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Historias del Copei que conocí (XVI): Sobrino, dígame la verdad… por Vladimir Petit Medina

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-Sobrino…yo se que ud es un hombre serio y no me va a mentir. Por eso le llamo…me dijo con voz angustiada mi tío Esteban Petit Da Costa quien llamaba por celular desde Valencia aquel 13 de abril de 2002. -Dígame tío, contesté con curiosidad.   -Es que me puse a celebrar con su tío Otto y amigos aquí en El Trigal y arrancamos a beber desde el 11 de abril. Caí fulminado el 12 en la tarde casi noche. Hasta cohetones tiramos. Me levanté a media tarde de hoy y los vecinos mamadores de gallo me quieren convencer que Chávez viene de vuelta y eso no es posible. Entonces estoy buscando alguien de confianza que me diga la verdad pues…remató el desesperado tío.-Es cierto tío. No es broma. De hecho esperan que en unas horas Chávez esté de regreso en Miraflores y le hable al país. -Sagrado Corazón de Jesús¡ No puede ser¡ A pea tan mala la mía¡ Noooo¡ No¡ ….remató el tío ahora desesperado.  -Paciencia tío…esto estuvo muy mal hecho. Y bueno…¡viene pa´tras¡ -Qué desastre¡ Gracias sobrino….y cerró la comunicación con tristeza inocultable.

Así culminaba ese ciclo. Ahora la historia.

Unos días antes, el 5 de abril de 2002, nos visitó en casa mi buen amigo Luis Carlos Solórzano. En ese momento le advertí de la enorme presión popular que se traducía en una intranquilidad inocultable. Le dije: -El liderazgo de Chávez registra un punto de inflexión y aquí va a pasar algo ¿Qué? No lo sé…pero algo va a suceder. En aquel momento no podía imaginar la magnitud de los acontecimientos por verificarse ni mucho menos pero aquella noche nos despedimos con la consigna de estar pendientes el uno del otro como cuando el Caracazo. Esa misma noche Nitu estuvo muy inquieta porque decía: -No tenemos idea de lo que es pero…se siente la angustia general. Casi a medianoche del 10 de abril nos visitó Carlos Ortega. Conversamos brevemente y dijo que había algo preparado pero que no manejaba la información completa…y que en la inminencia del asunto todo indicaba que podía ser algo grande a partir de la caminata del 11 de abril.

Aquel día Nitu salió a marchar con varias amigas, entre ellas Pilar Leonardi y Malula. Quedamos en que mi papá y yo las conseguiríamos en la avenida Bolívar, cosa que hicimos. Sin embargo, por precaución llevé un bate que siempre tenía en mi oficina y que fue lo único que conseguí…porsia. Así que con el bate en la mano, marchamos. Nunca vi una concentración tan grande y decidida. Era increíble. Cuando llegamos a las escalinatas del Calvario todo estaba detenido. Parecía una olla de presión aquello. Entonces mi papá, con la veteranía que dan los años dijo. -Esto parece una emboscada…¡mejor vámonos¡ Enseguida nos abrimos paso hacia la estación del metro frente al congreso de la república. Cuando llegamos allí, Nitu echó una mirada hacia la avenida Urdaneta mientras decía: -Creo que la gente se está concentrando allá. Caminemos hacia allá¡  Mi respuesta fue inmediata: -No señor. Nos vamos ya¡ Y logramos meternos en la estación del metro. Cuando bajábamos hacia el andén oímos la primera ráfaga de disparos.

La gente corriendo y gritando abordaba el metro desesperada. Un tipo de Cametro me dijo: -No puede entrar al vagón con ese bate en la mano, a lo que riposté inmediatamente: -Mire a su alrededor¡ Aquí entran con armas y ¿me vas a quitar mi bate? Ven a quitármelo pues¡ En eso, una nueva ráfaga obligó al conductor del vagón a cerrar las puertas y arrancar en dirección Chacaito. Del funcionario de Cametro no supimos más. Cuando finalmente llegamos a la estación Sabana Grande y salíamos para aproximarnos a nuestra oficina, nos conseguimos con una mini marcha chavista que rompía ventanas a su paso. Decidimos no movernos hasta que pasara la turba. Casi una hora después pudimos llegar a la oficina, buscamos los vehículos y arrancamos para nuestras casas. Solo entonces pudimos ver por tv las imágenes de todo lo que había pasado en Llaguno. Aún espantados, Pérez Osuna se fue para Globovisión a cubrir los acontecimientos. Todos sabíamos en ese momento que estábamos frente a algo realmente duro. 

En el interín, fuimos testigos de dos eventos históricos que marcarían aquel tiempo para siempre: la cadena nacional en la cual en pantalla dividida se transmitían al presidente y las manifestaciones que en las calles se desarrollaban a la vez y unas horas después, la entrega de Chávez a un grupo de oficiales y la indefinición de aquellos. Nada fue igual después de esos dos hechos.

