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Fatiga post-viral asociada al COVID-19: Diez consejos para atacarla

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Con el progreso de la pandemia, la evidencia clínica muestra un amplio espectro de síntomas y complicaciones en personas recuperadas del COVID-19, como es el desarrollo de neumonía, no obstante ya se observan consecuencias menos agudas, pero igual de preocupantes, como es el síndrome de fatiga post-viral.

Por: Pontificia Universidad Católica de Chile

Este cuadro se caracteriza por una sensación general de cansancio o agotamiento, especialmente asociadas a algunas infecciones virales. Sin embargo, en el caso de los pacientes afectados por COVID-19, este cansancio puede alterar la funcionalidad y persistir durante semanas. La Dra. Solange Rivera, médico familiar y miembro de la Unidad del dolor UC, asegura que: “los síntomas pueden persistir en más del 70% de la población a las 3 a 4 semanas de haber tenido COVID y luego este porcentaje va disminuyendo a lo largo de las semanas. Algunos estudios europeos han mostrado que luego de 2 meses, un 50% de los pacientes pueden persistir con fatiga”. La especialista explica que si bien el perfil del segmento más afectado no está claro, los síntomas pueden ocurrir independientemente de la gravedad o de si el paciente requirió o no hospitalización.

Para Gustavo Torres, académico de la carrera de Kinesiología de la Pontificia Universidad Católica y miembro de la Unidad del Dolor UC, “La fatiga es una respuesta normal del cuerpo a la lucha contra una infección viral como el COVID-19. Puede alterar el sueño, sentirse inestable al estar de pie, así como afectar su capacidad de concentración y memoria. Asimismo, este cuadro puede acompañarse de dolor de garganta, jaqueca o dolor de cabeza, y dolor muscular o articular inexplicable”.

Es importante recordar que el COVID-19 afecta de manera diferente a distintas personas. Su impacto posterior no siempre refleja la gravedad de la enfermedad. Una persona no tiene que haber sido hospitalizada para experimentar fatiga u otros síntomas persistentes. Para la Dra. Rivera, añade: “cuando las personas comienzan a sentirse mejor, es tentador querer participar más plenamente en el trabajo, el ocio y las actividades sociales. Pero en los pacientes que están experimentando fatiga post COVID-19, es crucial que se realice de manera lenta y progresiva. Es bueno comenzar con cierto grado de actividad, pero ésta debe ser fraccionada, lenta e incrementarse gradualmente, según la tolerancia física. Para algunas personas, puede ser necesario un programa de rehabilitación que le ayude a recuperar la funcionalidad”.

En este perfil de pacientes es recomendable un plan de rehabilitación post-COVID en manos de un equipo interdisciplinario, compuesto por médicos, enfermeras, kinesiólogos, terapeutas ocupacionales, fonoaudiólogos, psicólogos y nutricionistas, entre otros. La propuesta incluye una evaluación integral para entender cómo la persistencia de los síntomas ha afectado la vida del paciente y ofrecer rehabilitación personalizada, que incluye actividad física dosificada, evaluación nutricional y manejo del sueño si corresponde.

Para Paula Torrico, directora de la carrera de Terapia Ocupacional UC, que debuta el próximo año, “Las personas que han sufrido enfermedades graves y han sido tratadas en UCI, han de saber que tardarán unos cuantos meses para recuperarse por completo, independientemente de la enfermedad que tengan. Con el COVID-19 se observa que la recuperación también es lenta y larga incluso en aquellos pacientes en los que la enfermedad cursó de forma leve y que no fueron hospitalizados. Síntomas como la fatiga extrema, las palpitaciones, cansancio, los dolores musculares, son solo algunos de los efectos secundarios”.

La académica agrega que actividades cotidianas sencillas como hacer la cama, la higiene personal, vestirse, amarrarse los zapatos, generan gran cansancio. “Hay que tratar de levantarse, de caminar dentro de la casa, subir y bajar escalas. Una pauta de ejercicios y un acompañamiento por parte del equipo tratante, contribuye sin dudas a evitar secuelas a largo plazo”, concluyó Torrico.

Diez consejos para afrontar la fatiga pandémica:

  1. Observa cómo te encuentras por dentro. Dedica tiempo a detectar las emociones negativas y los pensamientos que las originan para transformarlas en positivas con técnicas de distracción, como practicar actividades de ocio que te gusten.
  2. Maneja el consumo de información sobre la covid-19. Dedicar demasiado tiempo cada día a escuchar, ver o leer noticias sobre la evolución de la pandemia puede acentuar la sensación de desgaste y alimentar los sentimientos de angustia y ansiedad. Decide cuándo y cuánto tiempo vas a dedicar a informarte. Evita hacerlo antes de ir a dormir.
  3. Actívate: disfruta de tu ocio. Reservar ratos para el entretenimiento puede ser la mejor terapia en tiempos de pandemia. Dedica tiempo a descansar y estar con tu familia y también a practicar tus aficiones. Puedes aplicar estrategias de compensación: leer ese libro pendiente, organizar por fin las fotos o empezar con ese hobby para el que no disponías de tiempo.
  4. Relájate: aprende técnicas de autocontrol. Practicar de manera regular actividades como relajación muscular, meditación, mindfulness o yoga, e incluso escuchar música en un entorno tranquilo, te ayudará a neutralizar la activación fisiológica del organismo que produce el estrés y te proporcionará un mayor control de los pensamientos y las emociones.
  5. Fomenta las relaciones personales y apoya a los demás. Cuando te sientas muy angustiado o triste, cuéntaselo a las personas en quienes confías. Y ofrécete para apoyarles tú a ellos también: ayudar a los demás mejora tu propio estado de ánimo y reduce el estrés.
  6. Haz deporte de manera regular. El ejercicio físico reduce la intensidad del estrés, fomenta una sensación de bienestar y conlleva beneficios para el organismo. Los expertos recomiendan practicar al día una media hora de deporte, adaptado a la edad y estado físico. Puedes optar por pasear, correr, montar en bici o realizar actividad física en casa. Procura hacerlo siempre a la misma hora y nunca en las dos o tres horas anteriores a ir a la cama.
  7. No restes horas a tu sueño. Descansado, afrontarás mejor cualquier conflicto o situación que consideres estresante. Por ello, trata de ir a dormir siempre a la misma hora y descansar al menos siete u ocho horas diarias. Evita las siestas largas durante el día y, por la noche, evita ver previamente dispositivos electrónicos e ir a la cama con ellos.
  8. Cuida tu dieta. Sigue una dieta saludable, variada y equilibrada que incluya una gran cantidad de frutas y verduras. Sus vitaminas y antioxidantes mantendrán elevadas tus defensas y también te ayudarán a estar de mejor ánimo.
  9. Evita los hábitos tóxicos o poco saludables. La alimentación equilibrada y el deporte deben acompañarse de otros hábitos como eliminar el consumo de tabaco y reducir o eliminar el de alcohol. Sobre todo en la última franja de la tarde, intenta reducir la toma de bebidas alcohólicas o sustancias estimulantes como el café o el chocolate.
  10. Dale importancia a la respiración. Respirar con el diafragma te ayudará a regular los picos de estrés o nervios. Coloca una mano sobre el pecho y otra sobre el diafragma y, a continuación, inspira durante tres segundos por la nariz intentando llevar el aire a la parte baja de tus pulmones, de manera que se mueva la mano sobre el diafragma y la otra permanezca lo más quieta posible. Haz una pausa de tres segundos y luego espira el aire por la nariz o la boca durante otros tres segundos
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