Una fascinación, no sin cierta carga de incredulidad arropó, como un manto de sarcasmo, a los sectores políticos del país, que aun parecían en shock un día después del triunfo absoluto de María Corina Machado en las primarias de la oposición.
Por: Sebastiana Barráez – Frontera Viva
La estrategia del partido de Gobierno arrancó hace muchas semanas con Diosdado Cabello repitiendo que esos comicios no se realizarían mientras incitaba a la discordia entre los candidatos; apostaron a que las amenazas de botar empleados, suspender bonos y bolsas de alimentos, surtiría efecto.
Nada detuvo la avalancha de electores; ni el fantasma de los grupos de choque, ni la prohibición de transmitir que Conatel impuso a radio y televisión, ni la suspensión del suministro de combustible en casi todo el país, ni la prohibición de usar las escuelas como centro de votación.
Pero sucedió algo más, no hizo falta el Plan República, como dijeron, en conversación con Infobae, militares en situación de retiro que se formaron en los distintos componentes.
Tradicionalmente en las elecciones en Venezuela los militares juegan el rol de mantener el orden en los centros de votación y la custodia del material electoral, con el llamado Plan República.
Los militares pasaron de gozar del respeto y aprecio de la sociedad civil como una institución de todos los venezolanos a ser considerados el brazo armado del régimen venezolano, perdiendo con ello la validez de actor independiente en la diatriba política.
En las elecciones primarias hubo participación de un importante número de votantes que se concentraron en los centros de votación, algunos incluso al aire libre, alineados en largas filas donde pacientemente esperaban para ejercer su voto.
No hubo soldados armados ni nadie que controlara las masas de electores y aun así no ocurrió un solo hecho de desorden público, los dos incidentes los causaron los mal llamados “colectivos”, quienes llegaron con sus motos y sus armas a sembrar miedo y a robarse las cajas de los votos.
Ni siquiera eso empañó el hermoso acto de civilidad que, contra toda adversidad, se llevó a cabo el domingo 22 de octubre.
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