El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, no dimitirá. Había escrito una carta dramática dirigida a todo el país advirtiendo que podría dejarnos, pero ahora dice que ha decidido no hacerlo.
Por: Carlos Perona Calvete – The European Conservative
“Pero”, advirtió el albatros humano que España llevaba al cuello, “esto no será lo mismo de siempre. Las cosas serán diferentes [ un punto y aparte ]”.
Su movimiento transparentemente teatral fue una reacción ante el escrutinio de su esposa, Begoña Gómez.
El presidente de un tribunal de Madrid, el juez Juan Carlos Peinado, ha iniciado un proceso contra Gómez, acusado de corrupción y tráfico de influencias.
El primer ministro se sintió tan ofendido por el hecho de que el sistema legal pudiera funcionar como si fuera independiente, que Sánchez fingió el fin de su mandato, sacudiendo la cabeza, decepcionado por una nación indigna de su instrucción.
Desgraciadamente, el mártir permanecerá en su púlpito.
El discurso en el que hizo el anuncio, sin embargo, debería hacernos reflexionar. Pidió a sus partidarios que presionen a quienes se interpongan en su esfuerzo por limpiar el país de su clima “tóxico” y “regenerar” la democracia.
El líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, calificó este como el discurso más peligroso que ha escuchado de Sánchez, y con razón.
Como observó recientemente el político retirado Alejo Vidal-Quadras (quien se ha recuperado del atentado contra su vida y está en buena forma), Sánchez es un actor político ágil, cuya teatralidad sorprende repetidamente a sus oponentes. Un excelente ejemplo de esto fue su organización de elecciones generales anticipadas, después de unas elecciones municipales que dejaron a su partido languideciendo. Fue arriesgado, pero funcionó. En lugar de gastar unos cuantos años más, tomó el apoyo que todavía tenía y reinició el reloj por otros cuatro años.
Ahora podemos esperar un ataque frontal al poder judicial, con la excusa de que la “extrema derecha” de alguna manera se ha infiltrado en él hasta el punto de perseguir a la inocente esposa del déspota.
Específicamente, Sánchez intentará renovar el Consejo General del Poder Judicial, el órgano constitucional que gobierna todo el poder judicial de España, y dotarlo de nombramientos políticos.
Su discurso, entonces, no es mentira: las cosas serán diferentes, ya sea porque logra erosionar la democracia del país, o porque la oposición finalmente logra una victoria y defiende las instituciones del país contra la usurpación política.


