Vía El Impulso
Transcurrido un mes exacto del devastador doble sismo del 24 de junio una catástrofe que dejó un saldo de 5.398 fallecidos, 190 edificios colapsados, 16.740 heridos y más de 20.000 damnificados, sin una cifra oficial de desaparecidos, las labores de inspección se concentran firmemente en evaluar el daño estructural de las edificaciones que siguen en pie.
Inspección de fachadas y sistema de semáforo
Para determinar el nivel de riesgo de los inmuebles, la Comisión Presidencial para la Evaluación de la Habitabilidad de Vivienda e Infraestructura desplegó un plan especial de revisión.
Durante su intervención en el programa La Frecuencia de Hoy, el ingeniero civil Sergio Silva Salazar detalló que los inspectores analizan minuciosamente las fachadas para certificar la estabilidad de cada torre.
Dicho proceso culmina cuando los expertos otorgan una calificación mediante un sistema de semáforo, enfocándose estrictamente en los componentes que garantizan la firmeza del inmueble.
El «esqueleto» y la estabilidad de las estructuras
El especialista advirtió que, si bien las paredes y la mampostería aportan cierta rigidez inicial, la fuerza sísmica genera agrietamientos que les hacen perder esa capacidad de soporte.
Por este motivo, el dictamen final de habitabilidad recae directamente sobre el «esqueleto» de la construcción, es decir, en la resistencia de sus columnas y vigas. Los equipos técnicos rastrean de cerca los nodos de unión y evalúan además el peligro potencial que representan los muros dañados ante un eventual desprendimiento.
Guía técnica para la reconstrucción
Silva Salazar concluyó que estas revisiones exhaustivas en los edificios resultan indispensables, ya que servirán como la guía fundamental para que los arquitectos e ingenieros a cargo de la reconstrucción sepan exactamente qué priorizar en cada estructura dañada.


