Narcotráfico, contrabando y venta de armas: los negocios que el ELN controla desde el Delta del Orinoco

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En el corazón de la desembocadura del río Orinoco, que se extiende a través unas 3.000 ramificaciones fluviales y que conforman al estado Delta Amacuro, vive una población mayoritariamente indígena que no es ajena a la emergencia humanitaria compleja que se padece en otras entidades venezolanas.

La Patilla

Ante la desidia y el abandono del Estado, organizaciones de la sociedad civil asumen la responsabilidad de ayudar a los sectores más vulnerables de la región deltana. Eulises Sanguino, miembro de la Congregación Misioneros de la Consolata, la misma donde colaboraba el sacerdote de origen nigeriano, Josiah K’Okal, que apareció muerto en la carretera nacional Tucupita-Barrancas, relata la labor que realizan en las diferentes comunidades waraos.

El trabajo central de los misioneros se enfoca en la parte religiosa, es decir, la educación católica, pero también apoyan en el ámbito social. En este aspecto, menciona que apoyan el área médica con ayudas hospitalarias, quirúrgicas, emergencias.

También organizan cursos y talleres de panadería, costura, computación, idiomas, barbería, entre otros, para formarlos en el área laboral. Su empeño es que los más jóvenes no abandonen sus estudios, desde que comienzan el preescolar hasta el bachillerato.

“Como misioneros atendemos diferentes comunidades indígenas del Delta Amacuro. Ayudamos con entrega de arepas dos veces por semana, en la comunidad donde está el vertedero (Guasina) se hacen comidas para unas 300 personas entre adultos y niños. En diciembre se hizo entrega de ropas que se consigue por medio de donaciones. Contamos con el apoyo de Cáritas de Venezuela con jornadas médicas de forma gratuita con profesionales que lo hacen voluntariamente”, narró Sanguino.

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