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Descifrando los fraudes electorales del Socialismo del Siglo XXI

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Cuatro años después de las elecciones presidenciales venezolanas de 2018 y de las parlamentarias de 2020, calificadas entonces como las más fraudulentas del continente, dos ex altos mandos militares del chavismo han ratificado en tribunales de Estados Unidos lo que opositores, observadores independientes y medios denunciaron en su momento: el fraude electoral no fue un accidente ni un error técnico, sino una política de Estado diseñada y ejecutada desde la cúpula del régimen.

MFM

Hugo Carvajal, exjefe de la Dirección de Contrainteligencia Militar y uno de los hombres más cercanos a Hugo Chávez, declaró ante autoridades estadounidenses que el sistema de votación electrónica fue manipulado deliberadamente con la participación de operadores cubanos y hasta de las desaparecidas FARC. Según Carvajal, existió una “ingeniería electoral” planificada para garantizar la permanencia indefinida del poder chavista.

Por su parte, el general Clíver Alcalá Cordones, condenado en EE.UU. por narcotráfico, detalló en sus declaraciones los mecanismos paralelos de manipulación supervisados por los hermanos Jorge y Delcy Rodríguez:

  • Traslado forzado de votantes a centros controlados por colectivos y milicias
  • Intimidación armada en zonas opositoras
  • Alteración manual de actas
  • Carga forzada de votos en el sistema electrónico
  • Control absoluto del software y de la transmisión de datos

Ambos exgenerales coinciden en que Jorge Rodríguez, actual presidente de la Asamblea Nacional chavista y durante años rector del Consejo Nacional Electoral, centralizó y perfeccionó el sistema hasta convertirlo en un instrumento “matemáticamente” infalible para el régimen.Nicolás Maduro nunca permitió una auditoría completa e independiente del código fuente de las máquinas Smartmatic (hoy sustituidas por tecnología china y local), ni aceptó supervisión internacional creíble. En varias alocuciones públicas llegó a admitir que el sistema podía “fallar”, pero siempre, según sus palabras, “a favor de la revolución”.El modelo venezolano combina cuatro pilares:

  1. Manipulación digital del voto electrónico
  2. Coerción física y psicológica sobre el elector
  3. Control militar del territorio el día de la votación
  4. Narrativa mediática y operaciones híbridas para desacreditar denuncias

Este esquema, conocido como “fraude del Socialismo del Siglo XXI”, ha sido exportado con variaciones a otros países de la región, según documentos desclasificados y testimonios de exfuncionarios.

Cuatro años después, las confesiones de Carvajal y Alcalá cierran el círculo: ya no queda duda de que hubo fraude sistemático. La pregunta que queda abierta es por qué la comunidad internacional tardó tanto en reconocerlo y actuar en consecuencia.

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