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Discurso de orden pronunciado por la doctora Sary Levy Presidente de la Academia de Ciencias Económicas, a los graduandos en Maestrías en Administración, Gerencia Pública, Finanzas y Mercadeo 2022 del IESA

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Discurso de Orden en la graduación de las Maestrías en Administración, Gerencia Pública, Finanzas y Mercadeo del IESA, pronunciado por la doctora Sary Levy, presidente de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Miembros del Consejo Directivo y de la Junta Directiva del IESA, personal docente y de investigación del Instituto, estimados Graduandos, Sras y Sres.
Recibí con satisfacción la invitación del prof. Jaramillo, Director Académico del IESA, así como la comunicación del Dr. Machado, Presidente del Consejo Directivo, para dirigirme Uds. en un momento tan especial en el desarrollo profesional como lo es un Acto de Grado.

Se apunta que el premio por una cosa bien hecha, es haberla logrado y que cualquier reconocimiento, no es sino un extra, algo que no se espera, pero que definitivamente, se disfruta.

Un momento de grado, como el de hoy, es eso, la presea tras un largo recorrido que cierra un ciclo y abre otro, por lo que deviene en momento de reflexiva evaluación y anticipación al futuro, en un entorno por demás incierto.

Vivimos momentos de complejas mutaciones: irrupciones tecno-económicas, fracturas socioculturales, tensiones geopolíticas, riesgos ambientales, sismos paradigmáticos. Una época saturada de cambios, que por su multidimensionalidad, interdependencia y potencia anuncian desde hace décadas un Cambio de Época… Una nueva era con nuevas formas, nuevos actores, nuevas dinámicas, algunas que aplaudimos, otras que lamentamos, algunas que aún no entendemos. Sociedad del Conocimiento, del Talento, de la Información, Sociedad en Red, Sociedad líquida, Sociedad de la Transparencia, son algunas de las aproximaciones que la definen. Y a falta de un término asertivo se destaca lo que fue y ya no es: Post-moderna, post-industrial, post-capitalista, post-fordista… Y en esos singulares momentos, donde las certezas hacen agua, el mundo de posibilidades se hace tan infinito como el temor a lo desconocido.

Un blanco lienzo que espera ser pintado y en nuestras manos un pincel movido por nuestro pensar, experimentar y sentir.

La base de la sociedad del conocimiento es la capacidad de utilizar o generar saberes para innovar en los procesos humanos. La innovación es elemento medular del cambio, por su capacidad de impulsar el desarrollo y mejorar la calidad de vida de las personas. Ella es fundamental para hacer frente a los grandes retos de la humanidad: longevidad, pobreza, salud, educación, respeto a la alteridad, cambio climático y cuido del medio ambiente. Requerimos mucha creatividad e innovación en nuestras sociedades para lograr un aumento general en el bienestar de casi 8 mil millones de personas que sea sostenible, ambiental e inter-generacionalmente.

Así, hemos de reevaluar nuestra sociedad, no para controlarla, sino para permitirle emerger. El reto es pensar en términos de escenarios abiertos y dinámicas con realimentación virtuosa, de personas libres y responsables, cada una tomando sus propias decisiones a partir de la información disponible, para lograr sus objetivos, en armonía con su entorno.

La sociedad del conocimiento se fortalece en la medida que los individuos desarrollan sus capacidades, y ello se favorece por un sustrato de oportunidades: sociedades abiertas con libertad de formación, expresión y acción; una sólida institucionalidad claramente orientada a estimular la eficiencia, la calidad y la valoración del mérito; la posibilidad de acceder al denso tejido de vínculos globales; así como el conjunto de estrategias que permitan la concreción de nuevas propuestas.

Todo ello inmerso en la vertiginosa y cambiante dinámica actual que se observa en todas las esferas de acción.

En el plano económico, hablamos hoy de la economía colaborativa y de la economía compartida, de mercados con explotación intensiva de bienes ociosos y de desecho, con debilitamiento del rol de la intermediación, y de un cambio de patrón energético. La revisión de las cadenas productivas, la impresión 3D, el blockchain, los nuevos materiales, redefinen patrones productivos y ni se diga ahora tras la pandemia del COVID. Los prosumidores dinamizan el proceso económico, las plataformas digitales definen las reglas y las opiniones dejadas en la web califican el éxito. Las start-ups se apalancan por crowdfunding y entre los medios de pago aparecen los criptoactivos. Un ambiente anónimo en el que alquilamos un activo por unos días e incluso lo compartimos con extraños, y confiamos en sus opiniones sin saber quiénes son…. Una controversial conducta para aquellos que viven una sociedad de alto riesgo…

A su vez se informalizan las transacciones y las actividades, los fiscos se ven disminuidos, la capacidad de amalgamar la sociedades nacionales se debilita, se redefine la territorialidad y finalmente se violenta al Estado-Nación como institución de organización social, tanto por la relevancia de lo local como de lo global, por la tensión entre lo público y lo privado, y se restructuran las identidades llevándonos a considerar subjetividades múltiples y cambiantes.

