“Se es o no se es”, decía así el gran Rómulo Gallegos. Un corazón pletórico de honestidad ante sí mismo y ante la vida, coraje para hacer del compromiso asumido y del vivir una realidad por encima de las circunstancias. Que cada mañana salía a hacer de la existencia un cumplimiento de su forma de ser inexorable. Cambiaba la vida, el nivel de los ríos, el cielo de azul brillante a amenazante de tormenta, pero él seguía siendo quien era. Plantaba cara y dignidad al universo.
No es así como los políticos opositores, con exiguas excepciones, se ponen frente a los ciudadanos. Pretenden que crean lo que hoy afirman y mañana rechazan. Aspirando a gobernar, a ser líderes, platicando de acuerdo a lo que convenga; sonriendo al sol radiante y escondiéndose del cielo cuando gruñe tempestuoso.
Liderazgos sin fuerza
Los liderazgos perdieron fuerza, extraviaron la virtud. Son enclenques con escasa o ninguna legitimidad que disfrutan la ficción de credibilidad. Asombra la odiosa e insolente prepotencia con la que se pavonean, sorprendiendo la cínica superioridad que atrevidos se atribuyen. Acabados, sin popularidad ni reputación, insisten obsesivos en conservar vigencia. La razón, están cooptados y, en consecuencia, convencidos que adquirieron exclusividad. Con ellos el régimen castromadurista se asegura continuidad.
Sea verdad o solo un mito, la frase de Simón Bolívar llamando a dominar la naturaleza, aunque se opusiese, describe al hombre de limitados y escasos recursos físicos, pero de voluntad por encima de cualquier calamidad. Condujo un país temeroso de ser libre a convertirse en soberano.
Murió humilde, en pobreza, sin embargo, envuelto en valor, coraje y dignidad de ser lo que era; prefirió la lealtad de los pocos cubiertos en el manto de la sinceridad a los aplausos de masas que preferían la firmeza de un francés con codicia de Europa y un monarca idiota, caprichoso, cruel. Simón Bolívar no peleó en todo tipo de ofensivas y beligerancias para adueñarse de cinco países y ponerse en el lugar del rey, sino para sembrar decoro, decencia, compromiso responsable de libertad, que es adeudo cabal y preciado del ser humano.
La pervertida visión marxista
Algunos opositores olvidaron la ética y la moral. Mienten sin rubor ni pudor. Embusteros descarados ofrecen libertades y derechos dejando de lado el compromiso de quien quiere mandar debe asumir como leyes propias de comportamiento. Como el soldado imbécil, estúpido, creyendo que la supervivencia y poder está en el arma que porta y no en el coraje de usarla. Había más alemanes defendiendo las costas de Normandía que aliados invadiendo; sabían que el mar no era escape mientras los germanos tenían un continente para retroceder. Por eso el desembarque en la histórica y fascinante región francesa fue victoria aliada y derrota alemana.
Desesperados, los marxistas por imponernos su visión pervertida. Como aceptar que politiqueros sin trabajar, trepadores, aprovechados, bolichicos y enchufados les vaya mejor que a los ciudadanos afanosos, que producen y mueven el país. Es una locura e insensatez. No puede padecer miseria y necesidades el trabajador honesto para que los parásitos de la política vivan plenitudes, gocen abundancias, se deleiten de excesos, viajen a placer y hablen pendejadas sin parar.
Liderazgos desconectados de la sociedad, con partidos sin ideario, penetrados por la corrupción y socios del régimen. Cualquier arribista, oportunista, que profesa sin sonrojo puede ser y llamarse presidente colocando sus propias reglas. La podredumbre e intereses vasallos hace que países apuesten a ese juego. No es ayuda. La desgracia de estar con Dios y con el diablo.
Pocas esperanzas para quienes sueñan una Venezuela libre y sólidamente democrática; pero si depende de la mordaza del parque jurásico o bozal de carcamanes, estamos jodidos, envainados. Por otra parte, la que se pensaba generación de relevo resultó ser gran decepción cuando se arrodillaron ante los honorarios y la búsqueda del poder por beneficio y provecho, no por encargo de voluntades. Si se llega a un proceso de primarias para legitimar, que las haya, pero no le pidan a Venezuela que otorgue lo que no pueden ni saben dar: compromiso. De ser porque se es.


