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China en América Latina

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En el año 2000, China comerció con Latinoamérica por valor de 12.000 millones de dólares. Para el año 2019, esa cifra había crecido hasta unos asombrosos 330.000 millones. La intervención de China en Latinoamérica parece claramente traducirse en control, no solo de los recursos naturales

En el año 2000, China comerció con Latinoamérica por valor de 12.000 millones de dólares. Para el año 2019, esa cifra había crecido hasta unos asombrosos 330.000 millones.

Por Judith Bergman en el Gatestone Institute

Ese extraordinario crecimiento da una idea de la manera en que la influencia china en la región se ha expandido en las últimas dos décadas

La intervención de China en Latinoamérica parece traducirse claramente en control, no solo de los recursos naturales. «En los últimos cuatro años, República Dominicana, El Salvador y Panamá han transferido su reconocimiento [diplomático] de Taiwán a China», escribió la revista Time en febrero.

«Conseguir esa clase de aliados en Latinoamérica ofrece a Pekín votos muy valiosos en Naciones Unidas y respaldo a sus candidatos en las instituciones multinacionales. Asimismo, le da poder a la hora de empotrar compañías de las que fijan estándares tecnológicos, como Huawei, ZTE, Dahua y Hikvision –todas ellas sancionadas por Estados Unidos– en las infraestructuras regionales, lo que le permite dictar las normas del comercio para una generación».

«Se espera que el comercio entre China y ALC [América Latina y el Caribe] se duplique para el año 2035, hasta superar los 700.000 millones de dólares», han escrito Pepe Zhang, director asociado del Latin America Center del Atlantic Council, y Tatiana Lacerda Prazeres, ex secretaria del Tesoro de Brasil.

«China se aproximará e incluso sobrepasará a EEUU como el mayor socio comercial de ALC. En 2000, China representaba menos del 2% del comercio total de ALC. En 2035 podría llegar al 25%… Brasil, Chile y Perú podrían destinar a China más del 40% de sus exportaciones».

Las compañías chinas están invirtiendo fuertemente en América Latina en el marco de la Nueva Ruta de la Seda. La lista de proyectos chinos recientes en la región es larga e ilustrativa de la influencia y presión que ejerce Pekín allí. Lo que sigue es solo un pequeño muestrario:

En agosto, Brasil suscribió un acuerdo con China para la construcción del mayor puente marítimo colgante del país, que unirá la ciudad de Salvador de Bahía con la isla de Itaparica y que tendrá un coste de 1.200 millones de dólares. Las compañías chinas controladas por el Estado chino que están detrás del proyecto se harán cargo del puente por espacio de 30 años. Mediante la estatal China Merchants Port, Pekín posee y opera también Paraguaná, el segundo puerto comercial del gigante sudamericano y uno de los mayores de América Latina. En la actualidad, China está construyendo un nuevo puerto, por valor de 500.000 millones de dólares, en San Luis, capital del estado de Maranhão.

Brasil se ha convertido igualmente en un gran mercado para la Ruta de la Seda Digital china, no en vano Huawei se convirtió en su mayor suministrador de equipos de redes ya en 2014. En Campinas, São Paulo, Huawei gestiona un centro de formación, investigación y desarrollo que instruye a más de 2.000 personas cada año. Adicionalmente, en 2018 China Unicom y Huawei Marine Networks completaron un cable submarino de fibra óptica de 9.600 kilómetros en el Atlántico para conectar Brasil con Portugal a través de Cabo Verde

En Argentina, China se dispone a construir, el año que viene, una nueva planta nuclear cerca de Buenos Aires, a un coste de 8.000 millones de dólares. A ello hay que sumar las dos presas que ya está construyendo en el sur. En diciembre de 2020 se firmaron acuerdos por valor de 4.700 millones de dólares para que compañías ferroviarias chinas –entre ellas la China Railway Construction Corporation, que tiene vínculos con el Ejército Popular de Liberación– mejoren la estructura ferroviaria del país austral y construyan casi 2.000 km de vías férreas.

