Durante al menos cuatro años, el uso reiterado de campañas coordinadas de agravios, difamación o estigmatización en internet ha sido documentado de forma recurrente en el contexto noticioso venezolano. Con ellas se intenta contaminar el torrente informativo, inyectando acusaciones que pueden ser falsas o engañosas –desinformación– con las que se busca manipular la opinión pública.
Todas tienen factores comunes: son partes de operaciones de influencia más amplias que buscan generar daño a un objetivo determinado: una persona específica, un medio de comunicación, un partido político o una organización. Son impulsadas de forma nada casual: usan tácticas, técnicas y procedimientos desinformativos que, generalmente, dejan evidencias forenses digitales que demuestran que son esfuerzos organizados. Y aunque a veces surgen de fuentes anónimas, al analizar sus características y patrones se puede atribuir su promoción a estructuras desinformativas previamente identificadas, usando evidencias concretas e irrefutables.
Atacantes con nombre y apellido
En Venezuela es común que figuras u organizaciones relacionadas con el gobierno de Nicolás Maduro se involucren en campañas de agravios en las que se hace uso de información falsa, engañosa o manipulada con la que se busca persuadir a los venezolanos de la estabilidad de sus instituciones y de las supuestas contradicciones morales de todos los que los adversan.
El 13 de enero de 2023 comenzó a difundirse en Twitter un rumor en contra de Elsa Castillo, docente jubilada e integrante de la Federación Venezolana de Maestros y una de las caras más visibles en una ola de protestas por reivindicaciones laborales en Venezuela. Varios usuarios vinculados con la Organización Nacional de Comunicadores Alternativos (ONCA) indicaron, sin mostrar evidencia, que la educadora recibía financiamiento de terceros y hacía viajes en “jet privado” para asistir a protestas ciudadanas organizadas en varias ciudades del país.
El bulo, que en días posteriores fue desmentido, fue un ataque coordinado ad hominem con el que se intentó resaltar, de forma engañosa, que Castillo carecía de altura moral para apoyar los reclamos salariales de los educadores venezolanos, minimizando su actual liderazgo.
Otra campaña de difamación reciente fue consecuencia de la homilía con motivo de la fiesta de la Divina Pastora del sábado 14 de enero de 2023. En ella, monseñor Víctor Hugo Basabe, Obispo de la Diócesis de San Felipe, denunció la grave situación económica y social de Venezuela y abogó por el cese de lo que llamó una “falsa burbuja económica”. Cuatro días después, Diosdado Cabello, vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) desestimó lo dicho por el obispo, tildándolo de “discurso politiquero, de bajo fondo, malintencionado” y acusando a Basabe, sin mostrar prueba alguna, de haber negociado el 30% de las ganancias de las ventas de franelas oficiales de la procesión a la Divina Pastora, patrona del Estado Lara, en un claro intento por distraer la atención de sus críticas.
La acusación de Cabello fue transmitida en televisión pública venezolana a través del programa “Con El Mazo Dando” de Venezolana de Televisión, a pesar de no estar soportada por ninguna evidencia concreta y de provenir de un “patriota cooperante”, nombre usado por el oficialismo venezolano para referirse a sus informantes anónimos.
Los difamadores anónimos
Anonimizar el origen de una desinformación es una táctica recurrente usada en el contexto de operaciones de influencia como las campañas de difamación digitales. Suele ser usada por actores desinformantes para legitimar acusaciones –aunque sean fabricaciones o no estén basadas en hechos comprobables–, reduciendo su responsabilidad de participar en ataques difamatorios, sosteniendo que solamente se está dando visibilidad a una “denuncia” que debe ser investigada.
El 21 de mayo de 2021, Arturo Sosa Abascal, sacerdote católico venezolano y actual superior general de la Compañía de Jesús, afirmó al diario La Nación que Nicolás Maduro encabeza un régimen dictatorial. Días después, entre el 24 y el 30 de mayo, una red de cuentas de Twitter que regularmente impulsa tendencias de forma coordinada mediante la técnica del astroturfing –haciéndose pasar por un grupo de usuarios comunes simulando conversar espontáneamente sobre un tema, pero ocultando su verdadera intención– intentaron posicionar al menos cinco etiquetas difamatorias relacionadas con el sacerdote.
