consolidación. O’Donnell y Schmitter estudiaron cómo las democracias nacen en medio de enormes incertidumbres. La subordinación militar al poder civil y la depuración de los cuerpos de seguridad pueden tomar años. Comienzan durante la transición y continúan bajo gobiernos democráticos.

Betancourt asumió en 1959 con unas FAN provenientes de una dictadura. Enfrentó conspiraciones, intentos de golpe, el Carupanazo, el Porteñazo y una guerrilla apoyada por Fidel Castro. Y garantizó las elecciones de 1963. Leoni heredó aquellas amenazas. En 1967 derrotó la incursión de combatientes cubanos y venezolanos en Machurucuto.

Betancourt y Leoni enfrentaron los intentos de Castro por destruir nuestra democracia. Y los vencieron. No esperaron a que desaparecieran las amenazas armadas para gobernar democráticamente.

Argentina recuperó la democracia en 1983 y después enfrentó cuatro levantamientos militares de los carapintadas. Alfonsín y Menem tuvieron que lidiar con ellos, con errores y concesiones lamentables. Pero la democracia sobrevivió.

Panamá sirve todavía más como ejemplo: en diciembre de 1990, un año después de la caída de Noriega, una sublevación policial amenazó al gobierno democrático de Guillermo Endara. Las tropas estadounidenses intervinieron y la frustraron.

¿Había que suspender la democracia hasta depurar completamente las fuerzas de seguridad?

Está perfecto que Estados Unidos, que venció militarmente al chavismo, esté obligando a la tiranía inelecta a desmontar parte de su aparato represivo. Es necesario. Pero es jodidamente absurdo creer que podrá desmantelarse completamente mientras quienes lo construyeron sigan controlando el poder y buscando cómo conservarlo de facto.

El 3 de enero quedó expuesta la verdadera capacidad militar de aquella FANB que pretendía enfrentar a Washington. Un tigre de papel.

Si Estados Unidos puede condicionar hoy al poder venezolano, ¿por qué asumir que dejará de hacerlo cuando tengamos un gobierno elegido democráticamente? ¡POR EL CONTRARIO! La cooperación militar, policial y de inteligencia estadounidense DEBE continuar bajo un gobierno legítimo para enfrentar a los grupos armados, recuperar el control territorial y someter las armas al poder civil. Seguiremos “tutelados” también en democracia.

El desmantelamiento parcial del aparato represivo debe avanzar en paralelo con la mesa de negociación, que tiene, o debería tener, tres objetivos claros: nuevo TSJ, nuevo CNE y cronograma para elecciones en 2027.

Claro que necesitamos seguridad para candidatos y electores, libertades políticas, autoridades electorales confiables y garantías de respeto a los resultados. Pero no podemos confundir esas condiciones indispensables con el desmantelamiento total de un aparato criminal construido durante más de un cuarto de siglo.

Venezuela no necesita convertirse en Suiza para celebrar elecciones. Necesita elecciones libres para reconstruir un Estado en el que las armas estén sometidas a la Constitución y no a una camarilla criminal.

Ya basta de dilatar las cosas. Se entiende por dónde van algunos.

Las elecciones presidenciales deben celebrarse en 2027. La reconstrucción democrática, con todos sus obstáculos, deberá continuar después.

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