Por Xavier Padilla
En su rueda de prensa en la UCAB, @MariaCorinaYA volvió a demostrar que no se le escapa una. Mientras Trump se entretiene anunciando cifras astronómicas de producción petrolera y Delcy Rodríguez reparte concesiones como si Venezuela fuera una finca de su propiedad o el campo de bolas criollas de un club social, María Corina va directo al grano: transparencia en los contratos, licitaciones sin arreglos, seguridad jurídica y respeto a las reglas del juego.
«Nada se asigna a dedo», dijo. ¡Así de sencillo! El petróleo venezolano pertenece a Venezuela, no a quienes se han acostumbrado a repartirlo entre socios, amigos y allegados, como si fueran los dueños de todo lo que encuentran a su paso.
El acuerdo con NABEP concede a EEUU el 35 % de la sociedad matriz y el derecho a comprar el 20 % de la producción al costo. Pero seguimos sin conocer las condiciones completas sobre regalías, impuestos, propiedad del crudo y reparto de beneficios. Tampoco sabemos mediante qué procedimiento se adjudicaron 17 campos petroleros.
¿Quiénes escogieron a ese convicto de Betancourt? ¿Con quién compitió? ¿Quiénes pusieron las condiciones y quiénes se quedaron con las concesiones?
Y María Corina tuvo el cuidado de decir algo de extrema importancia que no salta a la vista: se respetarán los contratos «legalmente firmados». Esa simple frase es todo un detalle de lujo, porque Delcy podrá firmar cuanto papel le digan, pero ninguna firma convierte por sí sola en legal lo que carece de fundamento. A ella nadie la eligió presidenta el 28 de julio de 2024, y ningún negocio petrolero puede darle la legitimidad que no obtuvo del pueblo venezolano.
¿Ven ahora la importancia del 28-J, que no me canso de repetir? Ese mandato no es una fecha para recordar en los discursos; es el fundamento democrático para decidir quién puede comprometer el patrimonio de los venezolanos y quién debe responder por los acuerdos que se firman a sus espaldas.
Y el 28-J puede ser, además, el dispositivo de eyección comercial de Alejandro Betancourt. Por cierto, María Corina debe cuidarse mucho de él. Sus negocios con Washington y Delcy tendrán sí o sí una investigación a fondo, y las denuncias que pesan sobre sus actividades pasarán un escrutinio riguroso. Digo cuidarse mucho de él, porque MCM, con su firme intención de pedir contratos transparentes, licitaciones abiertas y cuentas claras, puede convertirse en la piedrita en el zapato de quienes prefieren hacer negocios en la oscuridad y han acumulado un prontuario sin desperdicio para la ley.
Ya podemos imaginar cuánto ha de molestar una piedrita en el juanete para el sueño de almas tan pobres moralmente.
En cuanto a Delcy, una cosa es la ilegitimidad política de quien firma y otra la validez jurídica de lo firmado. Para determinarla están las leyes, los procedimientos y… también los tribunales. Por eso necesitamos los documentos sobre la mesa, las cuentas a la vista y las condiciones sin letra escondida. Todo irá derechito a donde debía.
Reconstruir Venezuela no consiste en sacar millones de barriles y celebrar las cifras. Consiste en impedir que nuestro patrimonio vuelva a repartirse entre amigos, intermediarios y privilegiados, mientras los venezolanos contemplamos cómo otros se frotan las manos.
Tener ojo de águila es eso: examinar las condiciones, cuestionar las adjudicaciones y reclamar explicaciones.


