Morfema.press | La diplomacia del Departamento de Estado ha terminado por quitarse la máscara. El histórico discurso de Marco Rubio en favor de la libertad, la institucionalidad y la democracia en Venezuela parece haber quedado sepultado bajo el peso de los barriles de petróleo.
Su reciente gira por la India y el encuentro con el magnate Mukesh Ambani —propietario de Reliance Industries— confirman la metamorfosis del funcionario norteamericano: de férreo defensor de los derechos humanos a promotor de una agenda abiertamente extractivista.
Durante su recorrido por el megacomplejo de Jamnagar en el estado de Gujarat, la refinería más grande del mundo, Rubio se deshizo en elogios hacia la «superpotencia de la refinación» india, ofreciendo el crudo pesado venezolano para alimentar sus plantas.
La escena no solo desmiente la promesa inicial de Washington de procesar el petróleo en suelo estadounidense, sino que expone el verdadero papel que se le asigna a Venezuela en esta nueva etapa: el de una mera colonia proveedora de materia prima barata.
Negocios afuera, ruinas adentro
Venezuela cuenta con una de las infraestructuras de refinación más imponentes del hemisferio —el Centro de Refinación Paraguaná (Amuay y Cardón) concebidas para procesar y dar valor agregado a los crudos pesados de la Faja del Orinoco. Sin embargo, tras años de desinversión chavista, el parque nacional se encuentra en ruinas.
Lejos de impulsar o exigir la reconstrucción de las plantas locales para devolverle al país la capacidad de producir sus propios combustibles, Rubio y el Departamento de Estado prefieren desviar el recurso hacia refinerías indias.
La prédica por la reconstrucción institucional y el bienestar de los venezolanos cedió el paso al pragmatismo comercial: garantizar que las grandes corporaciones extranjeras procesen el crudo y capturen la ganancia, mientras las refinerías venezolanas siguen convertidas en chatarra.
La geopolítica del barril sobre los principios
La urgencia por involucrar a Reliance Industries responde a los intereses de la agenda de Washington, totalmente ajenos a las necesidades del pueblo venezolano:
- Intercambio geopolítico: Utilizar el petróleo venezolano como ficha de cambio para convencer a la India de que reduzca sus compras de crudo ruso sancionado.
- Control financiero: Garantizar que las liquidaciones y el flujo de caja del petróleo operen bajo los canales bancarios y licencias supervisadas por EE. UU.
Una lección amarga
El mismo Marco Rubio que durante años prometió una transición democrática sin concesiones hoy encabeza las gestiones para repartir el crudo venezolano en los mercados internacionales. La democracia y los derechos humanos quedaron postergados; en su lugar, la política exterior de Washington abraza sin disimulo el extractivismo más puro.


