Por Vladimir Petit Medina
Jaime Lusinchi
La simpatía hecha político.
Quizás es el presidente con el cual pude compartir más…hasta ahora. Jugué dominó con él muchísimas veces. Es más, era su pareja cuando jugábamos los muchachos con los mayores.
Una vez tiró una tranca lanzando la piedra con tal fuerza que pasó a milimetros de mi cabeza y después de mucho buscarla nunca la conseguimos. Le daba al ritmo y era un contador de historias fabuloso. En su casa nunca faltaba alegría y disposición para celebrar. Sus chistes no perdonaban a nadie, se tratara de Gonzalo Barrios, CAP, Caldera, Jóvito, Manuelito Peñalver y LHC. Eso sí, era un padre pendiente que no rehuía el compromiso cuando le citaban al colegio por alguna cosa que hubiesen hecho los hijos…especialmente Alvarito.
Durante su campaña no cambió su trato con quienes acompañamos a Caldera. Nunca. De hecho, al día siguiente de su visita a la UCAB organizada por mi pana Liliana Hernández, llamé a Álvaro y fuimos a visitar al viejo. Le conseguí convencido de que su acto en la universidad había sido mucho mejor que el de Don Rafa. Y ciertamente creo que le había ido muy bien porque preguntas malintencionadas las había convertido en afirmaciones felices correspondidas con fuertes aplausos. Recuerdo que dijo: -Voy a ganar por una diferencia histórica¡ y así fue.
Como es fácil de advertir, su trato era muy diferente al de por ejemplo Don Rafa. Jaime Lusinchi constantemente salía con una ocurrencia a flor de labios que conquistaba la atención hasta del peor adversario.
Su gobierno fue el típico caso venezolano de una administración no muy bien evaluada presidida por un tipo muy querido. Y eso fue de gran ayuda para el regreso de Pérez al poder. Recuerdo que especialmente Luis Alberto Machado nos pedía no enfrascarnos en atacar a la administración Lusinchi a la hora de buscar votos para El Tigre. Decía que Jaime salía de la presidencia con muchísimo cariño popular y que era inútil fajarse a criticarlo durante la campaña. Y algo hay que reconocer: durante la presidencia de Lusinchi nadie creía que se estaba incubando una crisis de grandes proporciones. Incluso, unas semanas antes de tomar posesión CAP II, el nuevo equipo económico del Presidente entrante mantuvo una serie de reuniones con los principales dirigentes del país en el Hotel Caracas Hilton. Allí básicamente se buscaba consenso político que respaldase las medidas que ya se tenían preparadas. Los protagonistas de la vida nacional salían asombrados y con severos reparos en dos sentidos: no creían lo que les habían expresado en escalofriantes cifras y advertían que no podían respaldar un conjunto de medidas que precisamente le correspondía enfrentar a los dos compañeros que se sucederían en el poder pocos días después. De hecho, el día de la transmisión de mando, Pérez agradeció a Lusinchi por una…¨entrega tranquila, ejemplar…como corresponde a dos compañeros de militancia y de afectos¨.
La última vez que ví a Lusinchi me hizo reir durante una hora. Lanzó cuentos de Alvarito, Gonzalo Barrios y al final se fajó con quien llamaba La Catedral: Rafael Caldera.
Ramón J. Velásquez
Historia viva. Un honor compartir con el mejor testigo de la historia que se escribía día a día.
Ramon J era un fuera de serie y conocerlo… un privilegio inolvidable. Ser buen amigo de Gustavo y José Rafael Velásquez me permitió hablar varias veces con Ramón J., al decir de Luis Herrera ¨la otra J más importante en Venezuela junto a la de Isaac J Pardo¨. Los encuentros con él eran como sentarse a hablar de un tirón con Bolívar, Páez, Betancourt y Gómez alternativamente. Era posible brincar de uno a otro personaje con total libertad y siempre había una anécdota, una referencia y hasta un chiste. Eso sí, se hablaba mientras comía una grasienta, enorme y humeante empanada.
Con él hay tres momentos estelares para mí.
El primero fue en ocasión de su única memoria y cuenta ya que poco después entregaría el mando. Allí estaba yo como diputado y arranqué a aplaudir cuando hizo la mayor muestra de desprendimiento que le he visto a presidente venezolano alguno. En una parte de su discurso y hablando desde lo más profundo de su alma dijo: ¨En una semana, cuando entregue el mando al presidente electo Rafael Caldera, será el día más feliz de mi vida¨. En la Venezuela donde la permanencia en el poder es religión eso solo podía decirlo alguien muy grande, una persona que nunca quiso ser lo que terminó siendo por fuerza de las circunstancias y el consenso que despertaba…un ser de otro mundo. Eso era Ramón J.
