Democracia. Pocos conceptos despiertan tantas pasiones y definiciones. Sobre todo, hoy, cuando la idea de democracia resulta tan indiscutible y conveniente que hasta autócratas, tramposos electorales y dictadores se autoproclaman sus defensores.
Partamos de lo más básico, de lo que todos deberíamos reconocer: la democracia requiere la existencia de ciudadanos, de personas que sean al mismo tiempo libres e iguales. En democracia, la libertad no es un privilegio, sino que se manifiesta como igualdad de derechos individuales que contempla y defiende la ley. Entre esos derechos está el de participar en la elección de los gobernantes, condición elemental que hoy, por ejemplo, no se cumple en Cuba, Venezuela y Nicaragua.
Pero más allá de lo anterior, de lo más elemental, quisiera dedicar las próximas líneas a comentar la idea específica de la democracia que defendemos en Vente Venezuela; una idea que emerge de nuestros principios, convicciones y difíciles experiencias acumuladas durante largos años de lucha contra una tiranía criminal.
En Vente sostenemos que la libertad no es única ni principalmente una condición que dependa del modo en que esté ordenada una sociedad. Asumimos que todo ser humano cuenta con una dignidad intrínseca, de la cual se derivan directamente su naturaleza racional y su libre albedrío. La conciencia racional de ese libre albedrío es el fundamento de la verdadera libertad, que por extensión amerita el ejercicio de la responsabilidad individual.
Reconocemos así que en la condición humana confluyen tanto una naturaleza como una potencialidad. La naturaleza nos es dada, pero los frutos que puedan emerger de esa potencialidad única e irrepetible corren por cuenta de cada quien. Son, principalmente, obra de nuestra libre voluntad. Por lo tanto, dependen de cuán consciente y éticamente asuma cada individuo su propia libertad, y del empeño que decida poner en la búsqueda de sus metas y sueños.
Pero si esto es cierto para todo individuo, las potencialidades se pierden de vista cuando las personas cooperan para alcanzar metas comunes. Todo poder nace de la relación cooperativa entre seres humanos, y la más poderosa de todas es la de la asociación ciudadana, la cooperación que se produce entre individuos libres e iguales.
Los venezolanos hemos aprendido, por la vía más difícil imaginable, que la dignidad y la libertad de cada ser humano es sagrada
Asumimos además que toda sociedad es reflejo directo del tipo de personas que la componen. Por ende, el mayor poder que puede emerger de la cooperación y la asociación ciudadana es el de una sociedad bien gobernada, donde la justicia sea garantía de la libertad de todos y donde prevalezcan parámetros de subsidiariedad del Estado que respeten y defiendan la inclinación natural de los seres humanos a cooperar para alcanzar sus fines.
Buen gobierno, por consiguiente, será el que procure que cada individuo pueda desarrollar libremente sus potencialidades, de acuerdo con sus preferencias, esfuerzos y decisiones. Ni la familia, ni la comunidad, ni el Estado pueden decidir ni obligar ese desarrollo, pero sí pueden y deben cooperar en la creación de las mejores condiciones para que éste se produzca. El buen gobierno de una sociedad emerge así del esfuerzo corresponsable de todas esas entidades.
De todo lo anterior es fácil concluir que la democracia, tal como la concebimos en Vente Venezuela, es la democracia liberal. Consideramos que ésta es la mejor forma de gobierno creada hasta ahora. Una democracia como ésta sólo es posible cuando existe y prevalece un verdadero orden constitucional, capaz de garantizar la libertad de todos los ciudadanos y la división de poderes entre las ramas de un Estado subsidiario, y cuando los ciudadanos podemos elegir a nuestros gobernantes.
Nadie tiene el derecho de violentar los lazos que espontáneamente hemos creado con nuestros familiares, amigos y frutos de nuestro trabajo
Al final, la democracia nunca está completada ni garantizada. Es un esfuerzo individual, colectivo y cotidiano, una tarea por acometer y perfeccionar todos los días. No se puede ser libres si antes no aprendemos a vencer el miedo y si no estamos dispuestos a conquistar nuestra libertad todos los días.
En Vente nos esforzamos por sembrar estas ideas. Y la respuesta de la gente ha sido conmovedora, no sólo porque buscamos el bien de todos en apego a la naturaleza de las cosas, sino porque también lo que hemos vivido en estos años nos han enseñado profundas lecciones.
Los venezolanos hemos aprendido, por la vía más difícil imaginable, que la dignidad y la libertad de cada ser humano es sagrada; que nadie tiene el derecho de violentar los lazos que espontáneamente hemos creado con nuestros familiares, amigos y frutos de nuestro trabajo; que ninguna persona puede estar bien si sus compatriotas no lo están; y que la libertad jamás estará garantizada si no estamos dispuestos a luchar por ella.
Y por eso, porque llevamos estas verdades talladas en el corazón, sabemos que nuestra lucha rendirá frutos: porque con esa lucha ya hemos plantado los cimientos de la nueva democracia que queremos para Venezuela.
María Corina Machado
Publicado originalmente en el ABC de España


