Donald Trump apuesta a una última negociación diplomática con Irán para evitar una ofensiva militar que puede cambiar el tablero geopolítico de Medio Oriente.
Por: Román Lejtman – Infobae
A pedido del Sultanato de Oman, que actúa como negociador entre Estados Unidos e Irán, Steve Witkoff -enviado especial de la Casa Blanca- y Jared Kushner -yerno de Trump- se reunirán este jueves en Ginebra con el canciller iraní Abbas Araqchi para avanzar en un acuerdo que aparece incierto.
Witkoff y Kushner presentaron cuatro condiciones a Araqchi, que Teherán deberá cumplir en un plazo razonable, si pretende cancelar los planes militares de la Casa Blanca,
Esas condiciones son:
- Reducir el proyecto nuclear a su mínima expresión.
- Cancelar la fabricación de misiles balísticos con suficiente autonomía para impactar en Israel.
- Terminar con la financiación de los grupos terroristas Hezbollah y Huties, que operan desde El Líbano y Yemen.
- Suspender la represión a los movimientos civiles que rechazan al régimen fundamentalista.
Trump guarda escasas expectativas respecto al cónclave bilateral en Ginebra, y ya tiene a su disposición un plan de guerra con distintos blancos y diferentes alternativas tácticas y estratégicas.
Ese plan establece una escalada que iniciaría con un ataque fulminante a blancos claves iraníes como podrían ser las instalaciones nucleares, las plantas de fabricación de misiles balísticos y el cuartel general de la Guardia Revolucionaria.
Una vez concluida esta etapa táctica del plan de guerra, que tendría la lógica de una advertencia creíble respecto a una ofensiva militar aún más profunda, Trump espera que Khamenei acepte las cuatro condiciones de Estados Unidos.
Si finalmente, esta hipótesis de conflicto no sucede, Trump no descarta multiplicar la ofensiva militar contra el régimen chiita para forzar su caída del poder.
Eso implicaría la muerte de Khamenei, su hijo Mojtaba y el aniquilamiento de toda la estructura militar y de inteligencia de Irán.
Esta etapa estratégica, que se prolongaría durante semanas, explica el potencial bélico que ahora despliega Estados Unidos en Medio Oriente.
Si finalmente fracasa la opción diplomática, y Trump avanza en su plan de guerra por etapas, es muy probable que el líder Khamenei replique contra Israel y sobre los países de Medio Oriente que tienen bases de Estados Unidos.
Los misiles balísticos de mediano alcance de Irán tienen una capacidad de más de 1.900 kilómetros, lo que incluye bases estadounidenses al oeste de Turquía, Israel y los Estados del Golfo.
“Los estadounidenses deben saber que, si inician una guerra, esta vez será una guerra regional”, afirmó Khamenei.
Y completó: “Los estadounidenses dicen constantemente que han enviado un destructor hacia Irán. Desde luego, un destructor es una pieza peligrosa de material militar. Sin embargo, más peligroso que el destructor es el arma que puede mandarlo al fondo del mar».
En este contexto, los países más influyentes de la Liga Árabe -Qatar, Emiratos y Arabia Saudita-, explicitaron en la administración republicana que un conflicto abierto con Irán pondría en peligro la propia seguridad de sus estados.
Trump escuchó las razones de sus aliados en Medio Oriente, pero sus planes alternativos se mantienen en marcha.
El jueves será un día clave para este complejo proceso diplomático-militar, cuando Witkoff, Kushner y Araqchi se encuentren en la embajada de Oman en Ginebra.
Y dos días más tarde, el 28 de febrero, Marco Rubio viaja a Jerusalén para reunirse con Benjamín Netanyahu.
El premier israelí considera que la única vía para contener a Irán es una guerra de proporciones, mientras que el secretario de Estado llegará al cónclave con los hechos ya consumados en Ginebra.
No será la primera vez que Jerusalén y Washington coordinen una operación contra Teherán.
Trump concedió diez días a Irán para que aplaque su posición de máxima y negocie un acuerdo bilateral que satisfaga las demanas de Washington.
Ese plazo vence a principios de marzo.