El segundo momento fue cuando escribía mi libro Chávez y la perversión del ejército y pedí una cita de validación de varios hallazgos. Como siempre la empanada grasienta en la mesa…un clima relajado y la palabra amena. En una de esas contó una anécdota que nunca olvidé:-Mire Petit, Betancourt conocía muy bien este país y su gente. Fíjese que una vez Miguel Ángel Capriles fue a hablar con él y le dijo…-Rómulo… poco antes del 23 de enero, Pérez Jiménez ordenó el cierre de Ultimas Noticias y El Mundo, mis periódicos. Eso porque fuimos constantes en el apoyo a la democracia. Pero ya que el dictador es historia y tu eres Presidente, te pido me quites de encima esa medida. Betancourt le vio fijamente y dijo que iba a averiguar bien el asunto y que volverían a hablar. Una semana después se reencontraron y Betancourt le dijo:-Mira Capriles…no te voy a quitar la medida. Nunca se ejecutará…pero con lo travieso que eres…es bueno para república que alguna espada de Damocles te quede cerquita de la cabeza porsia. Y largó la risotada¡ Al final, el día antes de irse de la presidencia revirtió la orden de cierre. Reveladora historia¡
El tercero es cuando ya estaba en la revisión final del mismo libro sobre el ejército en tiempos del chavismo y nuevamente pedí hablar con él. Le expuse la idea central de mi libro y con gran paciencia me aconsejó cómo abordar la relación entre la presidencia y los mandos operativos castrenses. Eso lo manejaba con la experticia de quien participó con Betancourt del proceso de liderar un ejército perezjimenista hasta convertirlo en uno democrático en medio de la lucha contra la insurgencia armada. De hecho Betancourt se ocupó de persuadir mando a mando para la nueva relación, para lo cual fue estratégica la presencia cercana de Ramón J. Velásquez, imponiendo prácticas de relación personal no siempre publicables, tal y como él mismo lo dijo.
Un reconocimiento especial
Este ciclo de los 3 artículos dedicados a aquellos presidentes que nos gobernaron y conocí, no podían terminar sin un reconocimiento sentido a dos aspectos que les distinguieron:
- ninguno nació en cuna de oro. En efecto creo que en la historia de Venezuela el último presidente nacido en cuna de oro fue Bolívar. Pero la política a partir de Paéz tuvo mucho empuje hacia el igualitarismo. Betancourt, hijo de Isleño pulpero y nacido en Guatire, Caldera, hijo adoptado y nacido en San Felipe, CAP hijo de campesinos y comerciantes de Rubio, Luis Herrera, llanero de Acarigua y Ramón J. nacido en San Juan de Colón de Táchira. Todos meritorios venezolanos del interior, comprobadamente venezolanos y muchos de extracción particularmente humilde que se superaron y convirtieron en referencias fundamentales para la historia de Venezuela; y
- todos tuvieron visión geopolítica mundial o latinoamericanista, cuando menos, es decir, el destino de las naciones hermanas nunca les fue ajeno. Desde Bolívar a esta parte, los venezolanos que han dejado impronta han velado por la libertad, la democracia y el respeto a los DDHH en los otros países. Betancourt hizo de todo para que la socialdemocracia se extendiera y brindó la mano a gente como Haya de La Torre. Caldera fue un faro de referencia y expansión de la democraciacristiana y tuvo en su histórico canciller, Arístides Calvani, un embajador itinerante sembrando los mejores principios en LATAM. Además el Ifedec fue el centro de estudios donde se sembraba pensamiento y acción política de primera para latinoamericanos distinguidos. CAP fue precursor de movimientos como el de los no alineados que llegó a presidir y fue otro Torrijos en la lucha por la recuperación del Canal de Panamá para los panameños. Luis Herrera apostó a la democracia especialmente en Centroamérica y el Caribe, no titubeó en ninguna circunstancia y respaldó los esquemas expansivos de Calvani. Lusinchi continuó la política de solidaridad formativa de CAP. Ramón J quizás no tuvo tiempo para eso pero seguramente lo hubiese hecho igual.
Bien decía un sabio profesor de la Escuela Kennedy de Harvard, Michael Goldman: ¨La democracia venezolana fue la locomotora de américa latina, no solo en lo económico sino especialmente en lo político¨.
A ninguno de estos venezolanos los hubiese frenado un Foro de Sao Paulo, ni el Grupo de Puebla ni la Internacional Progresista. Estos eran demócratas formados bajo la admiración al gran caraqueño que se sentía responsable por la américa toda: Simón Bolívar. Y no necesitaron usar la imagen de El Libertador como muleta para la política ni escudarse tras su nombre para realmente ser más bolivarianos que quienes entregaron el Esequibo, permitieron que la bota oprobiosa que quiso invadirnos por Machurucuto hoy reinara en Fuerte Tiuna y se aliaron con lo peor de los intereses fundamentalistas del mundo.
Pero esa es otra historia.
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