¿El nacimiento de otro bolichico? El joven de Silicon Valley que se adjudicó un bloque petrolero de PDVSA sin experiencia previa

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MP | Las sombras del pasado reciente parecen repetirse en el sector energético venezolano. Bajo el nuevo esquema de negociaciones tuteladas y acuerdos opacos en el Palacio de Miraflores, la adjudicación de activos estratégicos vuelve a estar envuelta en interrogantes. El último caso en encender las alarmas involucra a Primavera Infinita, una compañía creada en este mismo 2026 y cofundada por Manuel Iribarren, un joven de 28 años criado en el Reino Unido y residente de Silicon Valley, quien logró quedarse con la operación del codiciado bloque Budare-Elotes.

La firma del Contrato de Participación Productiva (CPP) se selló el pasado 2 de septiembre en Caracas, en un acto que contó con la presencia de la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, y el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright. Sin embargo, más allá de la rimbombante puesta en escena, el perfil de sus promotores y la total opacidad sobre las condiciones financieras del acuerdo han desatado suspicacias en el sector.

“Yo vine fue a trabajar”

Al ser consultado al término de un foro en el Startup Venezuela Summit sobre cómo un emprendedor tecnológico sin trayectoria en el sector petrolero pretende reflotar activos complejos, Iribarren esquivó los cuestionamientos con evasivas: “No, no estoy dando entrevistas, no estoy interesado, yo vine fue a trabajar”.

A pesar de su mutismo ante la prensa sobre los detalles operativos y de financiamiento, Iribarren no ha escatimado en proyecciones tan ambiciosas como carentes de sustento técnico conocido: llegó a asegurar que Venezuela —cuyo bombeo actual ronda los 1,2 millones de barriles diarios— podría alcanzar los 10 millones de barriles, una cifra que choca con la realidad de una industria severamente golpeada. Por su parte, la meta inmediata de su empresa es alcanzar los 100.000 barriles diarios a corto plazo, un objetivo publicitario que dista mucho de un plan de desarrollo auditable.

Socios de peso, cero transparencia

Constituida formalmente en 2026, Primavera Infinita combina un entramado de capitales y nombres llamativos. Además de Iribarren, la empresa está vinculada a Fred Ehrsam, cofundador de la plataforma cripto Coinbase y de la firma de inversión Paradigm, y a Dheeraj Verma, expresidente de Quantum Energy Partners. Ehrsam ha calificado la apuesta venezolana como una oportunidad generacional, comparándola con las grandes inversiones de riesgo.

No obstante, la opacidad impera. El contrato suscrito con PDVSA no ha sido hecho público. No se conoce el monto exacto de la inversión comprometida, la duración del acuerdo, los mecanismos de reparto de ingresos ni las garantías de ejecución.

El fantasma de los campos maduros

El bloque Budare-Elotes no es un terreno virgen. Sus campos fueron explotados durante años y formaron parte de un acuerdo previo con una filial de la canadiense LNG Energy Group que terminó siendo rescindido en febrero de este año.

Recuperar campos maduros exige ingentes recursos, infraestructura especializada y mantenimiento profundo —desde la presión de pozos y sistemas de transporte hasta un suministro eléctrico estable, el talón de Aquiles de la economía nacional—. Aunque Primavera ha fichado a exprofesionales de Chevron y de Occidental Petroleum para arrojar un manto de solvencia técnica, la falta de claridad sobre de dónde saldrá el capital y cómo se financiarán las operaciones mantiene abiertas todas las alertas sobre el uso y destino de los recursos petroleros nacionales.

Mientras Washington y Caracas celebran un supuesto nuevo amanecer energético, los fantasmas de la discrecionalidad, los contratos a medida y la aparición de nuevos rostros sin experiencia en la industria hidrocarburífera amenazan con reeditar los peores vicios del pasado corporativo venezolano.

Con información de Bloomberg en Línea

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