Las cuentas que participaron en la promoción de las etiquetas interactuaron entre ellas preguntándose si Sosa Abascal era un “traidor”, respondiéndose y retuitándose de forma coordinada para aumentar exponencialmente la cantidad de tweets en las conversaciones digitales y logrando que alcanzaran los primeros puestos de las tendencias de Twitter para Venezuela durante esos días, dándole visibilidad a la campaña desinformativa.
Esta red específica de manipulación coordinada de etiquetas ha estado activa en Twitter al menos desde 2018, impulsando de forma maliciosa decenas de tendencias de tipo social y político, algunas de las cuales han sido reseñadas en canales de televisión públicos nacionales y medios internacionales aliados al gobierno de Venezuela. Es la misma red que durante el año 2020 impulsó decenas de etiquetas difamatorias en contra de Juan Guaidó –parcialmente reconocido presidente interino de Venezuela hasta enero de 2023–, que iniciaban con la palabra “Waido”: #NoQueremosAWaido, #WaidoBorrachin, #QuienPagaLosViajesWaido, #WaidoEsFracaso, #WaidogTraicionero, #GuaidoYSuPrima y muchas otras documentadas por varias organizaciones anti desinformación nacionales e internacionales.
Existen evidencias concretas de que un influencer conocido como NiTanTukky estuvo involucrado en el impulso malicioso de estas etiquetas de Twitter ofreciendo pagos en dólares, en múltiples ocasiones, a usuarios de Twitter que participaran en las dinámicas en redes sociales con el objetivo de impulsar tendencias “en contra del gobierno y de la oposición”, una actividad prohibida por la red social en sus políticas en contra del spam y la manipulación de plataforma.
Hasta el momento no se ha podido demostrar de dónde proviene el dinero ofrecido a los participantes en esta red de astroturfing para posicionar tendencias desinformativas –y difamatorias– en Venezuela.
Aunque tras reiteradas denuncias, su última cuenta fue suspendida a principios de octubre de 2021, ha continuado impulsando tendencias coordinadas en la red social de forma más discreta, usando cuentas alternas anónimas.
Otra de las víctimas de esta red de astroturfing en Twitter fue Norbey Marín, conductor del programa de YouTube “Hasta que Caiga la Tiranía”. Marín fue víctima de dos campañas coordinadas de difamación digital en Twitter el 8 y 9 de noviembre de 2021, cuando la misma red de astroturfing promotora de las tendencias en contra de Guaidó y del padre Sosa Abascal, impulsó las etiquetas #NorbeyExtorsionador y #NorbeyProfugo, compartiendo mensajes y memes difamatorios.
Pero la campaña en contra de Marín trascendió los límites de Twitter: el mismo 9 de enero, los memes difundidos de forma coordinada en el servicio de microblogging fueron publicados de forma coordinada por una red de al menos cinco falsos noticieros en Instagram, vinculados entre ellos, a la que Cazadores de Fake News regularmente llama “La Fábrica de Desinformación”, al haber sido el origen de al menos 30 bulos de tipo social y político desmontados por la organización desde 2019, muchos de tipo difamatorio, que han tenido como objetivos a líderes políticos, periodistas o medios venezolanos.
El uso de equipos que impulsan tendencias de forma coordinada en Twitter –mediante astroturfing– o redes de falsos noticieros en Instagram que publican desinformación de forma casi simultánea, tiene un poderoso efecto psicológico en la audiencia: se crea la ilusión de que una información es verdadera –o al menos importante– porque varias fuentes se hicieron eco de ella al mismo tiempo, ofuscando la realidad, es decir, enturbiando el caudal informativo para alejar a la audiencia de los hechos, generando contradicciones y haciendo que la información sea menos clara o comprensible.
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