La peculiar forma en que opera el llamado G4 es lo que explica el escándalo de Monomeros; el fracaso y la posterior destrucción del Gobierno Interino; la deriva perenne; la torpeza con que se llevan a cabo el diálogo y/o las negociaciones con el régimen e incidentes bochornosos como el reciente de Fernando Blasi, peón de UNT, miembro del CAPA y “representante de la
@AsambleaVE” ante un gobierno de EE.UU. que lo repudia. El affaire Blasi es muy sintomático. El personaje es inamovible a pesar de su bien labrada mala fama, su más que evidente ignorancia e ineptitud y para remate, su agenda “propia” (seguramente de sus jefes políticos) bastante alineada con los mejores deseos – o sueños- de Maduro y sus mafias. Los acuerdos de los cuatro partidos son siempre grises, del más mínimo común denominador; de complacer los caprichos del más vagabundo; de balancear chantajes cruzados, de repartición estrictamente partidista de lo poco que hay que repartir: unos cuantos cargos y un dinero en el exterior que es de TODOS los venezolanos.
Borges, Rosales, Ramos Allup y López sólo son ‘políticos’ en un país donde la política hace rato se volvió negocio, acomodo y/o refugio de vivos e ineptos. No existe visión de país, respeto por la Constitución, trasparencia en el actuar, objetivos compartidos, castigo por los errores o capacidad de enmienda.
El objetivo siempre es salvar cara, cobrar aunque sea fallo y esconder el bulto. En fin, lo que vimos en la empresa Monomeros Colombo Venezolanos S.A., es reflejo fiel de la metamorfosis de la política en malandraje. Si no fuese por acciones tras bastidores de unas cuantas personas decentes, CITGO PETROLEUM, también se habría ‘monomerizado’ en manos de los agalludos habituales del G4.
Esto es lo que el país decente, trabajador y hoy resignado, rechaza con tanto fervor como rechaza, desde siempre, al putrefacto y brutal chavismo. Hacer política frente a una tiranía cruel no es fácil, de hecho es MUY difícil, pero no me digan que la tiranía los obliga a violar leyes, normas y decoro. Eso no es aceptable y no se puede ser jamás alternativa creíble a lo que se remeda sin pudor. La decencia no puede ser la víctima de la cacareada «búsqueda de UNIDAD”.
El reparto de lo nuestro no puede ser el premio de un grupito que por encima de todo ha hecho lo posible por fracasar en sus responsabilidades y así frustrar los sueños de millones de Venezolanos.
Los 7,2 millones que vivimos fuera lo hacemos para escapar de las garras de una dictadura inclemente y corrosiva, pero también hastiados de una forma de hacer política que nos avergüenza y nos condena a no poder soñar con un país que tiene con qué ser MUCHO mejor de lo que ha llegado a ser.
¡Basta ya del criminal @NicolasMaduro y sus infinitos secuaces! ¡Basta ya de un liderazgo opositor que no está – y no quiere estar – a la altura de las circunstancias!
@pburelli


