El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, compareció este miércoles ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado para detallar la política estadounidense hacia Venezuela tras la operación militar que resultó en la captura y remoción del presidente Nicolás Maduro el pasado 3 de enero.
En su testimonio de apertura, Rubio calificó el régimen de Maduro como un “estado criminal” que funcionaba como base de operaciones para adversarios globales (incluyendo Irán, Rusia y China), narcotráfico y grupos armados como las FARC y ELN. Describió la intervención como un paso necesario para eliminar un “impedimento al progreso” en la región, destacando que Maduro rechazó acuerdos previos.
El secretario enfatizó que el objetivo final es una Venezuela “amigable, estable, próspera y democrática”, con elecciones libres y justas que incluyan a toda la oposición, acceso a medios y sin exclusiones en las boletas electorales. Rubio insistió en que la transición no será rápida ni fácil, pero celebró avances en las primeras cuatro semanas:
- Liberación gradual de hasta 2.000 presos políticos (aunque a un ritmo más lento del deseado, con monitoreo estricto del trato a los liberados).
- Cooperación del gobierno interino con Washington.
- Nueva ley de hidrocarburos que elimina restricciones chavistas para atraer inversión privada y normalizar la industria petrolera sin clientelismo.
En materia económica, Rubio anunció un mecanismo temporal para el petróleo: las sanciones se mantienen, pero se otorgan licencias para que el crudo venezolano alcance precios de mercado pleno (eliminando descuentos como los aplicados a China, alrededor de $20 por barril). Los ingresos se depositan en cuentas supervisadas por EE.UU., destinadas exclusivamente a necesidades esenciales (medicinas, equipos) y no a redes corruptas ni usos prohibidos. Además, se busca reemplazar el diluyente ruso por suministros estadounidenses.
Rubio expresó optimismo: “Estamos mucho más avanzados de lo esperado en este proyecto. En tres semanas y media, Venezuela está mejor que hace cuatro semanas”. Sin embargo, advirtió que EE.UU. mantiene la opción de fuerza militar si el proceso se desvía o surgen amenazas (por ejemplo, de actores extranjeros como Irán en la región), aunque espera no tener que usarla. Mencionó plazos trimestrales (3, 6 y 9 meses) para evaluar mejoras sustanciales.
La audiencia incluyó interrupciones: un manifestante desplegó un cartel con “Hands Off Venezuela” (“Manos fuera de Venezuela”) y fue removido por la Policía del Capitolio. Durante el intercambio con senadores, Rubio defendió la operación como exitosa y rechazó escenarios de guerra civil o nuevas olas migratorias masivas.
La transición venezolana sigue bajo escrutinio internacional, con debates sobre legitimidad de la intervención y el futuro de figuras como Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello.
Rubio fue claro: “No es nuestro objetivo dejar a gente de este sistema corrupto en el poder. Hay mucho trabajo por hacer”.


