Las cosas se están poniendo color de hormiga para Nicolás Maduro Moros y para algunos personajes de su entorno. Mientras se acumulan barcos, soldados, misiles y drones en el Caribe sur, la esperanza del pueblo venezolano logra cotas de misticismo exacerbado. Ojalá todo resulte en bien del país; nadie tiene una bola de cristal, y menos que nadie Trump, con tanto poder y tanta estulticia amasados en perfecto caos bajo esa película naranja que lo recubre. En todo caso, Carlos Blanco y Gustavo García Osío comentan aquí cosas que vale la pena tomar en cuenta.
Por: Sebastián de la Nuez – La Gran Aldea
Le pregunté a Carlos Blanco hace unos días si había visto llorar a María Corina Machado. Me contestó, sin titubeos, que la había visto emocionarse ante la gente. Dice Blanco que ella tiene una particular sensibilidad ante el sufrimiento de los más humildes. «Ha asumido un papel que va más allá de aspiraciones personales y aspiraciones presidenciales, aunque yo creo que va a ser presidenta de Venezuela; se ha convertido en una referencia espiritual de la sociedad venezolana. Por eso es que las maniobras contra ella no funcionan».
«¿Por qué no funcionan?» «Porque no se dan en el plano de un combate por este cargo o por aquella posición; el combate de ella, o lo que ella encabeza, es una lucha por la transformación espiritual, moral, que alude a los principios y valores. Para eso no hay competencia posible».
No es cursilada ni ñoñería lucubrar sobre la posibilidad de que una líder popular como MCM haya llorado, por ejemplo, durante la campaña que protagonizó en 2024 o encerrada, a solas consigo misma, donde quiera que se encuentre. Habrá tenido derecho a derrumbarse. Habrá tenido ganas de sollozar. Es lógico. Por cierto, el anuncio del Premio Nobel de la Paz para Machado debe haber desatado una bonita catarata de lágrimas dentro y fuera de Venezuela. El que esté libre de lágrimas que arroje la primera piedra.
Le hice una breve entrevista a Carlos Blanco, tal vez el principal asesor en el line up de la Machado, sobre un tema que acá no viene al caso. Lo que sí viene al caso es que Blanco agregó, ante una duda que le expuse, que «nosotros no estamos pensando, de ningún modo, en la sustitución de Edmundo González [una vez asumido el poder en Caracas]; nosotros estamos pensando en él como presidente de la República. El principio de legitimad no deja lugar a duda: Ganó abrumadoramente las elecciones. Segundo, María Corina ganó abrumadoramente las Primarias y eso la consagra como líder indiscutible del pueblo venezolano».
Igual a la consulta de Blanco fue el encuentro con el economista Gustavo García, quien pasó por Madrid esta semana. Visita que aprovechó para verse con Edmundo González Urrutia. Solo le pregunté, de pasada, cómo había ido todo con el Presidente y me contestó lacónicamente pero satisfecho: «Bien».
Lo mejor de Gustavo García ―con una larga experiencia en el Bando Interamericano de Desarrollo, BID, y como profesor de varias materias en el IESA― es su convicción de hierro sobre la inmediatez de la recuperación económica de Venezuela (en caso de que por fin el país se deshaga del chavismo). El petróleo y el gas están llamados a ser la ventaja competitiva en la proa del buque de la (¿próxima?) prosperidad. La yunta de bueyes que arrastre el carromato nacional. No le cabe duda.
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