Quienes indebidamente ejercen la representación opositora, no pueden señalar como aquel militar derrotado, “todo se perdió menos el honor”.
En la Venezuela devastada y un interinato engañado, hasta el honor quedó en el camino. Se puede respaldar jurídicamente, pero muy difícil amparar a quien está siendo víctima de los mismos a quienes defendió, confió su destino político y, con él, futuro de generaciones.
No despertó de un sueño y decidió ser presidente, aunque interino. La cuestión se les ocurrió a otros, producto de cálculos y discusiones, a lo largo de las cuales se dieron cuenta de la porquería que estaban poniendo y mientras criticaban, más fuerte se hacía el régimen castrista, ignorante de generar economía sólida, en cambio, hábiles diseñando perversidades para mentir de forma que parezca no lo están, o que los embustes llevarán a verdades mañana.
A los ingenuos se les puede apreciar, estimar, mirar con simpatía, pero no jugarse la vida por ellos. Le ofrecieron al joven dirigente con ansias de país, un respaldo que duró poco, creó un concepto publicitario con el cual despertó la esperanza, y en eso se quedaron, en titular.
Lo exhibieron por América y Europa, recibió honores y protocolo de mandatario, pero con la misma facilidad después se traicionaron unos a otros, lo abandonaron cuando la gloria ostentada del cargo se atrasaba y el tiempo comenzaba a ser enemigo. Ansiosos de burocracia y prebendas miserables, pusieron oídos a propuestas pequeñas, insidiosas, desleales, que engañan tanto que se mienten a sí mismos.
Los dirigentes de la complaciente oposición, expertos en fanfarronear, descubrieron la tentación de poner en evidencia e incluso fortalecer la posibilidad de que el castro madurismo se derrumbara por la presión internacional, asuntos de normativa constitucional que en los países importantes creen y cumplen sin desviaciones.
Poco faltó para que les funcionara, colocaron a la presidencia castrista en entredicho y buena parte del mundo a fijar la mirada en Venezuela. Uno de los que creyó, el diputado por La Guaira, de activismo político encendido, pero con insuficiencia práctica y exigua experiencia, que lo llevó a confiar en mañosos veteranos de la desvergüenza, duchos en desfachatez política, subestimando con desprecio las excepciones que alertaban sobre la pifia de no escuchar la realidad inteligente, coherencia, formación y osadías suficientes, sin perder la confiabilidad ciudadana; pero prefirió la irracional prosperidad, la absurda incompetencia y la insulto al arraigo, humillándose a la simpleza majadera.
El ciudadano experimentó el concepto general, pero ya no creen en los cabecillas partidistas en su mayoría de escasa capacidad, demostrada durante el interinato, incluyendo el manejo corrupto de los bienes públicos que se les confiaron. Sin embargo, queda esperanza e ilusión en manos y caminos de quienes se han negado valerosos a la componenda colaboradora, al pacto encubridor, al compromiso cómplice, y a la cohabitación alcahueta. Y ante lo acontecido, a pesar de ser escogidos por perjuros e ingratos, habrá que otorgar el beneficio de la duda, a los comisionados de ejecutar la primaria sean honestos, dignos, virtuosos a carta cabal, sin sucumbir al mandato infame de sus proponentes. Ya no pueden evitar el contraste. El país gira hacia la diferencia, a la ciudadanía plena, libre, democrática, liberal, moderna, con ideas y voluntad, sin la carga de zancadillas y patadas históricas.
Los traidores hicieron esfuerzos para que se disolviese, no ha sido obra exclusiva del atrevimiento castro madurista y el fastidio de gobiernos extranjeros. El G4/G3 y sus cúpulas percibieron que se quedaban fuera del juego, que el interino ya no es de ellos. No hay candidato servicial al sistema, que supere el arrojo valiente de quienes coherentes mantienen posición, no negocian principios ni valores, manifiestan verdades y rinden cuenta.
Los que ahora traicionan al interinato, son los mismos que vendieron la Consulta del 16J, entregaron al Tribunal Supremo en el exilio, en los que él, con ingenuidad criminal y pasión estulta, confió, fortalecer el decoro y proteger la dignidad democrática. Sin embrago, prefirieron sustraer en beneficio propio lo ajeno que les fue confiado. Comportamiento equivalente de quienes dicen adversar. El honor entre ladrones es el sentimiento de que incluso los delincuentes tienen un código de conducta entre ellos. Algunos aspectos pueden ser no robarse unos a otros o no testificar contra un compañero criminal. ¿Cómo apoyar a quien se dejó engañar por quienes pensaba gobernar? ¿Podemos confiar en su criterio? Aun con bemoles y justificaciones, la traición es incalificable, la ingratitud inaceptable, el olvido indigno y el abandono innoble. Si tienen algo de respeto, vergüenza y consideración con la ciudadanía, deberían renunciar, hacer acto de penitencia y reflexionar para de nuevo conquistar el aprecio y respeto de la sociedad.
@ArmandoMartini


