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Es lo que es

Venezuela y sus cáscaras vacías

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Por Gerardo Lucas

En la Feria del Libro del Oeste, celebrada en la UCAB la semana del 28 de noviembre al 3 de diciembre y promovida por la Dirección de Publicaciones de esa casa de estudios, tuvimos la oportunidad de asistir al pre-estreno del documental de Carlos Oteyza titulado CAP Inédito: conversaciones desde la Soledad (1998-1999), que nos ofrece una mirada a la vida íntima del líder caído durante los últimos años de su actividad política. Al final de su periplo, y una vez que fracasa en su intento por conseguir la senaduría por el Táchira en las elecciones para la Constituyente, cae en un momento de depresión. Nos impacta el comentario que, a propósito de este descalabro, hizo su jefe de seguridad cuando afirmó que Carlos Andrés había subestimado el hecho de que Venezuela era otra

Venezuela comparada con lo que fue es hoy una cáscara vacía. Cáscara vacía son nuestros partidos políticos tradicionales, ya que los resultados de las encuestas a la población arrojan que menos del 2% de los ciudadanos se identifican directamente con ellos. Cáscara vacía son los organismos gremiales, cuando las empresas que los constituyeron, o no existen, o son sombras de lo que fueron. Cáscara vacía las instituciones del estado, como PDVSA con una paupérrima producción de petróleo extraída por compañías mixtas con socios extranjeros, igual cosa ocurre con SIDOR, Venalum y Alcasa o el Banco Central, que en un momento fue emporio de destacados profesionales, y hoy se ha convertido en vocero de buenos augurios, aun cuando tiene cuatro años sin producir una estadística del Producto Nacional, y no ha logrado controlar a un bolívar desbocado. Cáscara vacía nuestras bibliotecas, la Nacional, la de la UCV o la Ernesto Peltzer, alguna continúa abierta de milagro y no se sabe cuándo fue el último año en el que adquirió un libro. Como estas instituciones hay muchas que son cáscaras vacías.

La debacle de Venezuela ha sido inconmensurable y sin paralelo en la historia contemporánea del mundo, solo comparable con una economía en guerra. La clase media venezolana, fuente de vigor económico, cultural e intelectual, según nos informaba el economista Leonardo Vera en una reciente conferencia, disminuyó su proporción en la población del 62% al 16% actual. Los flujos de fuga de divisas, que anualmente superaban los 2.000 millones de dólares, hoy en día entran en cantidades semejantes como remesas familiares. Anterior a este gobierno, la totalidad de los niños de entre 6 y 11 años asistían al colegio con la beca escolar, el vaso de leche y el desayuno, mientras que en estos tiempos la deserción escolar está a la vista. Ejemplos como estos abundan. Venezuela es otra.

Existe consenso, en todos los sectores del país, en torno a la imposibilidad de revertir esta situación con el actual gobierno. También acerca de que la población nacional pierde, día tras día, la esperanza de encontrar una salida. 

Ante esta terrible realidad olvidamos otra más poderosa. El futuro es inescrutable, al igual que trae calamidades, de la forma más inesperada, trae cambios positivos cuando nadie los contemplaba. Un ejemplo de ello, lo dieron los generales Eleazar López Contreras e Isaías Medina Angarita, que siendo los legítimos sucesores del tirano de los Andes, el general Juan Vicente Gómez, iniciaron la apertura democrática y la modernización económica del país, cuando nadie se lo imaginaba. ¿No tendrá este gobierno en su seno un Contreras o un Angarita? Será posible, como lo dice el padre Luis Ugalde, que se suscite: “un pacto nacional tan serio y consecuente que el próximo gobierno democrático cuente con todas las fuerzas nacionales sumadas y con un inmenso apoyo internacional”. ¿Será posible que la necesidad de petróleo del vecino del norte desencadene una serie de eventos que nos conduzca a la restitución de la democracia?

Todas estas vías, y otras más, podrían encarrilarnos nuevamente al camino de la democracia, por ello no debemos perder el optimismo. La naturaleza humana es la más poderosa de las fuerzas y siempre nos llevará, inexorablemente, a la mejora y al progreso, a pesar de que en la actualidad veamos tantas cáscaras vacías.

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