Tal y como ocurrió en los siglos XVIII y XIX, los cambios tecno-económicos y sociales perturban las dinámicas políticas. Destaca el empoderamiento individual, particularmente de las nuevas generaciones por el acceso a información, que se expresan y organizan por medio de las redes sociales. Asimismo resalta la horizontalización del poder, por el surgimiento de nuevos actores que compiten y desplazan a los actores tradicionales y donde la hegemonía resulta parcial y únicamente temporal.

Como cualquier momento crítico en la historia, el actual nos exige adaptación, solo que los plazos son cada vez más breves, y la capacidad de ajuste o reacomodo no alcanza esa velocidad exponencial … Cuando finalmente nos aprendemos el juego, nos cambian las reglas!

De otro lado, hoy no dependemos únicamente de hipotetizar cómo se comportan las sociedades, si somos egoístas o altruistas, si somos cortoplacistas o pensamos a largo plazo, si nos comunicamos mucho o poco y cómo: Nuestras acciones dejan huella en el ciberespacio y como el mejor sabueso, podemos hacerles seguimiento, incluso en la DarkWeb, si se tuviera la habilidad.

Los estudios conductuales en lo económico, político y sociocultural cuentan hoy con una herramienta única que, combinada con las investigaciones neurológicas, prometen una tremenda asertividad.

Los trazos que dejamos en la red se constituyen en sendas bases de datos de alta frecuencia, la Big Data, que a la inteligencia artificial, a partir de la computación evolutiva con sus múltiples algoritmos genéticos y su mapeo multidimensional de redes, le permite exponer nuestro comportamiento, su compleja dinámica. Vale advertir, que ello no nos ofrece certeza predictiva, pues sabemos que nos movemos bajo el manto de la incertidumbre y la complejidad.

Y en ese interactuar, con realimentación constante, emerge el cuestionamiento: estaremos decidiendo nuestras vidas, o llegaremos a ser reflejo de algoritmos que toman todas las decisiones por nosotros? La inteligencia artificial nos va a dirigir a un mundo donde estaremos recibiendo todo aquello que nuestros perfiles predicen que queremos o merecemos recibir? No estaremos cediendo demasiada libertad sin darnos cuenta? Qué pasa con la individualidad en una Sociedad Transparente?

Paralelamente, la genética, avanza a pasos agigantados y mientras se habla de un desarrollo de la salud que libera al individuo del sufrimiento y la enfermedad, se cuestiona el Libre Albedrio: respuesta condicionada tras 4 billones de años de evolución que ha definido nuestra subjetividad o sustrato vital que nos hace responsables de nuestros actos y nos hace seres morales?

Preguntas que nos hacen tragar grueso, que obligan fría reflexión.

Sea nuestra respuesta condicionada genéticamente o autónoma y social, libertad y responsabilidad constituyen una dualidad inseparable. Al final es la valoración ética del uso que hacemos de nuestras creaciones el baremo que marca la calificación. Y ello ha de servirnos de brújula a la hora de buscar un referente en momentos propositivos y de toma de decisiones, particularmente en quienes ejercen roles de liderazgo y gerencia, en cualquier espacio u organización, sean a nivel operativo o estratégico.

En este mundo incierto y volátil, de explosivo avance tecnológico, todo apunta a que es la autonomía moral y el desarrollo de una comunidad ética el más valioso anclaje para impulsar un mejor presente y un futuro posible.

No se me ocurre nada más imprescindible a considerar para el rescate y construcción de nuestra Venezuela, que vive momentos aciagos dada su desintegración territorial, su menoscabo institucional, la destrucción económica, el envilecimiento político y el desmembramiento social al que ha sido sometida en este siglo. Lograr para nuestro país una institucionalidad virtuosa que tenga como eje rector el desarrollo de su sociedad, vinculada en paz al concierto de las naciones, a partir del fortalecimiento del individuo, favoreciendo espacios de libertad responsable para su accionar con dignidad.

Sras y Sres graduandos, vaya con estas palabras, mi sinceras felicitaciones por sus logros y mis deseos de éxito profesional

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