Evanan Romero, experto petrolero, analizó en Por la Mañana con Carlos Acosta la degradación terminal del sector hidrocarburológico venezolano: lo que oficialmente se presenta como “recuperación” es, en la práctica, una producción menguante, redes de saqueo y una industria sin capacidad financiera operativa. Romero lo sintetiza sin eufemismos: NO TIENEN FLUJO DE CAJA, y esa asfixia financiera explica el salto desde la decadencia técnica hacia el pillaje directo de los activos petroleros.
El especialista describió un fenómeno institucionalizado: militares y “operadores” vinculados al régimen (contratos CPP y empresas pantalla) cargan crudo y diésel a la fuerza —barcazas, barcos fantasma— para convertir producción en caja inmediata. Ese comportamiento no es solo corrupción; es saqueo de activos en tiempo real: ARCAS ARRASADAS en vez de una gestión productiva, con la lógica del “me lo llevo antes de irme” que erosiona la cadena de valor y agrava la escasez interna.
En lo operativo, Romero cuestiona las cifras oficiales (1 MM b/d) y sugiere que la producción real y la disponibilidad de derivados son inferiores; además la refinación entrega productos de mala calidad y la logística está comprometida por la violencia y la desinversión. El resultado es una economía petrolera que no solo produce menos, sino que pierde lo que produce por saqueo y contratos opacos, mientras desaparece la renta que debería financiar servicios y mantenimiento.
Las consecuencias son claras y rápidas: caída sostenida del ingreso estatal, deterioro de la infraestructura y mayor vulnerabilidad estratégica. Romero advierte que la restauración exige más que inversión técnica: requiere control judicial y operativo sobre los flujos de caja, fiscalización internacional de exportaciones y la desarticulación de las redes que hoy convierten el petróleo en botín. Sin esas medidas, cualquier cifra de “recuperación” seguirá siendo una ilusión contable.


