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La bióloga polaca que conserva los ecosistemas únicos de la Gran Sabana

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Desde que era una estudiante, Izabela Stachowicz tuvo muy claro que lo suyo era acampar a cielo abierto, hundir sus botas hasta la pantorrilla en el barro de una marisma, recorrer largas distancias en canoa sobre un caudaloso río y estudiar la fauna en territorios casi inaccesibles. No concebía pasar su vida en un laboratorio.

Por: Liliana Rivas – Mongabay

Esta bióloga polaca decidió internarse hace diez años en la profundidad de la Gran Sabana, una región localizada al sureste de Venezuela que se extiende hasta la frontera con Brasil y Guyana, armada con su equipo de estudio y cámaras trampa. Al principio, para los locales era solo una extraña mujer blanca que hablaba raro y que seguro había llegado como muchos otros, atraída por la fiebre del oro. Pero con el tiempo, estas comunidades indígenas, principalmente los pemones Arekuna, empezaron a trabajar con ella. Esa colaboración provocó en Stachowicz un cambio de mentalidad y el surgimiento de un propósito superior: preservar los ecosistemas de la Gran Sabana en donde habita una biodiversidad única.

El primer acercamiento a Venezuela fue en 2009, cuando viajó a un curso gracias a un convenio entre su universidad en Cracovia y el Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC). Quedó enamorada del país suramericano y de su gente. Viajó dos veces más y en 2013 decidió quedarse. Desde entonces ha efectuado varios estudios y logrado diversos hallazgos importantes: hizo parte de los equipos que descubrieron las polillas diurnas del género Erateina (Geometridae, Larentiinae) y las curiosas mariposas satirinas del género Protopedaliodes (Lepidoptera, Nymphalidae, Satyrinae), mientras expedicionó muy cerca de la cima del macizo guayanés. También realizó el primer intento de trabajo cuantitativo de mamíferos en La Gran Sabana, enfocado en tres objetivos principales: la fragmentación del hábitat, el impacto de la cacería y del fuego en los grupos de mamíferos grandes y medianos.

La Doctora Stachowicz lleva a cabo investigaciones sobre la fauna y su territorio, apoyando pequeños proyectos impulsados por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), cuyo objetivo es impulsar oportunidades alternativas para las comunidades indígenas que han decidido no realizar minería en el país. Y aunque tuvo que vivir la crisis humanitaria compleja que ha atravesado el país durante los últimos años, no se detuvo en seguir recorriendo el territorio venezolano.

Actualmente enarbola un proyecto que pretende crear una Red de Áreas Conservadas de Venezuela y desarrolla estudios para la protección de la Danta (Tapirus terrestris).

En esta entrevista para Mongabay Latam, la bióloga revela detalles sobre la importancia científica de su visión.

—La mayoría de sus primeros estudios en Venezuela se centran en la distribución y en el comportamiento de mamíferos grandes y medianos en la Gran Sabana, pero también en las perturbaciones causadas por el hombre dentro del ecosistema ¿Por qué empezar por allí?

—Cuando llegué a Venezuela empecé de inmediato a trabajar con las cámaras trampa en la selva y mi interés principal —al menos en un principio— era el jaguar (Panthera Onca). Pero luego me di cuenta que no existía ninguna información sobre los registros de especies en la zona, solo había un esfuerzo en los años 60 dirigido por el Instituto Smithsonian. Pensé que era una buena idea hacer un primer intento de trabajo cuantitativo, que fuera una línea base para futuras investigaciones. Queríamos que estos registros nos permitieran evaluar el impacto de la fragmentación del hábitat, de la cacería y del fuego en grupos de mamíferos grandes y medianos, observando su presencia y comportamientos.

—¿Y cuáles fueron los resultados?

—Confirmamos que cuando disminuye el parche (de bosque) o se fragmenta por deforestación, el grupo de los mamíferos que desaparece primero es el de los carnívoros, como el jaguar y el puma, mientras que los herbívoros no tanto. Observamos también qué ocurría con el fuego en las diferentes especies, entendiendo que este es un elemento cuyo proceso a veces puede ser natural para la sabana así como también, en algunos casos, tener un impacto muy negativo para los mamíferos. Esto resulta una tarea bastante compleja, pero estamos analizando la distancia entre las especies y los eventos de fuego en diferentes períodos de tiempo.

Hemos descubierto que entre las especies que de alguna manera se ven atraídas por el fuego —usando unos modelos de occupancy— está la danta. Algo que nos sorprendió porque todo lo que sabemos de ecología de esa especie es que busca casi siempre un bosque primario.

—¿Entonces el fuego no resulta un peligro para la especie?

—Sí, pero lo curioso es que las dantas regresan a los sitios donde hubo fuego. No quiero decir que vuelven en la misma semana, podría pasar un año, incluso dos años para que eso ocurra. La presencia de la danta en un sitio así es señal de que ya se están recuperando los recursos. La vegetación es muy joven pero para la danta, por lo visto, es una nueva fuente de alimento. Igual nos salió esa relación positiva para los monos capuchinos (cebus sp), lo que es todavía más sorprendente porque se trata de una especie que necesita las copas de los árboles para poder vivir. Esta investigación sigue abierta e intentamos entender por qué regresan a estos lugares y cuáles son los recursos que buscan.

Lea la entrevista completa siguiendo este enlace a Mongabay

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