Seis cristianos fueron asesinados en la aldea de Mangoko, en la región de Beni (República Democrática del Congo), tras un ataque a sangre fría reivindicado por el Estado Islámico. Los terroristas difundieron un comunicado en el que afirman: «Con el éxito de Alá, los soldados del Califato atacaron a los cristianos kafir con ametralladoras, matando a seis de ellos y quemando dos motocicletas, y todas las alabanzas se deben a Alá».
La región de Beni, en el noreste congoleño, se ha convertido en uno de los principales escenarios del genocidio que el Daesh lleva a cabo contra las comunidades cristianas en África. La organización yihadista declaró hace años la «islamización forzosa del continente«, que califica como una verdadera guerra de religión, y ejecuta esta amenaza con asesinatos sistemáticos de fieles, quema de templos y desplazamiento de poblaciones enteras.
Las víctimas de Mangoko se suman a una larga lista de mártires ignorados por la comunidad internacional. En el Congo, como en Nigeria, Camerún, Níger o Mozambique, las aldeas cristianas viven bajo el terror permanente de los grupos islamistas vinculados a Al Qaeda y al Estado Islámico.
Lejos de ser un episodio aislado, la masacre confirma la estrategia genocida del yihadismo en África, que avanza con la indiferencia de los organismos internacionales y la complicidad de gobiernos débiles e incapaces de garantizar la seguridad de sus poblaciones.