Al día siguiente, mientras Carmona y su gente despachaban en Miraflores y la tv cubría aquello, recibí la visita de dos viejos amigos de la JRC: Adaúlfo Jiménez, aka Atahualpa, que en paz descanse y José Gregorio Correa. Ambos manifestaron que iban a Miraflores porque de allí saldrían con algún cargo público importante en la nueva administración. Sentían que aunque no habían tenido relación alguna con los sucesos en marcha, había una oportunidad que aprovechar porque en el palacio de gobierno se repartiría el poder de Venezuela ese preciso día. Les aconsejé que no lo hicieran, que aquello lucía como una maniobra de Fedecámaras y que un golpe de ese tipo fraguado por la oligarquía corría el riesgo de caerse. No hicieron caso sino que por el contrario pidieron estuviera atento a la tv ya que me saludarían desde Miraflores. Así lo hicieron sistemáticamente durante la transmisión televisiva, incluso posaban felices. Me cansé de llamarles para que se fuesen de allí. Nada. En la tardecita, regresaron a mi casa. Correa dijo: -No solamente logramos el cargo sino que mañana lo asumimos: trabajaremos con Leopoldo Martínez Nucete, nuevo ministro. Él mismo nos pidió que mañana a primera hora recibamos el despacho como comisión de enlace. Mi respuesta fue enérgica:-¿Uds están locos? Pero no se podía razonar con los muy orgullosos nuevos funcionarios. Se fueron a celebrar. Al día siguiente les llamé temprano y estaban en plena transmisión de mando. Hablando bajito, Correa dijo:-Hermano tranquilo, ya estamos recibiendo el vehículo oficial del ministro y Leopoldo se juramenta esta tarde. Mañana vendrá por primera vez a su despacho. -¡Salgan de allí¡ ¡Eso va pa´tras¡ les advertí…pero nada parecía detenerles. Como a las 2 horas recibí su nueva llamada:-Hermano esto es grave…necesitamos consejo: estábamos recibiendo el despacho y firmando el acta de entrega cuando comenzaron a sonar cohetones. Ese ministerio queda a unos escasos 300 metros de Miraflores. Al funcionario que nos hacía la entrega le preguntamos hasta con humor: -¿Gente celebrando que hay nuevo gobierno? Y el tipo con voz de molestia y mirada de fuego cual Chucky dijo: -Mejor que eso…¡es el soberano exigiendo el regreso de su Comandante-Presidente¡ Con los pelos parados salimos enseguida de allí en el carro oficial del ministro, que era el único a mano ¡Ni Starsky y Hutch marcaron la milla tan rápido¡ ¡Ahora no sabemos qué hacer con este carro¡ Aún sorprendido con el cuento alcancé a sugerirles: -Arranquen para sus casas…¡dejen ese carro a buen resguardo donde puedan y corran¡ Horas después me enteré que habían abandonado el carro con la llave pegada en una avenida y un cartelón artesanal que decía: vehículo oficial del ministro de economía y finanzasfavor devolvérselo….y corrió cada quien para su casa. A la mañana siguiente uno de ellos aterrizaría en USA donde se quedaría una temporada para después regresar a Venezuela en un plan muy diferente y el otro fue a dar a Suiza, donde poco después perdería la vida en un trágico accidente de tránsito.

Esa misma tarde del 13 comenzaron las inolvidables transmisiones de radio Francia en las que se escuchaban los enfrentamientos dentro de Miraflores.

A todas estas nada se sabía de Carlos Ortega. Sin embargo, una llamada revelaría lo que realmente acontecía con él y sería la mejor evidencia del momento desastroso de aquella operación. Una buena amiga de Ortega y de Carmona a quien conocimos en las manifestaciones, Irma Mayz, llamó a casa: -Vladimir quiero pedirte por tu amistad con Carlos Ortega que nos ayudes a conseguirlo. Aquí en mi casa en Sebucán están el Almirante Molina Tamayo y el Presidente Carmona Estanga y…pues…están un poco afanados porque no logran hablar con Carlos desde la noche de Venevisión. Es urgente que conversen. Con el asombro pintado en la cara me controlé para decirle: -Déjeme ver si lo consigo y le informo. Cerré el celular  y acto seguido logré que Ortega me atendiese por primera vez en 48 horas. Le conté la llamada recibida y textualmente me dijo: -Hermano, usted no ha hablado conmigo. Esos tipos son unos locos, faltaron a la palabra e hicieron una barbaridad. Ahora me están buscando como llamando a María y ¿usted sabe dónde estoy yo? En mi casa en Punto Fijo. Le agradezco que diga que no me consiguió ¡Mayor descaro¡ Nos tiraron una emboscada, nos mamaron el gallo, se fueron de Venevisión dizque a bañarse y resulta que fueron a tomar Miraflores. Todo lo tenían planeado y nunca nos dijeron nada. Pues hermano yo me vine para mi casa, estoy cogiendo fresco en mi hamaca, empujándome con el dedo gordo del pie, con mis patas hinchadas al aire y de aquí no me pienso mover ¡Que ellos vean qué hacen¡…De paso…esto va pa´tras ¡Escríbalo¡ Al cerrar con Ortega llamé a mi mujer: -¡Vénte para la casa porque ya nada tienes que cubrir¡ -Si…ya Ravel nos reunió y dijo que esto había sido muy mal diseñado y que lamentablemente se había revelado como un golpe de Fedecámaras. Nos mandó para nuestras casas, me contestó.

Poco a poco fui descubriendo que mucha gente siempre desconfió de las capacidades de los implementadores de aquel abril 2002 y que otros muchos, al igual que mi tío, nunca creyeron que Chávez podría estar de vuelta. Al final de todo siempre me quedó la incógnita de si habían conseguido el carro oficial del ministro de economía y finanzas pero…esa es otra historia.

@vladimirpetit

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