El moderno progresismo es una coalición de tribus incompatibles entre sí, aliadas estratégicamente para luchar contra un enemigo común: nuestra civilización.
Eso explica la extraña asociación de la izquierda con el islamismo, que parecen representar polos ideológicamente opuestos, como han demostrado las disputas entre musulmanes y activistas LGTB que han estallado en el seno de la Flotilla Global Sumud (GSF), un convoy multinacional de alrededor de 40 barcos que intenta romper el bloqueo marítimo de Israel a Gaza.
Islamistas se han quejado de la presencia de activistas LGTBI y queer, cuya causa se les antoja incongruente con los fines del proyecto.
Al llegar la flotilla al puerto tunecino en Bizerta, el coordinador Khaled Boujemâa anunció su renuncia en protesta por la participación de miembros de la comunidad LGBTQ al frente de la flotilla. «Nos mintieron sobre la identidad de algunos de los participantes al frente de la flotilla; acuso a los organizadores de ocultarnos este aspecto», se quejó furioso durante dos transmisiones de vídeo en directo en redes sociales desde el puerto de Bizerta.
Otra destacada activista que se ha distanciado públicamente de esta participación, Mariem Meftah, ha declarado que la orientación sexual es «un asunto privado […]». «Pero ser activista ‘queer’ implica tocar los valores de la sociedad y tomar un camino que corre el riesgo de poner a mis hijos y seres queridos en una situación que rechazamos. Me niego a que le ofrezcan a mi hijo un cambio de sexo en la escuela… No perdonaré a quienes nos pusieron en esta situación; tendremos que hablar de ello porque a algunas personas les gusta cruzar la línea roja o ya la han cruzado. Hago un llamamiento a todos para que salven la situación y reparen el error cometido contra quienes dieron su sangre para que esta flotilla pueda ver la luz».
La agitación interna llevó a Greta Thunberg a dimitir del equipo directivo de la flotilla. Permanece a bordo únicamente como organizadora y voluntaria. El periodista israelí-sueco David Stavrou destacó en el periódico Svenska Dagbladet que la flotilla incluye participantes con opiniones extremistas, antisemitas, etc, lo que plantea serias preguntas sobre la verdadera intención de la operación.