China es el mayor socio comercial de Argentina. En 2020, el 75% de las exportaciones argentinas de carne fueron a parar a China, el mayor consumidor mundial de carne. «La relación sino-argentina (…) es una de las más consolidadas en la región», afirma Evan Ellis, profesor de investigación sobre Latinoamérica en el US Army War College Strategic Studies Institute.

«Durante las presidencias de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner, compañías de la RPC [República Popular China] se establecieron con socios locales en un amplio abanico de sectores económicos: desde el petróleo, la minería y la agricultura al transporte y la logística, las telecomunicaciones, la banca y las finanzas, incluso en las industrias aeroespacial y de defensa».

El Ejército chino gestiona una estación de investigación espacial en la provincia de Neuquén. Según Reuters, la instalación «opera con poca supervisión de las autoridades argentinas». Ellis escribe:

«Si bien el telescopio no tiene un objetivo abiertamente militar, la dirección del Mando Sur de Estados Unidos lo ha mencionado como objeto de preocupación, dado que es concebiblemente capaz de interceptar señales procedentes de América, o de satélites, o de dar soporte a otras misiones estratégicas chinas».

En Perú, la estatal china Cosco, tercera compañía mundial de contenedores y el quinto mayor operador mundial de terminales portuarias, firmó un acuerdo en mayo para construir un puerto cerca de la capital, Lima, por valor de 600.000 millones de dólares.

China es el socio comercial más importante de Perú y Perú, el segundo mayor productor de cobre del mundo, suministra el 27% de la demanda china de cobre. El año pasado, el 64,2% de las exportaciones peruanas de cobre y el 23,8% de las de zinc –en términos de valor– fueron a parar a China. Por su parte, las compañías chinas desempeñan un papel fundamental en la industria minera peruana.

Chile se sumó a la Nueva Ruta de la Seda en 2018. China es el mayor socio comercial de Chile y el principal mercado para las exportaciones de fruta y vino del país sudamericano.

En julio, la estatal china State Grid International Development Limited (SGID) adquirió una de las mayores distribuidoras chilenas de electricidad, la Compañía General de Electricidad, con lo que ahora posee dos de las mayores empresas chilenas del ramo. Se ha informado de que esa fue la segunda mayor inversión internacional de la SGID.

En Colombia, las obras para la primera línea de metro de Bogotá empezaron en agosto. Están a cargo de China Harbor Engineering Company Limited. Además, China está construyendo en dicho país una línea interurbana de tranvía y una autopista (en el sur), y le ha vendido una flota completa de autobuses eléctricos.

EEUU sigue siendo el principal socio comercial de Colombia, que no se ha unido a la Nueva Ruta de la Seda, pero a largo plazo la implicación de China en el país sudamericano puede perfectamente alterar la ecuación.

En Ecuador, China controla las dos principales minas de cobre y una gran parte de la industria petrolífera. Asimismo, ha construido varias presas hidroeléctricas, alguna de las cuales ha resultado defectuosa. La deuda de Ecuador con China equivale al 38,7% del PIB del pequeño país americano. «Estados Unidos está perdiendo Latinoamérica ante China sin dar batalla», declaró el embajador de Ecuador en Washington a Axios en septiembre. «China está esperando, diciendo: ‘Aquí estamos. Os estamos dando dinero’. Lo que quiere es el control, por supuesto, pero eso no lo dice».

En una comparecencia ante la Comisión de Revisión de las Relaciones Económicas y de Seguridad entre EEUU y China el pasado mayo, el profesor Ellis declaró:

«No es necesario mostrar las malévolas intenciones de la RPC en sus actividades en América Latina y el Caribe para concluir que las consecuencias presentes y futuras de esa implicación son graves para la prosperidad, la democracia y las libertades en la región, así como para la seguridad y la posición estratégica de EEUU».

«Los objetivos de China en América Latina y el Caribe son señaladamente consistentes con lo que pretende Pekín a escala global: asegurarse materias primas y alimentos, accesos fiables a [distintos] mercados para sus bienes y servicios (particularmente en los sectores estratégicos y de alto valor añadido), tecnologías estratégicas y capacidades relacionadas».


Judith Bergman, columnista, abogada y analista política, es Distinguished Senior Fellow en el Gatestone Institute.

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