La libertad es un valor universal. Pueden hallarse diversas opiniones acerca de su contenido, definición y praxis, pero en el fondo, como parte o componente de la naturaleza humana, resulta indivisible y ecuménica.
No hay democracia sin libertad. Algunos podrían darle desviados ribetes legales, (in)formalidades institucionales o baños de legitimidad. Ello sería crear un Frankenstein político o un esperpento constitucional, si caben los términos.
Sabíamos que la situación pre y post electoral en Venezuela no escaparía de las rudezas y de las contraposiciones muy propias de estos tiempos. Incluso, pensábamos que las dificultades en los días previos al 28 de julio podrían ser de mayor magnitud. Muchos advertían que no llegaríamos a celebrar las elecciones. El panorama daba pie para cualquier tipo de premonición, análisis y especulación. En este orden, las cosas sucedieron como muchos lo habían anunciado. Una vez realizada la fiesta electoral y democrática, inmediatamente se iniciaría todo un calvario que -minuto a minuto- se haría más agobiante.
Democracia sin libertad no existe. Esta es un requisito o categoría sustancial de aquella. Por tanto, la libertad de pensamiento, opinión y expresión no pueden ser vulneradas, coartadas y mucho menos desvirtuadas. Hacerlo o intentarlo sería pisotear un elemento tan básico como intrínseco a la misma.
Todos los venezolanos queremos paz; que las cosas transcurran en un clima de entendimiento, legalidad y orden y que, en definitiva, la sensatez y la razón prevalezcan por encima de cualquier atajo político, disparate jurídico y demencia institucional. La gente está harta de diatribas, confrontaciones e imposiciones. Por eso hemos “totalizado” la esperanza. Todos aspiramos un país mejor y verdaderamente democrático.
La democracia tiene su concreción, no solo en el apego y respeto a todo andamiaje jurídico que hemos diseñado, sino también -lo subrayamos- en expresar nuestra voluntad electoral, plena y cabalmente. Insistimos en que no debería haber posibilidad u ocurrencia capaz de torcer la determinación de la gran mayoría de los venezolanos.
No hay democracia sin libertad. Estas, junto a la esperanza, tienen a pesar de estas difíciles circunstancias, su hechura en el voto que depositamos el pasado domingo 28 de julio. No hay vuelta atrás. Recordemos, entonces, a Martin Luther King Jr: “Nadie podrá montársenos encima si no encorvamos la espalda”. Que nos sirva de lección y aviso.

