La diferencia entre la eutanasia y el suicidio asistido es, básicamente, quién administra el fármaco. En el caso de la eutanasia es el personal sanitario quien administra el medicamento que provoca la muerte y en el caso del suicidio asistido es el o la paciente quien se autoadministra el medicamento que otra persona le ha proporcionado.
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Los temas de la eutanasia y el suicidio asistido han sido objeto de múltiples debates en el mundo. Los argumentos que acaparan la discusión se encuentran dentro de los planos legal, ético y médico.
Un aspecto fundamental de la ética médica tradicional secondensa en esta frase: «Primero, no hagas daño».
El Juramento Hipocrático original, pronunciado por los médicos a lo largo de varios milenios, compromete específicamente a estos profesionales a no suministrar a nadie sustancias mortales, aunque les sean solicitadas por el paciente.
Es triste decirlo, pero actualmente a pocos graduados de medicina se les exige recitar este juramento. En vez de eso, se deja la puerta abierta para que los doctores participen en el suministro de drogas letales con la intención de poner fin a la vida humana e incluso lo promuevan.
Para tales médicos, el principio de evitar hacer daño, honrado por tanto tiempo, se abandona en el momento en que se convierten en cómplices voluntarios del asesinato de sus pacientes.


