Ideas persecutorias, ataques de pánico, alucinaciones, euforia y depresión. Carmen Hernández, a sus 80 años, padece trastorno esquizoafectivo, afección mental que provoca tanto pérdida de contacto con la realidad como problemas anímicos.
Esta y otras enfermedades como el trastorno bipolar, la depresión y trastornos del neurodesarrollo son algunas de las enfermedades que afectan a parte de la población venezolana.
Carmen es solo un caso de miles de pacientes psiquiátricos en el país que no reciben la atención adecuada, y que ha tenido como consecuencia el agravamiento de su enfermedad. Dentro de la crisis sanitaria que atraviesa Venezuela, la salud mental no parece ser una prioridad.
Actualmente, se encuentran activos solo dos hospitales psiquiátricos en Caracas, ambos con déficit de camas, de insumos y de personal calificado. Por otro lado, según la OPS en Venezuela hay 0,22 psiquiatras por cada 10.000 habitantes, dejando así desatendidas y a merced de las circunstancias a las personas con padecimientos mentales, entre ellos pacientes con esquizofrenia o bipolaridad.
Días delirantes y una realidad de terror
Desde que Víctor, el nieto de Carmen, presenció en el año 2014 el primer episodio psicótico de su abuela, se convirtió en su mayor miedo. Desde ese momento él y su mamá empezaron a vivir en un estado de tensión, pues Carmen presentaba crisis con regularidad, unas más intensas que otras.
En el año 2020, con la pandemia de COVID-19, todo empeoró. El confinamiento desató la paranoia de Carmen, por lo que la presencia en casa de su nieto y de su hija la convirtió en una amenaza. Además, Carmen, en un estado de negación de su enfermedad, rechazaba tomar su medicación, por lo que los síntomas se agravaron.
«Mi abuela cortó con una tijera a mi mamá, le dijo que la iba a matar de noche. Una vez empezó a quemar cosas y puso cuchillos en la puerta de mi cuarto. Vivíamos con terror, porque no sabíamos de qué era capaz, nos podía hacer daño y se podía hacer daño a sí misma. No vivíamos en calma y fue muy difícil lidiar con la universidad y mi trabajo», comenta Víctor.
En junio de 2021, Víctor y su madre salieron a comprar comida y al regresar a su apartamento no pudieron entrar. Carmen había cerrado la puerta con candado. Pasaron dos semanas fuera de casa, durmiendo como nómadas en distintas casas de amigos y vecinos. Víctor y su madre empezaron a buscar ayuda en centros de salud, entre esos el hospital psiquiátrico de Lídice, el hospital Dr. Jesús Mata Gregorio y el hospital Vargas.
«En todos nos pedían que nos encargáramos del traslado y para nosotros era imposible en las condiciones en las que estaba. Y estos lugares eran de terror, parecían abandonados. También visitamos la UCV, pero la parte psiquiátrica no estaba operativa».
Un servicio deplorable
Hospitalizar a un paciente psiquiátrico en Venezuela no es tarea sencilla. Actualmente, los centros psiquiátricos están funcionando al 30 % de su capacidad, según comentó a El Pitazo una fuente extraoficial del sector de salud pública, que además indicó que los pacientes psiquiátricos son extremadamente demandantes, y no hay personal. «Por la migración, nos hemos quedado sin médicos y enfermeros, esa es la deficiencia más grande. Se necesita un enfermero por cada cuatro pacientes, al menos dos residentes. El problema más grande que tenemos es: ¿Quién atiende al paciente?»
Los únicos centros activos actualmente en Caracas son el Hospital Psiquiátrico de Caracas, conocido como Lídice, y el Centro Especializado en Psiquiatría del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, Dr. Jesús Mata de Gregorio, conocido como Los Chorros.
El doctor Danilo Martínez, presidente de la Sociedad de Psiquiatría, explicó que estos centros, aunque se encuentran activos, funcionan bajo condiciones deficitarias y operan con limitaciones en personal y en número de camas. «Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), en Venezuela hay 0,22 psiquiatras en el sector público por cada 10.000 habitantes. Lo mínimo que se pide son 20 psiquiatras por 10.000 habitantes en el mundo. Es decir que nosotros tenemos un déficit de psiquiatras importante», explicó
Además, indicó que muchos centros no tienen los tratamientos adecuados, los familiares deben aportarlos, lo que representa una gran limitación por el alto costo que puedan tener para un familiar.
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