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Carta abierta de Peña Esclusa a Tareck El Aissami

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Leí sus declaraciones del pasado 8 de mayo, con motivo del juicio que se le sigue por el caso Pdvsa-Cripto, y le confieso que me afectó conocer el maltrato que ha recibido por parte del régimen venezolano.

No puedo, en ninguna circunstancia, convalidar la tortura ni los tratos crueles contra ningún ser humano.

Sin embargo, debo advertirle que su testimonio podría carecer de credibilidad, dado que usted se benefició personalmente al ser cómplice del sistema totalitario que tanto daño le ha causado a Venezuela y que hoy se vuelve en su contra.

Para que sus declaraciones resulten verosímiles, no basta con hablar de su caso personal; urge que confiese la verdad sobre su participación en el aparato de persecución del Estado. ¿Cómo puede usted pedir justicia si no la ofrece a sus víctimas? Por eso, le convendría decir la verdad sobre el caso de Tareck El Aissami contra Alejandro Peña Esclusa.

En julio de 2010, en su condición de ministro del Interior, usted orquestó un montaje en mi contra: recurrió a un falso testigo; me calumnió, me injurió y me difamó; ordenó el allanamiento de mi hogar, autorizó la siembra de explosivos, me llevaron preso a los calabozos de El Helicoide, mientras usted se vanagloriaba de mi detención. Todo ello con el propósito de silenciarme y de complacer a Fidel Castro, a quien incomodaban mis denuncias sobre la “cubanización” de Venezuela.

Sus acciones tuvieron consecuencias devastadoras para mi familia, mi honor y mi salud. Fui objeto de una campaña nacional e internacional para destruir mi buen nombre. Durante una década me mantuvieron silenciado por órdenes del tribunal. Me vi obligado a sacar a mi familia de Venezuela para protegerla. Todo esto sin que, hasta la fecha, haya habido juicio alguno. Quince años después, vivo en el exilio, impedido de regresar a mi país, pues se me ha negado la amnistía.

Resulta llamativo que, en sus declaraciones ante el juez, usted invoque reiteradamente la falta de “temor a Dios” para condenar a quienes le han causado daño. Si usted teme a Dios, entonces yo le sugiero que confiese todo sobre el montaje en mi contra. No borrará el daño causado ni reparará el sufrimiento padecido, pero al menos servirá, en mi caso, para reivindicar mi honor y mi inocencia, y en el suyo, para otorgarle a su testimonio la credibilidad que hoy necesita.

Paradójicamente, con su confesión, usted podría iniciar un proceso que sirva para rescatar la memoria, conocer la verdad, hacer justicia, reparar a las víctimas e impedir que, en el futuro, se perpetren otros delitos de lesa humanidad.

Ruego a Dios que los venezolanos podamos sanar nuestras profundas heridas y que podamos vivir en paz.

Alejandro Peña Esclusa
12 de mayo de 2026

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