Colombia despide a Miguel Uribe Turbay: “Soñaba con un país donde ningún niño repitiera la historia que hoy su hijo está viviendo”

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Este lunes, Bogotá no era la misma, el país tampoco. Desde temprano, la noticia retumbó en titulares de prensa, radio y televisión. Frente al Congreso de la República, cámaras, policías y coronas de flores anunciaban la dolorosa partida. Adentro, el bullicio habitual se apagó: por tres días, el Capitolio Nacional detendría su marcha para despedir a uno de los suyos.

Semana

No era solo un senador ni un precandidato presidencial. Era un esposo, padre, hijo, hermano y amigo. Miguel Uribe Turbay murió en medio de un país convulsionado, marcado por la polarización política y la sombra de una violencia incesante que evoca los capítulos más oscuros de su historia.

A las 6:30 de la mañana, la Fundación Santa Fe confirmó que el senador había fallecido a la 1:56 de la madrugada del lunes 11 de agosto, tras más de dos meses en una Unidad de Cuidados Intensivos. Un derrame en el sistema nervioso central fue la última batalla que no pudo ganar.

La historia se había partido la tarde del 7 de junio, cuando un joven de 15 años, manipulado por manos criminales, le disparó dos veces en la cabeza. La orden la dio alguien que aún permanece oculto. Y la cumplieron varios que ya fueron capturados. Hoy los organismos de inteligencia y la Fiscalía investigan, en un caso que exige respuestas rápidas y contundentes.

Entre el anuncio de su muerte y la llegada del féretro al Salón Elíptico de la Cámara de Representantes pasaron 15 horas. Durante ese tiempo, familiares, amigos y compañeros del Congreso desfilaron en silencio, uno a uno, por los pasillos, aguardando el momento de despedirlo. La espera se hizo larga y el horario se corrió varias veces con el paso de las horas.

El primer día de sepelio de Miguel Uribe Turbay no estuvo marcado por las lágrimas, sino por el silencio, la resignificación y la resiliencia de sus más cercanos. “Para honrar a Miguel solo debe haber amor en nuestros corazones, porque eso era lo que habitaba en el corazón de él, solo amor”, dijo María Claudia Tarazona, esposa de Uribe Turbay, en su primera aparición ante los medios tras conocerse la noticia.

María Claudia mantuvo la mirada firme mientras pronunciaba esas palabras. Con el rostro sereno y la fuerza que exigía el momento, pidió justicia como una forma de dignificar la democracia, pero rechazó cualquier intento de venganza.

“Romper una familia es el acto de violencia más horrible que se pueda cometer jamás (…) Miguel soñaba con un país donde ningún niño repitiera la historia que hoy su hijo está viviendo”, afirmó.

El féretro llegó sobre las 9:00 de la noche al Congreso. El silencio se hizo más profundo. Las filas se cerraron. Desde el pasillo que conecta la Plaza Núñez con el Salón Elíptico, se escuchó el paso firme de los zapatos de charol de los uniformados de la Policía Nacional. Ellos cargaron el cuerpo de Miguel hasta su destino final.

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